
Volaré como un avión de papel, como un ave con las alas extendidas, acariciando el aire con los ojos, soñando con un horizonte sin sol y sin colores para, evitar sentirme atraído y sosegado, conmovido o suscitado… escarbaré en el vacío de los nortes para consolidar un carácter puro y rechinante, libre de irritaciones o malestares. Buscaré inocencia para descarnar mis miedos y construir un nido en lo alto de mi ego exaltado, aplicaré mi canto a la magia de una rama irascible y, combinaré mi cuerpo con el frío del silencio, degustando el sueño de una vigilia sin recuerdos.
Yo, como un ave rapaz, en cualquier momento voltearía y destrozaría toda animación que a mi lado existiera, anómico y galante, así zamparía mi locura con la timidez de una crueldad incesante, voraz y contagiosa. Locura que ataca sin remedios y desgarra indiferente, que aborrece y mutila cualquier reacción semejante a la dicha… Todas mis respuestas somáticas oscilan en burdas representaciones mezquinas, en imágenes sin fondo o relieve, sin dimensión, ignorantes de estilo o realidad. Encuentro que el negro de mi lomo, encaja con la fina oscuridad de mi cizañosa mirada, y que el rojo de mi sangre, es cada vez más intenso y melancólico, es cada vez más árido y corrupto, variante, bífido, negligente, amargo y delicioso.
Me trago cada fascinación que me envuelve, me atraganto con la tierna intención de una mano amiga, picoteo y desatino, sin agradecer, sin por lo menos fingir emoción. Estridente es este pusilánime aleteo, que hostigosamente calma y lubrica mi egoísmo, que aplaca mi humanidad y atenúa el frío de una risa irrisoria. La indecisión es, ahora, característica inherente a mi individualidad, la nostalgia y el desconcierto son componentes de una modestia que empaña y ahoga. Ahora concibo una dirección para escapar… Para olvidar y despedirme de aquello que ni siquiera ha ocurrido.
A veces no entiendo cómo sobrevuelo, cómo me desprendo del suelo, cómo aterrizo sin sentir vergüenza o ansiedad. Desconozco mi entidad, no hay armonía entre mi apariencia y mi sombra, no logro contener mi brutal astucia, mi egocéntrica, pálida y estúpida ingenuidad. Verdades engolo a diario, pero es obvio que la única certeza que habita entre mis lenguas es mi soledad, que aunque vaga e incesante, es torpe y deprimente. Me sonrojo aún sin notarlo, y descubro que extraño, recuerdo, vigilo, compadezco y lloro. Temo hacer daño, temo hacer…
























