Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




sábado, 10 de septiembre de 2011

Reflexión Aérea


Volaré como un avión de papel, como un ave con las alas extendidas, acariciando el aire con los ojos, soñando con un horizonte sin sol y sin colores para, evitar sentirme atraído y sosegado, conmovido o suscitado… escarbaré en el vacío de los nortes para consolidar un carácter puro y rechinante, libre de irritaciones o malestares. Buscaré inocencia para descarnar mis miedos y construir un nido en lo alto de mi ego exaltado, aplicaré mi canto a la magia de una rama irascible y, combinaré mi cuerpo con el frío del silencio, degustando el sueño de una vigilia sin recuerdos.


Yo, como un ave rapaz, en cualquier momento voltearía y destrozaría toda animación que a mi lado existiera, anómico y galante, así zamparía mi locura con la timidez de una crueldad incesante, voraz y contagiosa. Locura que ataca sin remedios y desgarra indiferente, que aborrece y mutila cualquier reacción semejante a la dicha… Todas mis respuestas somáticas oscilan en burdas representaciones mezquinas, en imágenes sin fondo o relieve, sin dimensión, ignorantes de estilo o realidad. Encuentro que el negro de mi lomo, encaja con la fina oscuridad de mi cizañosa mirada, y que el rojo de mi sangre, es cada vez más intenso y melancólico, es cada vez más árido y corrupto, variante, bífido, negligente, amargo y delicioso.


Me trago cada fascinación que me envuelve, me atraganto con la tierna intención de una mano amiga, picoteo y desatino, sin agradecer, sin por lo menos fingir emoción. Estridente es este pusilánime aleteo, que hostigosamente calma y lubrica mi egoísmo, que aplaca mi humanidad y atenúa el frío de una risa irrisoria. La indecisión es, ahora, característica inherente a mi individualidad, la nostalgia y el desconcierto son componentes de una modestia que empaña y ahoga. Ahora concibo una dirección para escapar… Para olvidar y despedirme de aquello que ni siquiera ha ocurrido.


A veces no entiendo cómo sobrevuelo, cómo me desprendo del suelo, cómo aterrizo sin sentir vergüenza o ansiedad. Desconozco mi entidad, no hay armonía entre mi apariencia y mi sombra, no logro contener mi brutal astucia, mi egocéntrica, pálida y estúpida ingenuidad. Verdades engolo a diario, pero es obvio que la única certeza que habita entre mis lenguas es mi soledad, que aunque vaga e incesante, es torpe y deprimente. Me sonrojo aún sin notarlo, y descubro que extraño, recuerdo, vigilo, compadezco y lloro. Temo hacer daño, temo hacer…

viernes, 2 de septiembre de 2011

ALTER EGO


No sé porqué cometo tantas barrabasadas, porqué simulo recoger esquirlas de una ventana que recuadra mis objetivos y pretendo con esto, agasajarme y verter mi odio en la precocidad de un intelecto arcano. Aborrezco reconocer que no estoy durmiendo, me desangra saber que la ingenuidad de mi astucia es tan civilmente vulnerable, tan melancólica y asfixiante que cualquier ojiva espectral podría doblegarla a un estado de reposo e indiferencia. Todo mi vulgar escrutinio, se reduce al leve suspiro de una bestia en descanso de su caza. La inédita mirada que rebuzna en la grasosa ironía de mi paladar, es tan empalagosa como esos disquitos de amor que escucho en las calles.


La penumbra de mi suéter, desentona con la rígida e iracunda toxicidad de mi sombra, todo lo que compone mi ego, se va en las miradas de un “otro” que danza en acuarelas de pegajosa miseria. Que nadie vea la única guarida que se esconde en la luz de mi sonrisa, en la estampida de mis palabras que golpean y retumban por entre mis oídos, que viajan hasta las apariencias de mi frente, que discuten con los secretos de mis amores desconocidos. Que nadie vea a los fantasmas que me rodean, que me caen sobre el cabello en miles de colores, que cambian mis pasos al caminar.


Cómo hago para que aquellos que me clavan agujas en el pecho, no vean el dolor que se despierta en mí, cuando recuerdo que sólo tengo siete días para beber el agua que encuentro en el refrigerador, antes de volver a empezar en la carrera sin horizonte en la cual me encuentro inscrito. Quién verá la trágica biología de un hijo abstracto, que bajo la capa de un filósofo adormecido, vigila a las damas y caballeros que pasan sobre un corazón que desenfundado a diario, recoge sed y tiranía.


Cómo domar a la soledad, que sigilosa y temerosa, se mete por entre mis defectuosas cualidades, soledad que visita a diario mis hostal, mi mesa y mi deshonroso orgullo, frívolo e insensible. Soledad que va un paso adelante, que me arrastra como caballo hacia un abismo, amiga incondicional que atraviesa mis barreras y se acomoda en mi vientre como la más trágica de las emociones, totalmente diferente a esas maripositas que los otros mortales sienten caprichosamente, y más parecida a esas castas ataduras que se unen al lomo de nuestros contrarios, similar al blanco de unos ojos perdidos en la nada, y cómo no decirlo, semejante a la desesperación de una herida sin sutura.


Empiezo a robar sospechas, a retroceder, a fingir y sollozar. Empiezo a idear métodos y estrategias para abordar a ese fantasma que me seduce en las noches de lluvia, en aquellas noches de espanto, donde mi oscura mirada, atraviesa las paredes y dispara un juego de roles indecentes. Acá, donde la razón es una estúpida reseña de ego y alter ego.

viernes, 5 de agosto de 2011

Entonces, ahí va trans...

¿Qué y a quién miran? ¿Por qué?, ¿a caso es a mí a quién observan con esos ojos de fiscal? No, definitivamente miran a mi acompañante, somos más de 5 personas y los ojos de nuestros vecinos sólo miran a la chica trans, todos quedan perplejos al transitar cerca de alguien que como ellos, simplemente disfruta de la tarde…


No hay espejos en su espalda, pero aún así no dejan de fisgonear por entre los vacíos de su escote, aquellos que buscan en ella, una razón para juzgarla. Pero, qué podemos decir de estos personajes que sólo pasan fingiendo ser la voz de una comarca como ésta, diversa e indescriptible. Los tacones resuenan por entre el bullicio, y el contoneo exagerado de la chica trans, vacilan sin regodeo con todo aquél que induce morbo y coqueteo, pasiones de ardiente crueldad, emociones sin justificación u objetivo, todos miran a quien hace lo que pocos se atreven, a quien armoniza sus pasos y horizontes.


Ahora pienso, qué habrá sentido esa chica al ser el blanco de la mirada de un sinfín de inconformes… qué habrá estado maquinando mientras su piel y su cabello fueron presa de la burla y la tiranía dogmática de una camada de insolentes… quizá recordó la letra de aquella canción que proclama una frase concisa y apreciable “a quién el importa lo que yo haga, a quién le importa…”


Sentir que su cabello en regocijo anhelaba lluvia y suavidad, le enmarcaba, creo yo, en su rostro una aurora de brillante sensatez, una sombra de colores que cruzaba por su pecho rotando y maquillando la vaga ignorancia de sus vecinos. Y aún en medio de la desolación a la que es arrojada a diario por la tonta rigidez de nuestros conceptos, ella sumerge su frente en la más amplia de las dichas, cuando debilita su prostitución y, recuerda que es querida y admirada por algunos, por esos pocos que hoy y desde hace mucho tiempo la saludan cordialmente y, le adornan con abrazos cálidos e irreductibles.


No hay cadenas morales que sometan su ego y su sobriedad, no posee ataduras epistemológicas que la reduzcan a parecer un estereotipo, no comparte perversión, pues, la vida que hasta ahora ha llevado, le ha demostrado los matices de una realidad tan burda y clandestina, que no puede siquiera intentar abofetear su honra. La prostitución es un sello que acaricia sus pómulos y demacra su espíritu, pero argumenta diciendo, que ahora después de más de cuatro décadas de vida, qué opciones puede tener…¿?¿?¿?


En su mirada no hay delitos, sólo sentencias de olvido y pesar, entre la virtuosa libertad de su cordura, las palabras a veces la golpean con una magia pertinente, realzan su existencia y acuden a su duelo con mensajes de apoyo y tolerancia.


Todo queda suscrito a una piel pintada a diario, adscrito a un cuerpo que se esconde bajo la estética de un vestido que arrastra ironía y sarcasmo, que expide razón y moraleja. Las señales que puedo leer en su rostro, me remiten a hechos que no puedo relatar, a escenas de asombro, plenitud y arrepentimiento… arrepentimiento que hoy combate contra sus iras, que hoy lucha sin objetivo claro y, que sirve como instrumento de recuerdo para no olvidar lo real de su experiencia.


Desde que fue abandonada por la historia, sé que lo único que hace es divagar por una ciudad de polvo e hipocresía, excluirse y entrañarse en los clubes nocturnos que colindan con esas calles de hambre y frustración, así muerde su presente y discute con su odio para relajarse y vivir minuto a minuto al compás de un cigarrillo la vida de una chica transexual, con nombre y aliento de mujer.

sábado, 28 de mayo de 2011

Con afán y sin errores


Lo que pasó, pasó… quién dijo semejante atrocidad, quién fue tan insolente de retar a la justicia con esa irreverencia lingüística. No, de ninguna manera podemos reducir los hechos pasados a simplemente eso. En el aprendizaje, todo lo que se vive, es una constelación de anécdotas histéricas que nosotros amoldamos a nuestra entera necesidad.


Me doy cuenta que, la magna tranquilidad que respiro al ponerme debajo de un chorro de agua, se puede comparar sólo con la tímida situación que vivimos cuando nuestra madre nos abraza. La concordia es tan espeluznantemente agraciada, que mi risa y mi sonrisa, se hunden en carcajada y curiosidad para enaltecer la bondad de mis ojos, al ser honestos en mostrarme aquello que se presenta ante ellos. Lo travieso de mi nombre se cuela a través de las pocas historias que cuelgan de las cortinas de esta habitación, sí, la toalla se apodera de mis gotas de agua, y como si esto fuera un estelar, mis manos protagonizan un acto de movimientos eróticos y coquetos, un juego que no respeta intimidad y, baja hasta lo más recóndito de estas pieles, tanto, que reduce cualquier humedad y descargan su seriedad sobre un espejo añadido y empañado.


El baño es un espacio donde representamos ideas absurdas y algunas más que absurdas –jajaja- en la claridad de un lavamanos encontramos la profundidad de un aliado, descubrimos la seriedad de una pintura y, acariciamos la rudeza de un despecho, que si bien, engordece con el tiempo, se va consumiendo en salud y dignidad. La tiranía de un cuerpo como el mío, está restringido a los mandatos de su mente, de una entidad tan maltratada por el comercio que, simula intención, cuando en realidad, esta cualidad la ha perdido con el paso de los años y, con la absorción de afirmaciones tan ingratas como su sacrílego emisor.


El tiempo ha trascurrido y nos trae a esto, a un lugar con reducida extensión, y nos aparta hacia una mentalidad tan elocuentemente perversa, que sólo es capaz de construir ideas colectivas y vivir bajo el ordenamiento de unos pocos que se dan el lujo de elegir por nosotros, pues inconscientemente, somos bastones en un juego de azar, somos como una herramienta usada en la actividad equivocada, somos ese algo que sirve por ocasiones, somos… al fin al cabo somos algo.


La expresiva mirada que se queda perpleja ante el espejo, es una pista de reflexión, es un antojo filosófico que se desarrolla para invadir en la mente de este ridículo, siendo así, una ligera demostración de innatismo cognoscitivo, que entre otras cosas, es áspero y redundante.


Todo lo que se puede generar entre los diez minutos que dura mi ducha, todo lo que podemos maquinar mientras el jabón nos convierte en individuos pálidos y rechinantes, toda la meditación que se construye en torno a unos pies descubiertos y mojados… tanta genialidad en un baño es tan misteriosa y sencilla, tan rozagantemente atractiva e impredecible, uffffffffff es estupenda y recatada, es verdaderamente un elogio al ser y al existir, la genialidad que percibimos en un baño es tan irreductible y compleja, que sólo quienes posean serenidad, podrán respirarla y contemplarla.

martes, 24 de mayo de 2011

Hora pico, hora crítica



Cuando miramos a través de la ventana del autobús, ¿qué vemos?, ¿vemos a caso la sonrisa de otros plagando las paredes de una ciudad limpia y despejada de cualquier tragedia? No, de ninguna manera, eso ni en las novelas. Al transitar por las vías más populares de esta ciudad, veo a un par de niños, un par de almas que juegan sobre un andén sucio, sobre un estrecho caminar que si bien, está despejado de otros transeúntes, está contaminado con la indiferencia y el olvido de aquellos que sólo miramos para criticar o exteriorizar lástima momentánea.


Es casi media tarde, casi las 4:00pm, y entonces, como un montón de carne sin refrigeración, empezamos a sudar, transpiramos y mojamos el ajuar que nos cuelga de estos huesos, y así, entiendo que todos funcionamos de manera semejante, ninguno de nosotros puede escapar de las manifestaciones naturales de su cuerpo, nadie puede evadir lo inevitable, pero podemos hacer la diferencia en cómo amortiguar ese fenómeno… fenómeno que al encontrarnos, nos abraza y nos seduce con la más tórrida y drástica de las religiones.



En el bolsillo derecho del pantalón, suenan algunas monedas, mi pasaje, cinco monedas plateadas que simbolizan un transporte y un viaje, cinco láminas que reducen la distancia entre mi origen y mi destino. A través de la ventana, se pueden observar todas las construcciones de sujeto que pueda imaginarme, pues, en una galería, la intersubjetividad de las miradas, hace que un simple paisaje rutinario, se convierta en la más extravagante y apreciable de las obras. Un arte de desteñidas secuencias hace que mi mente viaje por entre cada pasaje de esta calle, mi ego salta sobre las iracundas necedades de mis vecinos, todos tan enfáticos en un caminar de rítmicas posturas, un desvanecer de sombras e insumos que para colmo del todos, es lo más bello de sus indiscutibles defectos.


Atrás quedaron ese par de niños, allá se quedaron la lástima y la indiferencia, pero ahora, en esta calle, el bus se satura con mercados y sujetos llenos de fluidos glandulares. Una mujer con un gran trasero se sienta junto a mí, en sus manos sostiene un mecato, y en su rostro, se hace evidente la dicha y la romántica gratitud que siente al saborear un chontaduro. Ahora, la atmósfera de este vehículo, está sostenida en olores un tanto desagradables: cebolla, papa, barro, sudor… pero, las diferencias que se enmarcan en cada puesto, se regulan con el placer de poseer eso, un puesto, un estado, una ubicación de poder, una relación de intereses en referencia a eso que los une, que nos une… Un viaje, unos cuantos minutos sentados sin afirmar o refutar, un periodo de ahogo y reflexión o, una riña entre afanes y serenidad.


Las voces que en el bus resuenan, se ven acompañadas por el saludo de un “pimo”, un amigo del conductor, un hombre que aparenta ser humilde y sencillo, más que sencillo… el chofer lo saluda y le pregunta -¿cómo vas vé?- a lo cual, el sujeto responde, -todo bien, todo bien, gracias a Dios-. “Todo bien”… “gracias a Dios”, algo curioso, para él todo está bien, aún cuando se ve con hambre, aún cuando sus prendas demuestran haber estado expuestas al sol y al agua, es irremediablemente apreciable, da orgullo escuchar algo así, aún con sus limitaciones, para él, todo está bien.


Mi mirada se congela y, recuerdo lo bien que estoy, recuerdo lo afortunado que soy por despertarme en compañía de quien lo hice, afortunado y bendecido, sí así me siento ahora, aprieto mis manos y solamente digo –Gracias a Dios…- Gracias.

viernes, 20 de mayo de 2011

Así y con acento


Al despertar, oh… ¡al despertar! Al amanecer entre las iracundas tempestades de una sábana sin manchas ni olores, mi alma se emociona al saber que tus sueños entraron a los míos, me dibujaron un horizonte de hermosos colores y, me acariciaron en lo más simple de mi ser, en lo más escondido de este cuerpo que ahora es tuyo.


La bondad de tus palabras, de aquellas que aún transitan por mis mejillas, destilando la cruda irreverencia de mis ojos que, al verse hinchados y enrojecidos tras una noche de desvelo y reflexión, brillan con la magna insurgencia de tu voz en lo profundo de mi mente. Esta tierna realidad a la cual me someto, me inspira para encontrar en el trasfondo de un “te amo” la inverosímil sospecha de un abrazo y un beso que, atrapados entre el siempre y el ahora, son capaces, sólo, de afirmar que mi “allá” es el tuyo y, que tu gloria es mi dicha y mi razón.


Una luz me avisa que la noche se ha terminado, y por tanto, cada poro de mi cuerpo busca revivir la grata soberanía de tu piel junto a la mía, pero, hay algo que va más allá, más valioso que una caricia o un halago… y ese algo, es la sinceridad y la seriedad de tu discurso. Antes, en situaciones pasadas, me vi plagado de ideas absurdas, de oídos fetiches y, de una vista parcialmente desteñida, pero ahora… ¡Ahora! La serenidad de tu divina humildad, me sujeta y me libera hacia este presente, que entre miradas críticas e ignorantes es un “prohibido” y un “desatino” moral; aún así, eres la más fantástica y hermosa construcción entre esta triste creación.


Después de un estiramiento erótico, sonrío al saber que conoces ese “algo” que camina entre mis ideas, me abrazo con decoro al reconocer que tu recuerdo me susurra al oído y me relata la magnificencia de nuestra intensa comprensión. Ahora, justo ahora, cuando la excitación de mis labios está en un clímax de ardiente florecer, la empatía de mis juicios, hace que te bendiga y te extrañe como lo he hecho y como lo haré a través de este tiempo que pasa advertido de nuestra envidiada felicidad.

jueves, 5 de mayo de 2011

Gárgola de aceite


He sido concebido como el abominable chico de los lentes. Un hombre de escasos veinte años, que en las múltiples historias que construye a diario, arroja palabras feroces y juicios atroces sobre uno u otro tema; un chico que a pesar de su intrépida experiencia, no se había percatado de las grandiosas y reconocidas letras que acompañan a dos autores, Edgar Alan Poe y, Andrés Caicedo, autores que vivieron en contextos distintos, pero que comparten una pisca del estilo que actualmente invade los textos de Ace.


Así es, me la he pasado fingiendo inocencia y, fisgoneando grotescamente la burda y crítica mirada de un cielo que me llama ”imbécil” cada vez que puede, cada vez que se caga en mis planes y afloja su garganta para soltar esa lluvia que irrumpe en mis acciones. También he disimulado la piedra y la rara excitación de mi cuerpo, cada vez que la polución que vomitan los carros, me da nalgadas y me arruga la nariz. En dicho conflicto manifiesto, es decir, en mi absurda y tosca rebeldía social, me arrecho cuando el olor de mis zapatos inunda mis pantalones y hace que mis mejillas sean rojas y coquetas, me inserto en un debate sin horizonte cada vez que no encuentro términos acordes a lo que mi vil lengua quiere expresar.


Me duele la cabeza cuando la masa de mi estómago se vuelve jugo entre mis intestinos y baja hasta convertirse en esa solución que pocos reconocemos, en esa agüita que nos perturba y son sonroja la colita. A veces me miro al espejo y pienso: a qué rayos hemos venido. A comer y, echar cemento y basura sobre los bosques; a comer, rajar y vivir del prójimo; a comer, dormir y expulsar gases; a morder, reír y despresar; a comer, reproducirnos y excretar… No, no puedo reducir nuestra existencia a hechos tan poco refinados, quizá, hemos venido a lucir cuerpos esculturales y prendas de marca distinguida, o mejor aún, estamos acá para demostrar que nuestro desarrollo cortical nos posibilita pa’ ampliar o reducir los paisajes, que bellos o no, son antojos de unos pocos, que para la dicha del resto, que somos muchos, se forman como “un algo” imprescindible e indiscutible.


Pero, ya basta de quejas y reclamos, quizá Dios debió dejar un buzón de sugerencias y, darle espacio a las otras criaturas de su creación para que opinaran sobre el manejo que le da el ser humano a estas tierras... Creo que me he retirado un poco de mi conflictos internos, así que regresaré a ellos.


En las noches que hace frío, me he visto obligado a ducharme, a mojarme un poco para limpiar los residuos de un día agotador, los desechos ambientales que se han posado sobre esta piel, y además, me baño con el fin de retirar y hacerle contra a .esos olores que me encarnan después un trote como el de los viernes. Jabón y agua, son la mezcla perfecta pa’ quedar limpio y rozagante, aunque, nuevamente nacen aquellos pensamientos reflexivos y certeros: ¿cuánta agua necesito utilizar pa’ desangrar a mi madre tierra? O cuántos cuerpos deben rozar el mío, para descubrir que la carne gobierna estas cavernas y, que la esencia de un sujeto vale lo mismo que vale un grano de arena en el desierto.


Saben, no sé con qué palabras escribir aquello que merodea mis ideas. Y terminaré mi diálogo diciendo que justo ahora, escucho una canción que habla de soledad, de un silencio en mi interior, de una separación imposible, de algo entre los dos… y así, el movimiento de mis dedos se hace recatado y atrevido, retoma una historia y la hace texto, retoma una melodía y la convierte en matices de intenso significado. No creí volver a escuchar tocatta para anunciar el comienzo de una obra, mi obra… Mi dramática y roja verdad. Con un rasgo de audacia y picardía declaro mi sentimiento de ahogo y de consuelo, al observar la belleza de un ser tan cálido y sutil como, aquella que me ha conocido en cuerpo y alma.

miércoles, 27 de abril de 2011

Lo cierto en el acero


¿La verdad que desplegamos al caminar por un andén es en realidad nuestra más sincera conjetura?, es decir, ¿lo que creemos tener y lo que creemos mostrar hace parte de la física de nuestro mundo? o ¿simplemente es una imagen virtual que inverna al interior de nuestra trágica individualidad?


En la terquedad de mis andanzas, he visto tantas manifestaciones de amor, de hermandad, de gloria, de egoísmo, de todo… pero, entre la intransigencia de un entorno vacío, también he visto tus ojos, tus pestañas, que al verme, se desnudan una a una, mostrándome la sinceridad de tu palabra, la ligereza de tu ser y, el más bello paisaje de cubierto por negras y finas siluetas.


No hay regla que impere sobre mi gusto y mi redención, no hay caudal más fuerte que mi llanto al recordarte, no hay horizonte más hermoso que el rojo de tus labios, y no existe lugar más sagrado que el bronce de tu espalda. No logro conjurar tu nombre, porque, la rebeldía de un sol indecente, me obliga a pensarte y vivir con tu nombre, para qué nombrarte si de hecho, estás en mi piel, mi ahora y mi después.


Cómo alcanzarte, si en la simpleza de mis cantos me encuentro con la más odiosa verdad… soy yo quien va adelante, pero, por mi antigua y cruda vergüenza, dejé que mi orgullo gobernara sobre mis manos, pero ahora, te suplico me abofetees y me liberes. Desátame y castígame con el más hermoso de tus besos, castígame al enseñarme que te necesito, y enséñame que más que un castigo, tu beso, es el más bello de los premios.

miércoles, 20 de abril de 2011

Rosa-sacro-demonium (2ª parte)


Efraín, Al ver el cabello de la joven recostado sobre algunas piedrecillas, se aturdió cómo si un montón de cámaras aplicaran el flash hacia sus ojos, cómo si sus cejas fueran atacadas por un arsenal de luces inarmónicas, rápidamente sus manos treparon por su pecho hasta llegar al centro de esta discordia, tapando sus ojos y evitando que las luces inexistentes abatieran su vista. El viento arremetía contra su inflexible mirada, y la bulla de un sinfín de mudos calmaba el lánguido intelecto de su furia. La parquedad de su lengua se vio vulnerada por la toxicidad de sus palabras, y el blanco de sus dientes se convirtió en rojo cuando la lengua fue apretada por éstos. El azul de sus pantalones desteñidos se alistaba para recibir las gotas de sudor que iniciaron recorrido en la nuca de Efraín, pues, aún en su psicosis, el nerviosismo y la desesperación emocional hacían en Efraín que su cuerpo respondiera con la segregación de miel salda.


Gritos sin voz fueron expedidos desde la reducida jerga que lo caracteriza, entonces, su entorno fue concebido como una manta de oscuridad y tragedia. ¿La muerte de esta señorita tendrá a caso algún significado específico? ¿Se alojará en la memoria de este hombre, y lo acompañará en cada mañana? eso es algo que nunca será definido, así como nunca se ha definido la identidad y la personalidad de quien responde al nombre de Efraín.


Efraín ve que el cadáver está allí postrado con las manos extendidas y con los dedos medio doblados, con una mirada sin enfoque, con un maquillaje de sangre que le realza el azul de sus ojos, con una serenidad tan excitante y envidiable… A esta criatura no se le ven las alas, pero aún así parece un ángel, y Efraín en medio de su dudosa cordura, se lamenta por haber sido quien le arrebató la vida, una vida que a grandes rasgos fue extinguida, pero que en la intimidad de su penumbra, aún se conserva para dar virtud y realidad al círculo en el que posa la mente antes de redimirse a las fábulas de antaño.


Bajo la fría y vieja suela de unos zapatos de cuero, la mierda de un perro desprende un olor nauseabundo. Al ser aplastado por los pasos de Efraín, el excremento de un can, es ahora, la huella mnémica que retumbará entre las cavernosas fosas de una nariz quisquillosa, así es… Efraín posee un olfato muy sensible además de refinado, por lo tanto, tal olor a mierda, es lo suficientemente poderoso para crear en este hombre, un malestar generalizado e indescriptible.


La burla que su vientre le hace a tal olor, es verdaderamente incomprensible, Efraín tose y tose, e inicia un extendido coctel de insultos sin dirección, se arrecha como sólo él sabe hacerlo. Se cabréa por tener que percibir tan repugnante insolencia. Y termina el escándalo diciendo -perro de mierda ¡cágate en el vientre de tu madre!-


De una mochila que se encuentra al interior del vehículo, Efraín saca un hacha, y en cuestión de segundos, sin tener opción de meditarlo, toma de los cabellos al cadáver, lo arrastra unos cuantos centímetros, y se decide a retirarle la cabeza, degolla a la señorita que ahora es la víctima… víctima de qué o de quién, aún es incierto, sólo hay certeza de su status, de su papel, de su tierna obediencia.


La cabeza es desprendida con gran rudeza, y la sangre, al parecer, circunda a través de la horrorosa fisura. Un acto extremadamente abominable, la carretera ahora encuentra entre sus rutas, el paradero de un cadáver sin cabeza, y la ilusión de un jinete sin caballo, que ha perdido noción y reconociendo, identidad y belleza.

Rosa-sacro-demonium (1ª parte)


Veo esta carretera cada vez más estrecha, pero, no creo que hayan sido los tragos que me tomé en el bar… No, de ninguna manera, esta maldita trocha es cada vez más angosta, algún idiota debió ser quién la diseñó, o algún campesino necesitado. No puedo visualizar bien el camino, me duele el estómago y aún me salen gases a causa de esas odiosas cervezas que bebí…


Estoy aburrido de usar estos ridículos lentes, quizá, sin ellos, todo sería más fácil, me repugna tener que estar limitado, y absurdamente vinculado a unas gafas para poder ver qué mierda se para en frente…


* * *


Efraín vagaba sin rumbo a través de un camino destapado, sumergido en su borrachera, hundido en su insólita psicosis y, adscrito a un tufo que le daba maluquera y lo mareaba sobre un sillón viejo y desgarrado. La rezagante borrachera que a él lo poseyó, fue creciendo y, al fundirse con la intrépida psicosis, forjaron una rara pero fuerte relación. La mente de Efraín sucumbió ante la inesperada redención de un viejo sarcasmo, una hipocresía de antaño que se reformaba entre sus cavidades cerebrales.


Sus manos empezaron a sudar, a volverse inquietas, a tararear melodías irónicas, a revolcarse sobre el timón, y a desnudarse con una breve rasquiña. Sus ojos bailaban y reían, su corazón se estrujó mientras sus pies gozaban de autonomía y disparidad. Como si un millón de heridas se crearan en su rostro, empieza a quejarse y a llorar, a retorcerse y a reprimirse, a insultarse y consolarse. Efraín se viste de norma, y busca ser la excepción a ésta, busca ofender a su “super yo”, busca atacar su virginidad ética y, compadece ante sus sueños para descubrir que es capaz de lo impensable.


Efraín, desata su insolencia y oprime el acelerador a todo lo que dé, afina su enloquecida seriedad y vacila sobre qué o cómo conducir, marcha con soberanía sobre un camino viejo y remendado. Atina su vista sobre la silueta de una mujer que está a pocos metros de distancia, amarra sus manos al timón y como bestia sin remaches, jacta su enfurecida alegría arrasando con aquella figura que transita sobre las piedras, atropella sin compasión a la inocencia de una mente descalza. Efraín arroya a una mujer, y lo hace sin entender cómo o por qué ha sucedido este impase. Golpea con su carro a la vulnerable y delicada imagen de una desconocida, atenta contra la ambigüedad de un cuerpo sin tracción, y así, postula su ignorancia como el motor de su mentalidad lunática.


Efraín se detiene, baja del auto, y con una mirada sacra, impone su tiranía sobre la infinita soledad de la noche, la oscuridad y la luz de las farolas es la mezcla perfecta para esta escena desconcertante, es la unión perfecta para revelar el flujo de entidades que a Efraín componen, sus personajes y sus múltiples mundos.


Él, arroja un escupitajo hacia la nada, y extiende sus brazos en señal de victoria, pero inmediatamente después, los contrae como si el frío de la muerte aún estuviese a su lado, como si lo bañaran con agua del océano ártico, como si la helada que acabó con los cultivos de maíz en el 87 lo abrazara y lo reprimiera. De repente, la pupila de sus ojos se dilató, entonces, dio espacio para que sus ojos fuesen capaz de revisar y escanear la zona, avisando de la existencia o usencia de alguna compañía inoportuna, pero todo está en calma, nadie lo acompaña, sólo su otro yo, su otro Efraín.

lunes, 18 de abril de 2011

Una razón, sólo una...


Si tuviera dos, o sólo una completa, si poseyera media, o tan solo una pequeña muestra, una fracción, sólo necesito un poco… quisiera encontrarla, desearía abrazarme a ella y, aferrarme con las fuerzas que ya no tengo, la adoraría y me revestiría de valentía para aceptar las incongruencias que a ella estén adscritas.


Cómo decir que la necesito, cuando en la realidad de mi agnosia, ella es quién decidirá mi futuro, si aparece, entonces seguiré caminando con un poco más de sangre en este corazón, si permanece escondida y no logro hallarla, se eliminará mi “a largo plazo”, ya no habrá más qué hacer o decir. Pues, las palabras y las acciones serán dos elementos que sobre mí otros crearán, pero que dentro de mí ya no bailarán.


La irreverencia de mis extremidades está cansada de buscar infructuosamente, de creer lograrlo y después descubrir que no es así, de creer intentarlo sólo una última vez, cuando se sabe que se necesita más de un intento. No, aún me es esquiva… aún no encuentro razón, razón de vivir mi vida.

jueves, 7 de abril de 2011

El tiempo hizo de las suyas


Las cosas se acaban… todo llega y todo pasa, ¿debe ser éste el ciclo de las cosas? La miel en algún momento se agota, y qué hay que hacer entonces, pues, cambiar de dieta o, dejar que nuestras necesidades se abusen entre ellas y encuentren placer en la ingesta de un aire sin olvido.


Ahora en la distancia, la noción de amor fallece y se descompone, todo se ha convertido en parte de un montón de disculpas, que para el atardecer, servirán de consuelo en quienes hayan perdido sus ojos y oídos. Y más allá de lo que mi sentir es capaz de soportar, en aquella enmendadura de horror y sacrificio, está la libertad a la que nadie quiere estar suscrito. Más allá del llanto y la miseria, mi sonrisa se reparte en frondosas ramificaciones de altruismo, donde la timidez de la noche se desgarra entre la picardía de un sinfín de movimientos oculares.


La rotación de este mundo incongruente se mezcla con la rareza de tu ausencia, y ahora, tu fascinación y tu cobarde cortesía son el residuo de lo que ayer fue valentía y comprensión. La iracunda relatividad de nuestro apego, se ha ensañado en decidir por nosotros, para que en medio de un bosque de verdes amistades, mi voluntad y mi juicio encuentren razón a tu lucida experiencia.


He descubierto que el tiempo es competente al cumplir su labor, sí, sí lo es… Sin saber si el decir adiós es un atrevimiento apresurado, causado por la euforia y la melancolía, me arriesgo a decirlo, a despedirme para quizá en una mañana próxima, verte transitar como una más, como otra que se desplaza a través de estas tierras, me arriesgo a divertir tu burla con la sarcástica rebeldía de un héroe invisible y, con la prematura madurez de unos pasos vagos e incosntantes.


Nadie estará exento de recibir bofetadas de un cualquiera, todos nos veremos plagados de impotencia y frustración, cuando la pareja de nuestra almohada se vincule a otros rumbos y, se aleje en búsqueda de un campo más próspero y egoísta. Cuando la causa de nuestras más íntimas emociones, pierda motivación y deje a un lado el compromiso que nunca se dialogó, cuando se rompa el acuerdo que nunca hicimos y cuando se descubra que nunca estuvimos atados en exclusividad, porque simplemente fuimos compañeros de un “algo” para llegar a la nada.


Daría lo que fuera por vivir un segundo a tu lado, pero el perfume de mis besos ya no tiene efecto sobre ti. No siento dolor, sólo un vacío que aumenta con el paso de las noches, un vacío que me aborda en cada sueño y desprende de mi mente aquellos recuerdos que en ésta retumban desde el día en que te vi.

lunes, 4 de abril de 2011

Una sonrisa… ¿cómo la voy a pagar?



Rodeado de múltiples ironías y fallecimientos, así se ha construido mi voluntad… bajo un ardiente desdén de engaños y sofismos, bajo la candente realidad de un grupo de seres activamente interesados y solapados. Entre los límites de mi propia tempestad, las ranuras de mi hostal se fueron cerrando para que aquéllos que ayer fueron mis amigos, hoy sean las ratas que intentan penetrarlo y abastecerse con mi reducida pero cálida humildad.


La magia de un sinfín de conversaciones ha quedado en cenizas, ha descubierto su lado hostil y vanguardista… mis amigos, le han dado descanso a su hegemonía literal, han plagado otras tierras y, han sembrado en oídos desconocidos todas esas patrañas que antes con gusto dejé que se cultivaran sobre la fértil y versátil inocencia de mi ser.


Cualquier información que de ellos escuche, se hará polvo y se consagrará como el listado de sarcasmos e hipocresías que vilmente amanecieron después de cada intimidad… una intimidad de juegos y reflexiones, un pasado escrito sobre una hoja manchada, una idea que fue y que no volverá, un "hasta luego" que se convirtió en "adiós" y "nunca más".


Ya no tengo más que un costal de estúpidos recuerdos, que me acarician el mentón y me acostumbran a vivir entre falsos personajes y tonterías de pobre importancia. Alguien sabrá de mí, de mis cosas, de mis secretos y mis glorías, pero, a esa persona no le pagaré, la sinceridad de mi hombro y de mis palabras serán el enlace que vincule nuestra estrecha serenidad.

domingo, 3 de abril de 2011

Cuídame la espalda, del resto me encargo yo (1ª parte)


Cuando el sol se ha perdido entra las cansadas luces de una ciudad intermitente, la oscuridad se balancea sigilosamente a través de calles desoladas, penetrando en los tacones de quienes osamos atravesarlas sin mirar atrás, y acariciando el horror de nuestra colorida tarea. Las esquinas se amoldan unas a otras, se prestan para el bochorno y la rudeza, se agitan con el pasar de hombres insaciables y, se estresan con el azar de mujeres en busca de esos hombres.


Desde que cumplí la mayoría de edad, es decir, hace varios meses, he optado por salir en las noches, por disfrutar de lo desconocido, en compañía de entes sexoafectivamente anónimos e, ignorando el furor y la picardía de estos placeres. He vivido historias en cuerpos que sólo construyo de noche, y he robado sentimientos que sólo emergen en las noches, pero, también he descubierto una risa y un llanto que, al son de unos cuantos aguardientes, me aterrizan y me ajustan a una vida entre tacones, apariencias y ganas.


“En mi adolescencia, mi padre ha estado medianamente pendiente de mis cosas, de mis andanzas y mis amistades, pero, difícilmente se enteraría de mis verdaderas nociones de juventud… la verdad, él aún vive cuidándome, pero, ya no tiene que hacerlo, ¿qué me va a cuidar? Nada que no se haya vendido ya. Que me cuide la espalda, porque del resto me encargo yo”.


Entre mis aventuras nocturnas, me he topado con innumerables perfiles de hombres, desde los ansioso-arrechos, hasta los cohibido-perversos que buscan encontrar razón a un gemido o una conducta específica… Comportamientos que en mí, varían y transitan por situaciones excéntricas y arcanas. Pero, también he conocido personajes de fábula, señores con una edad respetable y con unos “modales” dignos de admirar. Hombres como “Don Carlos”, aquellos que virtualmente establecen y mantienen un límite en sus acciones, y más si éstas van dirigidas a una señorita de aproximadamente 15 años menor que ellos.


* * *


No sé cómo empezaron las cosas, pero, me ha invitado a salir, son casi las 7:30 pm, y él quedó de recogerme a las 8:00 pm a una cuadra de mi casa. Falta cinco para las ocho, y mi celular suena, ahí está él, tan cumplido y caballeroso – eso me excita-. Me dice que ya ha llegado, así que debo ir al encuentro lo más pronto posible.


Cuando lo veo en el auto, me siento extasiada, mi corazón palpita con un ritmo erótico, y mis labios se humectan esperando que al subirme en el carro, él me reciba con un beso en la mejilla y, me solape las ganas que tengo de abrazarlo... unas ganas que me constriñen el pecho y me lubrican aquéllas partes que no he de mencionar. Cuando ingreso al carro, me saluda formalmente, con un fuerte estrechón de manos y una leve sonrisa… Nos dirigimos atrevidamente a su apartamento, creo que los dos sabemos qué puede ocurrir, pero, nos hacemos los inocentes, y mantenemos una sonrisa aguada y seductora.

El auto se detiene justo, nos miramos sin saber qué decir, qué hacer o qué pensar, sin omitir la ridícula fantasía que los dos queremos concebir. Entonces, la locura de mi entrepierna se condensa y me libera en varios tragos de valentía, donde soy capaz de decirle: ¿seguimos…?


Después de guardar el carro, nos adentramos en un mundo de colores pastel, nos encerramos entre unas paredes de humedad evidente, y a la vez, partimos hacia una realidad conjunta, donde mis deseos y los suyos se fundieron en una charla corta pero sustanciosa. Mi estancia en el mundo juvenil, se vio invadida por la madurez de un hombre dominante y veraz. La fogosidad de nuestra ignorancia, de nuestra terca intimidad se exteriorizaba a escondidas, pero pronto, fuimos más allá, nos estancamos en un mar de múltiples aspiraciones. Mi vientre se contraía con rebeldía, mientras sus pantalones regurgitaban y danzaban ante la insospechada claridad de mis ojos.


Todo lo que me podía imaginar ha sucedido, todo, nada ha quedado por fuera, las formas, lo sonidos y los olores a los que quise estar anudada se hicieron presentes esta noche… noche que ahora es madrugada.

martes, 15 de marzo de 2011

Entre la sincronía de la lluvia (3ª parte - final)


Después de un encuentro tan memorable como el que protagonizamos para una novela que nadie verá, encarnamos aficiones y fantasías compartidas, donde lo real de la situación empezó a ser más fuerte y egoísta que mi propia realidad. Disfrutamos de tantos momentos especiales, tantas odiseas dentro de cuatro paredes, enmarcadas por los melodiosos cantos de una regadera y, la mágica tiranía de sábanas blancas que después resultaron ser insuficientes para evitar que mis lágrimas cayeran ante la rebeldía de tu radical humildad.


El ritmo fue bajando… tus apariciones y nuestras reuniones se fueron haciendo cada vez más distantes, cada vez más sospechosas y calculadas. Lo inédito de nuestros placeres parecía cada vez más fingido. Los movimientos de tus labios se fueron convirtiendo en tristes cuotas, que sólo buscaban amoldar mis pulsiones para que retribuyera en mayor porcentaje cada expresión de cariño que dañinamente me mostrabas. La analgesia que incrustabas en mi pecho, pronto se trasformaba en una ardiente desesperación, tras cada palabra que negociabas con el viento, mi razonamiento se organizaba en nuevos mecanismos para interpretar lo raro y sutil de tus comentarios, pues, esas, tus palabras, en cada cita, contradecían lo distintivo de tu carácter, tras cada palabra, una sorpresa, tras cada sorpresa, un cuestionamiento y, tras cada cuestionamiento yo experimentaba angustia e inseguridad.


Pronto los talentos de mi psique se exteriorizaron y se difuminaron por el largo de mi cuerpo, las ideas primigenias de mi esbozo perceptual se coagularon en horribles tumores que adornaban la sinceridad de mi sonrisa. Inicialmente me descubrí con mis más sencillas preferencias, pero, debido al alto nivel de tus particularidades, me vi obligado a desatar mis otras capacidades, mis otras facultades, me vi sumergido en una contradicción, donde la mejor opción fue despertar la oscuridad de mis acciones y, actuar con escepticismo y cautela, con desenfado y tecnicismo.


Omitiendo totalmente el resentimiento de nuestras experiencias pasadas, y sin discusión alguna, le dimos veracidad a nuestras casi desenfrenadas ambiciones, carne más carne, júbilo más tensión y, placer más regocijo, construimos un ambiente de satisfacción y alboroto. Y sin obstáculo alguno, ejecutamos cada idea con comodidad, pero, con cada encuentro y tras cada paso, me sentía más indigno y desdichado, me sentía más frágil, creía vivir algo que no merecía, en conclusión, me sentía menos…


Dijiste que para ti soy algo que nunca encarné, dijiste que me concebías de una manera específica, me dijiste que para ti, yo significaba ciertas cosas, pero, también me aclaraste que todo eso era a tu modo, un modo muy distinto al mío, una semántica tan absurdamente diferente y desconocida; verdaderamente me pusiste a prueba, porque debía traducir cada frase, cada intención, cada escena era entonces ajena a la interpretación que yo le daba, o sea que yo estaba posado sobre una estancia de fantasía, entonces… yo simplemente vivía una historia con un único personaje.


Todo se redujo a un solo objetivo, uno físico, todo quedó compreso en unas cuantas horas de farsa y desahogo, quizá los colores de mi cuerpo se veían mejor de noche, y por eso, las noches se convirtieron en el espacio más idóneo para la unión de nuestro ego. Nunca me sentí como una prioridad o necesidad para ti, no tuve oportunidad de vivir esas palabras, no hubo lugar para que la confianza nos acariciara. No sé cuál es el costo de nuestra abrupta compañía, pero, a veces pienso que fui como la tierra, donde te recostaste, y al levantarte, encontraste que tu lomo estaba manchado de un polvo impuro y contaminado.


Después de algunos sucesos inesperados, mi esencia perdió el requisito que necesitaba para poder seguir fiel a tus deseos. La marca de una plaga que me atacó, fue suficiente para que te alejaras, fue suficiente para que desbordaras tu indiferencia y me desterraras de tu entorno, suficiente para que arrojaras al olvido cada estaño de ternura que increíblemente sucumbió entre nuestras pieles.


Nunca me cansaré de apreciar tu belleza, tu irremediable cordura y tu elocuente intelecto. En la casi perfección de tu persona, ahí me he fijado, tímido y temeroso de expresar mis aún crecientes e indestructibles sentimientos. Y aunque mi cuerpo y mi personalidad se están deteriorando más rápido que el promedio de la gente, mis trabajos y mis obras van cada día en ascenso, y en paralelo, mi cariño y mi “amor que no es amor” se hacen presentes en cada amanecer. Hasta el último respirar, y hasta el más profundo de mis suspiros poseerás el dominio de mis anhelos y mis sueños. Adiós.


Recuérdalo, siempre serás lo que desde el principio has sido…

sábado, 12 de marzo de 2011

En qué estaba pensando… en realidad ni eso hice, no pensé


Gran parte de mi vida, me la pasé castigándome por tener un cuerpo no atractivo, por ser un bobo condescendiente, susceptible, voluble, complaciente. Y ahora, justo ahora, cuando empezaba a sentirme más cómodo con lo que soy, justo ahora, el futuro se me derrumba y los escombros caen sobre mí.


“Algunas noticias te desangran el alma, te borran la sonrisa y te dejan un parche de borrachera sobre los párpados… pero, depende de nosotros si damos paso a una evolución maligna o benigna, según sea el caso, algo podemos hacer para mejorar las cosas, o para hacerlas más llevaderas”.


Mi espíritu y mi cuerpo a la par, han sido víctimas de una invasión imperceptible, la desdichada astucia de un organismo fétido y repelente me ha manipulado y me ha servido en lozas de baja categoría. Me enredé con una lacra de apariencias amigables, y en ese enredo, salí un poco perjudicado, pues, se redujo mi intelecto, y perdí fuerza en mis pretensiones, me sustrajo hasta la última gota de inocencia.


La desdichada irracionalidad que aún permanecía dormida entre mis ruidosas pulsiones, se despertó cuando esa ave de carroña se posó sobre mi pecho, me hipnotizó y sumado a eso me idiotizó para después, y lentamente, saborear y degustar mi pálido embeleso. Yo me sentí complacido, e incluso apenado, pero, sólo fue cuestión de unas cuantas sesiones para darme cuenta de la absurda realidad, un tanto bochornosa y particular, una triste y frígida realidad.


Accedí, como siempre metiendo las patas, jodiéndome yo solito por la ineptitud de mis prevenciones, se me fueron las de caminar y mi nombre se vio lucrado con una odiosa epifanía, con una maldición voraz y desgarradora. Hay guerra entre mis preceptos, busco no arrepentirme de los hechos, pero una parte de mí, desearía devolver en el tiempo y limpiar esa escena, desmontar ese paisaje y ubicarme en otras tierras, con ropas y vecinos diferentes, con ideas y ambiciones diferentes.


No estoy uniformado, y aún así hago parte de un ejército que lucha contra algo que no se puede ver, pero que se siente, contra algo que no discrimina y no abandona. Melodiosas evangelizaciones se escuchan al caer la noche, miles y miles de estrellas se reúnen para ver mis pataletas y para estudiar el origen de mi actual valentía. Pero, ellas, verán y descubrirán que la sinceridad de mis amigos me cubrirá de valor y cordura.


No sé en qué estaba pensando, creo que ni siquiera pensé, simplemente lo hice o dejé que lo hicieran, pero, ahora estoy pensando, estoy razonando y cuando nadie me ve, en medio de mi escondida soledad, hasta me pongo a rezar…

domingo, 27 de febrero de 2011

Para mí, la muerte con hielo y sin azúcar… Por favor


Ya no habrá amanecer, nada iluminará la delicadeza de mis párpados…


Huiré sin haber cumplido mi ciclo, me autoexpulsaré para no asumir lo poco que me queda por vivir, me vendaré con una realidad indescifrable, con hechos oscuros y malignos. En estos últimos momentos de vida y de aparente cordura, todo lo veo al revés, cómo si todo estuviese cubierto por sábanas de horribles colores, como si todos se rieran de dolor, como si las ventanas lloraran, como si yo solamente fuese un espectro más que se balancea entre las estrechas fronteras de un andén concurrido.


Partiré tarareando fantasías, caminaré por un ruta sin destino, y me entretendré con el vacío que adorna los senderos. Machacaré mi lengua para evitar lamentaciones, amarraré mis manos para evitar tapar mi rostro y no aceptar la realidad de mi nada.


No puedo continuar, sólo me hacen falta un par de empujoncitos para decidir mi destino, cómo elegir el modo, cómo encontrar método para desangrar mis miedos, cómo encontrar respuesta a una pregunta que sólo busca el malestar de quien la escucha. Algunos buscan salvarse de la muerte que los persigue con su cáncer o su diabetes, mi enfermedad más que física ha carcomido y diluido cada gozo de mi alma.


He pasado toda la maldita semana pensando en cómo suicidarme sin sentir tanto dolor, ¿por qué morirse debe ser tan traumático cuando es planeado? Y si lo estoy planeando, entonces debo prever los gastos del funeral, o simplemente hacerlo en un lugar alejado y asegurarme de que mi cadáver quede escondido para siempre.


* * *


Entraré en un café, y le pediré al mesero un vaso de jugo natural, de papaya en agua, con dos cubos de hielo y sin azúcar, le pediré una cuchará y quizá si fuera posible le pediría un poco de anestesia para evitar sentir la activación del veneno. Derramaré todo el polvo sobre el jugo, lo batiré eróticamente con la cuchara, lo beberé de un sorbo, y unos minutos después caeré postrado en el suelo, agonizando sin remedio, y rodeado de una multitud de chismosos que se fascinarán con mi morbosa despedida. Alguien llamará una ambulancia, pero para cuando ésta llegue, ya será demasiado tarde, yo ya habré dejado mi cuerpo, ya me habré convertido en difunto. Mi cuerpo será llevado a la morgue, donde después de identificarme, alguno de mis familiares reclamará mi cadáver, para, como dice por ahí: “darle santa sepultura”.

martes, 22 de febrero de 2011

Apellido crónico


Perdóname…


No sé cómo ocurrió, simplemente mi cuerpo ha empezado a deteriorarse, el diagnostico no es favorable, y la angustia y el remordimiento demarcan la cara de un infectado. Nunca lo quise, quién podría querer lastimar a quien ama, quién podría renunciar al gozo de estar con su pareja. No existe justificación para el hecho, lo cierto es que mi confianza me ha engañado, y me ha doblegado ante un agente patógeno que crece entre mis entrañas y que viaja a través de mi torrente sanguíneo; cada una de mis células está infectada, y la medicina convencional es torpe en sus acciones, no hay remedio, no hay esperanza. Fui engañado por la aparente pulcritud de los cuerpos que en muchas noches fueron mi compañía. Estuve ciego al peligro, estuve expuesto al destierro y fui marcado como un animal, mi vida está sujeta al señalamiento. Ahora soy uno más, hago parte de aquellos que viven entre limitaciones, entre exigentes restricciones para prevenir contagiar a otros, para evitar que nuestra marca sea transmitida.


No hallo cómo enmendar el daño que posiblemente te he causado. Me siento frustrado al no impedir que mi horrible verdad sancione tu belleza. Perdóname, actué sin saber que mis besos poseían veneno, recorrí tu cuerpo ignorando que lo hacía con las manos y la piel manchada de muerte, erosioné y contaminé tus roles, y envejecí cada idea que tiernamente construíamos en la noche.


Lo atractivo y sutil que al desnudo me caracterizó alguna vez, ahora son un juego de impotencia y depresión, ahora son un baile entre lástima y debilidad. Ya no tengo oportunidad, no tengo valor, no poseo fuerzas para demostrarte que mancharte no fue algo intencional. Para ti soy un criminal, soy como un hongo que te asfixia y te corrompe, soy un portador de llanto y miseria, soy el génesis de una vida entre seis tablas.


En una ceremonia de duelo y remordimiento, la culpa me seduce y me fascina con su irritante mirada, me susurra al oído y me indica la salida, me dice por donde seguir, qué ruta tomar y cómo llegar… me consumo al saber que soy el causal de mi derrota, no hay tiempo ni perdón, no hay cielo, no hay sol, no hay vida, no hay razón… Ahora que te he perdido, entiendo que no hay forma de regresar en el tiempo. Los efectos de mis errores sólo tienen cabida en lo profundo de una tumba. Arroparme con varias capas de tierra será suficiente para ahogarme en compañía de mis traumas y desgracias.


¿Qué puedo hacer? ¿Qué te puedo decir? ¿Qué debo decir? ¿Qué debo o puedo sentir? Quizá solamente deba despedirme de mi madre, agradecerle y decirle lo mucho que la quiero… Despedirme de mis hermanos y mis amigos, de mis sueños y mis triunfos, de mi entorno, de mi estudio, de mi voz, y aún peor, creo que sólo debo pedirte perdón y despedirme sin mirarte a los ojos, porque tu mirada de odio y rechazo sería peor que la muerte.


Hoy los síntomas y la depresión me hacen hablar, he sido sincero, y espero que tomes las medidas pertinentes. Sería cínico pensar que merezco un último abrazo, pero confío en que mis huellas generen lecturas de paz y reflexión, y no despierten desconsuelo y decepción. Fui algo intrépido y travieso, pero ahora pago por dejarme hundir en la vagabundería y la promiscuidad.

domingo, 13 de febrero de 2011

Crematorio sin testigos


Han pasado decenas de días y noches, pero gracias a mi lujuriosa inocencia, he vivido las noches como si fuesen el día, y he vivido los días, bajo las tinieblas de una oscuridad incandescente. A veces me pregunto quién o, qué soy, sin encontrar respuesta o explicación alguna; en ocasiones estornudo gases de graciosa solidez, y defeco risas de absurda sincronía; el olor de mis mañas se disuelve en el tinto de mis tardes y, en las sopas de mis noches, mi alma nada para encontrar tierra firme.


Cuando recuesto mi cuerpo sobre la cama, surge un dolor desde mi pecho, una presión, un sentimiento de soledad, un concierto de melancolía que me agota y me seduce; lágrimas parten desde mis ojos, y recorren la imperfección de mi rostro hasta atarme a la cama. Quedo totalmente desarmado y condenado a una disputa existencial, donde la derrota o la victoria no tienen diferencia, pues ambas, son herramientas para construir placer o desconsuelo, son títulos de valor relativo y pasajero.


Bajo la custodia de mis lágrimas, sólo me es permitido mirar hacia el techo, ver el polvo y las telarañas, sólo me permiten reconocer la miseria en la palidez de una pared, sólo me es posible esconderme bajo la debilidad de mis pestañas. La gula, la pereza y la ignorancia, buscan trepar a través de las sábanas, para poder llegar al núcleo de mis emociones y contagiarme con su desdichada apatía, estas virtudes del vago, intentan llegar hasta mis aposentos, pero, las lágrimas, mis lágrimas, se ordenan y se distribuyen para proteger mi seriedad, y evitar que caiga en indigencia.


Después de unas horas, mis lágrimas ejercen presión sobre mi pecho, y como a una naranja se le es extraído el jugo, a mí, me constriñen hasta retirar cualquier gota de rencor o desdicha que posea. Bajo un protocolo algo excéntrico y quisquilloso, mis lágrimas me incendian con un fuego blanco, para quemar e incinerar cualquier residuo de petulancia o inutilidad que se encuentre entre mis depresiones. Soy cremado y renovado a la vez, soy expuesto a tortura y placer a la vez, soy capturado y liberado a la vez, soy criminal y víctima a la vez.

sábado, 5 de febrero de 2011

Bajo el filo del machete


No existe quién logre alejarme del homicidio y la fornicación, pues, la meditación y la sabiduría que me envuelven en el día, se convierten en habilidad y sigilo en las noches.


Desde chico aprendí a querer a los demás como hermanos, el futbol y las escondidas, a los más inquietos y a los más sanos, y aunque en algunos momentos nos peleamos, e incluso ya no hablábamos, los consideraba mis amigos, a todos esos pelaos que me acompañaron en la niñez. Quise estar junto a ellos en mi desarrollo escolar, pero el destino me traicionó y me arrojó al hueco donde actualmente me revuelco de noche.


… Justo en una tarde que se convertía en noche, cuando iba rumbo a mi vereda, un hombre se me atravesó e impidió que yo siguiera mi camino, bruscamente me arrebato la bicicleta y me amenazó con un puñal, para que yo le diera todas mis pertenecías (unas cuantas monedas y un pan algo viejo). No me asusté, y sin pensarlo dos veces, saqué mi peinilla y le tasajee el cuello, le corte la garganta para que empezara a jadear y se ahogara en sus palabras. Desde ese preciso momento, todo cambió, me alegré, me fasciné, me descontrolé en mi inexpresiva paciencia. Todos mis músculos se relajaron, mientras que yo disfrutaba de la agonía del coetáneo. Después de una agonía irremediable, el sujeto cesó en sus luchas y quedó postrado a mitad de la carretera, y en contraste, yo me vi mórbido y petulante. Pero, también me carcajeaba con el calificativo de impertérrito que se apoderó de mis ganas. Con la lengua jugando entre mis encías, azuzaba al taciturno cadáver. Difunto que ya rubro y desconsolado me pedía, a través de un silencio psicoactivo, que lo descuartizara lo antes posible y que extrajera sus ojos y sus dientes, que abriera su cráneo como si fuese una piñata, a la cual se le extirpan los dulces y las otras pendejaditas. Y yo, aullando en graznido, me deleitaba con las peripecias de mi nuevo parecer. Conspiraba con mis ideas para decidir, cómo y con qué desagarrarle las extremidades, y lo más importante, cómo abrir su cabeza para sacarle todo ese tesoro de roja apariencia.


Usando la macheta, le retiré la cabeza. En medio de la carretera quedó un cuerpo sin cabeza. Una imagen cómica y encantadora. Lo arrastré a unos doscientos metros de la carretera, y allí, justo debajo de algunos árboles y ya acompañado por la claridad de la noche, me dispuse a preparar al cadáver. Sin quitarle la ropa, di machetazo tras machetazo, y la sangre salpicaba por todo ese lugar, una escena verdaderamente única y divertida, como si estuviese pintando la zona, como si estuviese construyendo una obra de arte. Me sentía en mi taller, me sentía en un nirvana de crudeza e idealismo deformante. En el infinito de esos momentos, me agachaba una y otra vez, para introducir mis manos entre su vientre, y tal como un pirata cuando encuentra su botín, yo apretaba todas sus tripas y en regocijo me enorgullecía por tan importante logro.


Encontré una piedra, y con ésta, fracturé y fragmenté la cabeza que desde hace rato andaba por ahí rodando como en busca de su cuerpo. La cabeza se abrió un poco, y con la peinilla fue mucho más fácil dividirla, para raspar el cráneo como si fuese un plato de comida – jajaja- no pensé que yo fuera tan coqueto e intenso con estas cosas.


Cuando ya había desmembrado o fraccionado al cadáver, empecé a bailar y celebrar la victoria, un triunfo que no estaba planeado, pero que me brindó serenidad y entretenimiento. Aunque no sé si pueda repetirse, me gustaría volver a hacerlo, pero esta vez, ser un poco más delicado y fetichista con el cadáver, ser más cuidadoso con los cortes y las maniobras, ser más serio a la hora de elegir a mi víctima, y, por qué no, ser más creativo en las herramientas a utilizar.


Me burlé de su pobre final, y con gran seriedad y picardía, escondí sus restos en toda la inmensidad del campo: bajo los árboles, entre los arbustos, atrás de las piedras, etc. Hasta sumergí algunos de los restos en los charcos que habían dejado las lluvias de aquellos días. Me movía a través de la verde espesura del campo, como si fuese un salvaje acostumbrado a esos trotes, pero eso me hacía más feliz, comerme a un personaje tan heroico e intachable, tan elocuente y habilidoso, afrontar el papel de un limítrofe corrompido, enrollarme en la imagen de un hombre cruel, sádico y solitario me hacía respirar con más ganas, me liberaba y me conducía a un placer inorgásmico. Continuará…

¿Me vas a decir que no lo has hecho?


Decimos mentiras al negar que en algún momento, cuando estábamos en compañía de amigos, nos sorprendió un gasecillo pillo, y para maquillar el sonido de volador que a éste caracteriza, tosimos o nos carcajeamos… E inmediatamente nos movilizamos para que no tuviesen tiempo de olfatearlo y recocharnos. Y el que diga que eso es algo normal y, que no hay motivo para burlas, es un gran mentiroso, aún peor que quien escondió su PEDO, porque es casi seguro que hubiese empezado a decir: Huy, pero cuando coma culebra quítele la cabeza; otro que está pensando en voz alta; mijo, salve el alma, porque el cuerpo lo tiene podrido; ústele, ¿me habla o me grita?; recójalo que algo se le cayó; ole, pero conforme come el mulo, excreta el… En fin, la mentira nos rodea y está en nosotros, no podemos parpadear sin decir o escuchar una mentira, sin vivir o presenciar algo que no es verdad.


Las mentiras son ricas, son atractivas y picantes. Las usamos para conquistar, para tramar, pa’ visajear o para rechazar. Al negar algo que sí está, al decir algo que no es verdad, y al hablar por hablar, a todas estas cotidianidades les llamamos mentir. Cuando el padre le pide a su hijo que lo niegue frente al cobrador de deudas, cuando la mamá engaña a su hijo con una idea tonta de “cómo vienen los niños al mundo”, o cuando después de un tropezón ni el “hp”, nos levantamos sonrientes y decimos que nada ha pasado y que todo está bien, cuando en realidad, tenemos la necesidad de gritar y gemir por tan irritante sensación.


Otra mentira común y recurrente es aquella que le decimos al odontólogo cuando nos pregunta: cuántas veces nos lavamos los dientes al día, o si usamos seda dental… -jejeje- yo siempre respondo: tres, y siempre… ¡seda dental siempre!


Claro está que no falta el avispado que quiera lastimar o inculpar a otros, el que se la pasa con la jetica untada de babosadas para que a uno lo regañen y le jalen las orejas antes que a él. Tampoco falta el que mata a toda la familia antes de admitir que no hizo la tarea. Entierran cada semana a uno de sus familiares para tener opción de recuperar la nota, ¡muchos atrevidos!


¿Tenés que me prestés? ¿Me hiciste el favor? ¿Dónde andabas? ¿Con quién andabas? ¿Qué hicieron? ¿Sos virgen?... éstas son las preguntas a las que comúnmente respondemos con una mentira, negando y maquillando la realidad del caso. Pero, decir mentiras es todo un arte, es una magia creativa, es la puerta a la imaginación, mentir es un vivo ejemplo del ingenio con el cual contamos. La mentira está adscrita a nuestra naturaleza, y aunque a veces resulte incómoda y dolorosa, es un condimento que nos convierte en seres impredecibles y golosos. Mentimos de forma inconsciente, nuestra boca miente, nuestros ojos mienten, nuestro rostro miente, nuestras extremidades mienten, y lo que es aún más interesante, nuestro corazón miente y, lo hace con mucha frecuencia.


Entonces, la mentira es como el arroz: está en todas las mesas y en todas las cocinas, y aunque no queramos acceder a él, terminamos rindiéndonos y atragantándonos desaforadamente, en este caso, de mentiras.

domingo, 23 de enero de 2011

Supresión en tres colores


Dónde podré encontrar ese trampolín que tanto necesito, cómo demarcar los bordes de una cancha en la que no me dejan jugar aún, por qué cerrar los ojos y dejar que simplemente me golpee sin objeción alguna. La hora ha llegado, el juicio ha comenzado y, la sentencia está casi escrita. No es tarde para recapacitar, pero, no es necesario hacerlo, sólo debo capacitarme y demostrar lo audaz que puedo ser, lo instantáneo y creativo que puedo llegar a ser. Mis intereses se bifurcan a través de varios senderos, varias opciones de distintos colores. Puedo imaginar vivir así o asá, recordar cómo perdí mi madurez, y reconocer que cometí un error muy grande, pero me voy a dedicar a aplanar la trocha que hoy empiezo a transitar. Diría que aún me queda una oportunidad, pues sé, que mi condición revela una ingenuidad aparente, despierta emoción y contagia sensatez, mi despavorido intelecto despierta confianza y respeto en otros, construye narración de un pasado agradable y discreto, algo modesto y atractivo. Pero las puertas de un buen futuro no se me han cerrado para siempre, las ventanas de mi cuerpo aún son iluminadas por el sol de ese mañana que alcanzaré sea como sea.

Nadie vive en mi memoria, más que mi madre y mis adeptos, dirían que mi estanco emocional solicita reinauguración y remodelación, pero, yo argumento que prefiero desmoronar mis pasiones antes que desarrollar perdición y fracaso sensorial. Ando fatigado de tanto tragarme mis palabras, de tanto tragar sin reproche las voces de otros que me han manejado, esos que fueron la alegría de aquellos tiempos, que se han marchado sonrientes pero con el alma muerta de tanto renegarse. Las tapias de los cueros donde mi cabeza fue batida por el viento susurrante de otros cuerpos, me arrastraron hasta la orilla de un silencio penetrante, en casa de criaturas dominantes, en casa de experiencias subyacentes al llanto.


Adolorido de tanto pensar en qué hacer con esta vida, así he pasado por las puertas de una historia, una estancia donde me regenero y me alimento, donde el bullicio se alojaba en el calor de la estrecha realidad que se pintaba en una casa, un mural de razones incongruentes, de ficción y de entusiasmo deprimente.


¿A qué quiero llegar?, ¿Qué estoy alegando o cuáles son mis fastidios?, estas son las cosas que me pregunto cada vez que murmuro frente al espejo, odio tener que escribir todo lo que siento, bueno, aunque en realidad lo que plasmo en estos textos no es ni la más mínima parte de mis conflictos, me faltarían dedos para poder describir mi vergonzosa antipatía. A veces son de un color, a veces de otro, en ocasiones doy de esto, pero en otros momentos me limito y sólo doy de eso, o quizá en algunas circunstancias muy especiales y bochornosas, doy de esto, de aquello, y de eso otro.


Cómo evitar esos momentos compartidos, lo falso de aquellos días, cómo pedir perdón por acciones ajenas, cómo decir adiós sin dar explicación de mi partida, irme así no más, sin avisar o levantar la mano para minimizar el dolor… dolor que se combina con intensidad y desprecio, con inseguridad y contradicción. Una polémica dependencia, un fracaso de dos caras, y un debate a tres colores, son la magna redención de un sueño incinerado entre la gerencia del ayer, el hoy y el mañana.


Mi fanatismo idealista será concretado en sesiones de introspección y autocrítica, en exposiciones de humildad y arrogancia, en trabajos de apoyo y abandono, y mi lirica simpleza será remojada en el charco de mis triunfos.

Necesidad, depresión y desesperación


Si no creyera en lo que grito, si no creyera en mis conflictos, si no creyera en mis espectros… Nada valdría la pena, todo sería un montón de lenguas mojadas con el sudor de la pereza.


Estoy cansado, no puedo seguir viendo cómo mi madre se mata por conseguir dinero para cumplir con mis obligaciones. A mi edad, ya debo asumir ciertas demandas, ya debo satisfacer mis propias necesidades, y no seguir esperando a que mi progenitora se encargue de eso, a ella le queda muy duro. Ella no tiene porqué hacerlo, las cosas que me conciernen deben solucionarse rápido, y creo que sé cómo hacerlo, creo saber cómo rellenar esos espacios, creo saber cómo llenarme los bolsillos de ambición y sacrificio.


Me duele ver a mi madre reventar de dónde no hay modo, para saciar los requerimientos de un hogar al que ha levantado sola. ¿Por qué es tan difícil ser lo que se quiere? Bueno, no poseo belleza alguna, pero creo y confío en que mi cuerpo será de ayuda en esta tarea, conseguiré lo que hace falta a costilla de mis costillas, con el sudor de mi cuerpo y la eyaculación de mis excentricidades. Me contaminaré con otros cuerpos, pero valdrá la pena, así podré rendir cuentas y abonar a la deuda, abonar a mi deuda. Quizá así deje de escuchar a mi madre quejarse y estresarse por la falta de dinero. Quizá pueda hacer realidad las apetencias de mi hermano, darle gusto en sus caprichos de niño, alegrarlo en sus curiosas atenciones, aportar para que se forme como un ciudadano ejemplar, tal como yo prometía serlo, pero, me convertí en todo lo contrario, un mediocre de estupidez desbordante.


Conozco personas que hacen de fiscal y juzgan al que se prostituye, pero, yo no me acerco a esas personas, ¿cómo podría juzgar y señalar a un oficio que yo también estoy dispuesto a ejercer? Describo desde lo profundo de mi ridícula existencia, supongo que pienso demasiado para llegar a conclusiones o ideas tan pobres. Solamente desnudaré mi cuerpo frente a otros, sólo mi piel será descubierta, puedo ser lo que esas personas deseen que sea, con tal de recibir una remuneración proporcional… con tal de recibir un “apoyo” pecaminoso y lujurioso. Sé que no tengo perdón, pero es evidente que estoy perdido en este trozo de mierda al que llamo sociedad.


Tomaré el último respiro y me sumergiré en el desconsuelo de un abismo pertinente y malicioso. La perversión es una herramienta que recubrirá todo el ancho de mi moralidad, y así, seré más complaciente y servicial. La idiosincrasia que se populariza entre mis asechos, se ve plagada de morbosidad e ignorancia, se ve saturada de indecisión y depresión. Puede que esté errado, es posible que las opciones que hoy planteo, sean sólo un estallido fugaz e irrelevante, hasta sea posible que no inicie mi carrera en la exhibición de este cuerpo, un karma de medidas poco atractivas, pero de riquezas inmensamente valiosas, ya que la pulcritud y la higiene son conceptos que están eternamente ligados a mi indolente motricidad.


Estaré acompañado en todas mis actuaciones, la soledad jugará y bailará conmigo, ella y yo cumpliremos las ociosidades de la clientela, mostraremos y moveremos todo tal cual lo pidan, viviremos noches muy trágicas, pero también descansaremos al recibir nuestra paga. Nadie nos cuidará, y cualquiera podría ser nuestro asesino. Disimularemos la repulsión que nos generará estar sometidos al fetichismo de esas gentes.


Seremos un cautivo entre cadenas, seremos doblegados y pasmados ante la crueldad de las críticas y el despecho, ante la crudeza del rechazo y el abandono. El descaro será nuestro seudónimo, y la mendicidad nuestra realidad, rezaremos para que nos pidan, y por eso pediremos, negociaremos el valor de nuestra intimidad y nuestro aliento. Cada sonido que expidamos, de placer o de gula, de dolor o de auxilio, cada gemido o cada llanto, serán archivados en la rudeza de la noche, serán olvidados en la veracidad del ayer, en el historial de una memoria agrietada.


Nuestros andares serán vistos por mi alma a través de la culpabilidad. Mi alma, desde el misterio de la oscuridad, engendrará insultos con voz aguda, se demacrará rogando por mi orden, pero no puedo obedecerla, sólo puedo ser fiel a mi traición, a mi yugo y a mi sed. Somos, mi soledad y yo, un par de vendedores que no se dejan ver, pero que reparten su libertad a través de inmundos hospedajes, que reparten su bondad entre camas y sábanas manchadas.


El silencio será nuestro talento, ser condescendientes y accesibles será nuestro objetivo y, ser manipuladores y sagaces será nuestro reto, aún después de incinerar nuestra inocencia.

Madera de una flor


Ahora que mi corazón es de piedra, tú has dejado advertencias para quién desee volverlo carne, con petroglifos anuncias que el amor ha muerto en mis entrañas… El arte con el cual me silenciaste el alma, está descrito en las muchas arrugas que se apoderaron de mi rostro, el talento de tu palabra se evidencia en la verborrea de tus manos, y mis penitencias dan razón de tu dominio y tu cordura.


Mi respiración y el movimiento de mis globos oculares son mucho más intensos, la erosión y la palidez de mis labios son costumbre de todos los días. El intelecto que me caracterizaba, se fue de noche y no volvió jamás. Ya no puedo vivir, ya no puedo soñar si esta cruz me sigue tallando la espalda. Aquí se formó la banda que acompañará al rumbón de mis ingenuidades, baile y licor para todas mi decepciones, y además, ritmo para gozar el velorio de mis ansiedades.


Le hice trampas a la verdad, imitando la actuación de tus halagos y centrándome en comprender tus intereses, pero, fue un desafió superior a mis capacidades, pues, me faltó experiencia e instrucción, me faltó malicia y egoísmo, me faltó engaño, pero me sobró algo que los otros seres llaman amor… Amor que así como surgió, así se extinguió, amor que sentencié al destierro y al entierro, un sentir que fue anulado y sólo quedó impreso en las maldiciones que arrojé sobre mi nombre.


En mi vejez (aunque no aspiro llegar a ese estado), las canas serán más blancas, ahogadas en la relatividad de mis emociones, serán más bruscas y densas, más tensas y pesadas, más frías e inexpresivas.


Ahora que mi cuerpo es de piedra y de hielo, además de algunas costuras en madera vieja y podrida, desearía dormir para nunca despertar, recostarme, para después ser suscrito a una porción de tierra en un barrio al que le dicen cementerio… Si fuera polvo, nuevamente estaría debajo de los zapatos de esos seres plásticos y corruptos, nuevamente sería arrastrado al son de visiones herméticas y siniestras, nuevamente estaría a merced de seres antagonistas a mis juicios.


Mi cordura es como una sonrisa sin dientes, así es, igual a un perro sin olfato, semejante a una escultura sin admiradores… Así es mi despertar, como reír en medio de una saga de ironías y mentiras; así es mi amanecer, como la vida de una paloma sin alas: oscura, marchita, iracunda, y desconcertante. No hay episodios cómicos, sólo cizaña y vagabundería, sólo capricho y desazón.


He decidido morir, ya que nunca he conocido la piedad, y por eso quiero verme borrar de este dibujo mal hecho. Quiero y pretendo donar mis huesos a esta tierra que tanto los necesita, necesita abono y comprensión, apoyo y redención para olvidar que todo se está perdiendo y, que lo poco que queda en buen estado, hace parte un grupo reducido de narcisos bulímicos.


No tengo rencor, pero sí poseo dignidad para aceptar que soy un lunático detestable, pues, a ésta, la luna, mi compañera y mi consuelo, le dejo todo el volumen de este triste y frío corazón, que siendo de piedra se hace más frágil y endeble, más voluble y delicado, más radical y menos humano.

Antología irascible


Al interior de una ciudad, se levantan estructuras de visión desordenada, de estética y redundancia económica, de ahogo y desahogo estridente. Bajo la tierra que hoy ya es asfalto, se encuentran las ruinas y el éxito de un ambiente que fue próspero hasta que la extinción y civilización del ser al que hoy llamamos hombre, se fundió con el carbón de sus raíces en el rojo de una hoguera.


El negro orgánico de una memorable epifanía fue escondido bajo el gris oscuro de una tela rígida y masoquista, bajo la cortesía de otra madre que hoy sostiene a los transeúntes que viven en la indiferencia, a los cuerpos que están alejados de sus almas, y a las almas que lloran para poder ganarse o poseer un cuerpo.


La tierra no discrimina, la tierra no reprocha ni se queja; ella sólo acepta y contempla en silencio la destrucción de sus entrañas, acude a nuestras necesidades y sacia nuestras ambiciones, no cobra un precio justo, sólo aporta sin recibir algo bueno a cambio. No hay reciprocidad en nuestra relación, no somos justos o tolerantes, no calculamos nuestra mierda, y simplemente carcomemos la serenidad de un vientre noble.


Esta madre clama gratitud, clama decencia y respeto; se desdobla en busca de responsabilidad y fidelidad, se contrae y se dilata para minimizar el dolor que le deja la tala y la excavación, la succión y la inyección. A diario soporta las atrocidades que se confabulan entre sus extremidades, las masacres y los destierros anómalos y patológicos… Siente como su sangre es contaminada o extraída para satisfacer y agilizar la creación de viscosidades y olores repugnantes, que posteriormente serán vertidos sobre sus venas como un castigo a su diligencia y su servicio.


Como bestias sin control sobre sus esfínteres, así parecemos, tan sucios y cotidianos, tan descarados y sínicos, tan infra gantes como un ladrón en un plaza pública, tan osados y malignos como una caries sobre el blanco de nuestros atrevidos colmillos.


Sé que en las noches en este cielo apestado de luces artificiales, ella se trasnocha buscando alguna llave que la acerque al poder, pues sabe que ese día vendrá… Cuando sus dulces hijos a ella regresen con humildad y abandonen el campo de batalla donde edifican sus miserias. Nunca su odio ha sido tan fatal como para desmoronar sus esperanzas. Sí, alguien la ayudará, sólo debe saber reconocerlo, paseando su vista por la intimidad de un bosque virgen, sólo allí encontrará la magia que al igual que el mal, siempre existió, para equilibrar la armonía entre los seres. Su sueño es devolver el sueño de aquél que juró siempre amar, recobrar y reencontrar la razón de nuestras intrépidas e irrelevantes vidas.


Hay palabras que nunca se han olvidado, y promesas que nunca serán una realidad, detrás de una pared se convertirán en amistades del destierro y el olvido. Entre la carroña y el ponche, la veracidad de nuestras acciones se convierte en chistes antipáticos que solamente desvirtúan la intención hipócrita de sonreír para vender imagen.


En las angustias de esta tierra, se ven reflejadas todas nuestras cagadas, todas y cada una de nuestras estupideces y rebeliones absurdas, ella no quiere seguir jugando a lo inadmisible, besar las plantas de unos pies desagradecidos y traviesos. Multiplicar los beneficios que deja el destino, es una tarea que agota y deprime, la muerte es una cuota que se debe recibir cuando se está en proceso de cambio, el desplazamiento de nuestros intereses es un hecho y, el entregar sus talentos al enemigo, también es un hecho que merece meditación y reflexión.


Ella nos presta sus alas, a veces sin advertencia alguna, sin limitaciones o intereses, vivir es una tarea que algunos vemos un tanto difícil, pero es por nuestra desnaturalización, por nuestra irremediable destrucción genital, por nuestro egocentrismo campirano y popular. Supongo que no tengo respuesta a las preguntas que arroja el mal estado de nuestra madre tierra, pero cuando nadie lo ve, sus emociones son exteriorizadas a través de la belleza de sus campos, la inocencia de una masa terrenal absolutamente santa y solidaria. Puedo hacer o no hacer… Pero, como dice Paz Martínez: “cuando yo te abrazo, no te abrazo solo, te abraza conmigo una eternidad, te abrazan los valles, las montañas y los vientos, las barras del campo y el olor del pan…”

Génesis de un sarcasmo


¿De dónde nacen? ¿Desde dónde viajan para llegar hasta mis mejillas y recordarme que soy vulnerable y delicado?... Y no me refiero a su origen físico, me refiero a su génesis emocional, a su verdadera concepción. Expulsamos lágrimas por innumerables cuestiones, desde una simple alegría hasta la más irremediable decepción. La tristeza y la frustración se combinan para engendrar y parir a estas muchachas de cuerpo transparente, que en las mujeres se funden con el maquillaje para tornear sus pómulos con el recorrido de éstas. En el rostro de los hombres, generalmente se esconden tras el rojo de unos párpados melancólicos e impotentes. En la mirada de un niño, se puede observar la magnificencia de éstas, la grandilocuencia y la anónima soberanía de unas lágrimas más brillantes y descomplicadas, más efusivas y gritonas, más abundantes y rápidas, más fáciles de calmar, más finas y limpias… Las lágrimas en un niño son tiranía y desconsuelo por algo que es irónicamente crónico o pasajero.


El rechazo es culpable de muchas lágrimas, la inocencia y la ingenuidad también son portales que utiliza la realidad para extraer lágrimas desde el poso de nuestras contradicciones. La realidad nos golpea tan fuerte, que es capaz de bordear ese lago donde están sembradas nuestras lágrimas, la realidad las abraza, las enternece y las domina. La realidad oprime nuestros ojos, hasta ver que de éstos, se desprenda una gran cantidad de lágrimas, como si un martillo fuese violentamente agresor de una naranja.


La felicidad y la rebeldía son también funcionarios que agilizan la marcha de lágrimas sobre nuestras bien hidratadas sonrisas. La euforia, que en algunos casos es prematura y contagiosa, es una herramienta multiforme que se convierte en polvo para estimular la expulsión de lágrimas a través de nuestros expresivos ojos. La fantasía y la exaltación de algunos sentidos, también se convierten en origen de estas señoritas caminantes sobre un campo de rojas superficies.


Los fantasmas del pasado se cuelan entre los pensamientos del presente para ejercer presión sobre nuestra irreverencia y así clamar la encarnación de celestes acompañantes, lágrimas de colores indivisibles, lágrimas de cuerpos seductores y tiernos, de rostros invisibles y de caricias ásperas e indomables.


En lo más oscuro de las alcobas, un gemido o una carcajada son el prólogo de una lágrima. Un tecnicolor de acción y omisión, de salsa y capricho… Un aviso de rezos significantes, de signos consagrados en explayadas bendiciones de júbilo y tertulias amañadoras. El autor de tan magno accesorio, no es más que un juego de emociones y risas, de reflexiones y ruina social, de simplicidad y anómalas reducciones.


Aunque digan que una lágrima es como un soponcio, sí, una sopa cacofónica y ridícula, para mí, una lágrima es la prueba de nuestra decencia, es la huella de nuestra humanidad y nuestra sinceridad, una lágrima es la excreción de nuestras más afanosas e inquietas apetencias, de nuestras virtudes y necesidades. Una lágrima es amor y elegancia en una dosis personal. Una señorita de éstas, es motivación y gloria, es una trova que toma lugar en el espectáculo de nuestras pasiones. Un profeta que anuncia suspiros y contrastes, que despide y recibe amistades, que felizmente celebra o amargamente olvida amores… Una lágrima es naturaleza sin concepto o tamaño, sin límites o amantes, sin poetas o defensores, sin víctimas o victimarios, sólo posee una lista infinita de seguidores agradecidos. Por eso afirmo que quien niegue o repugne a una lágrima es un modorro mentiroso. ¡He dicho!