Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




sábado, 10 de septiembre de 2011

Reflexión Aérea


Volaré como un avión de papel, como un ave con las alas extendidas, acariciando el aire con los ojos, soñando con un horizonte sin sol y sin colores para, evitar sentirme atraído y sosegado, conmovido o suscitado… escarbaré en el vacío de los nortes para consolidar un carácter puro y rechinante, libre de irritaciones o malestares. Buscaré inocencia para descarnar mis miedos y construir un nido en lo alto de mi ego exaltado, aplicaré mi canto a la magia de una rama irascible y, combinaré mi cuerpo con el frío del silencio, degustando el sueño de una vigilia sin recuerdos.


Yo, como un ave rapaz, en cualquier momento voltearía y destrozaría toda animación que a mi lado existiera, anómico y galante, así zamparía mi locura con la timidez de una crueldad incesante, voraz y contagiosa. Locura que ataca sin remedios y desgarra indiferente, que aborrece y mutila cualquier reacción semejante a la dicha… Todas mis respuestas somáticas oscilan en burdas representaciones mezquinas, en imágenes sin fondo o relieve, sin dimensión, ignorantes de estilo o realidad. Encuentro que el negro de mi lomo, encaja con la fina oscuridad de mi cizañosa mirada, y que el rojo de mi sangre, es cada vez más intenso y melancólico, es cada vez más árido y corrupto, variante, bífido, negligente, amargo y delicioso.


Me trago cada fascinación que me envuelve, me atraganto con la tierna intención de una mano amiga, picoteo y desatino, sin agradecer, sin por lo menos fingir emoción. Estridente es este pusilánime aleteo, que hostigosamente calma y lubrica mi egoísmo, que aplaca mi humanidad y atenúa el frío de una risa irrisoria. La indecisión es, ahora, característica inherente a mi individualidad, la nostalgia y el desconcierto son componentes de una modestia que empaña y ahoga. Ahora concibo una dirección para escapar… Para olvidar y despedirme de aquello que ni siquiera ha ocurrido.


A veces no entiendo cómo sobrevuelo, cómo me desprendo del suelo, cómo aterrizo sin sentir vergüenza o ansiedad. Desconozco mi entidad, no hay armonía entre mi apariencia y mi sombra, no logro contener mi brutal astucia, mi egocéntrica, pálida y estúpida ingenuidad. Verdades engolo a diario, pero es obvio que la única certeza que habita entre mis lenguas es mi soledad, que aunque vaga e incesante, es torpe y deprimente. Me sonrojo aún sin notarlo, y descubro que extraño, recuerdo, vigilo, compadezco y lloro. Temo hacer daño, temo hacer…

viernes, 2 de septiembre de 2011

ALTER EGO


No sé porqué cometo tantas barrabasadas, porqué simulo recoger esquirlas de una ventana que recuadra mis objetivos y pretendo con esto, agasajarme y verter mi odio en la precocidad de un intelecto arcano. Aborrezco reconocer que no estoy durmiendo, me desangra saber que la ingenuidad de mi astucia es tan civilmente vulnerable, tan melancólica y asfixiante que cualquier ojiva espectral podría doblegarla a un estado de reposo e indiferencia. Todo mi vulgar escrutinio, se reduce al leve suspiro de una bestia en descanso de su caza. La inédita mirada que rebuzna en la grasosa ironía de mi paladar, es tan empalagosa como esos disquitos de amor que escucho en las calles.


La penumbra de mi suéter, desentona con la rígida e iracunda toxicidad de mi sombra, todo lo que compone mi ego, se va en las miradas de un “otro” que danza en acuarelas de pegajosa miseria. Que nadie vea la única guarida que se esconde en la luz de mi sonrisa, en la estampida de mis palabras que golpean y retumban por entre mis oídos, que viajan hasta las apariencias de mi frente, que discuten con los secretos de mis amores desconocidos. Que nadie vea a los fantasmas que me rodean, que me caen sobre el cabello en miles de colores, que cambian mis pasos al caminar.


Cómo hago para que aquellos que me clavan agujas en el pecho, no vean el dolor que se despierta en mí, cuando recuerdo que sólo tengo siete días para beber el agua que encuentro en el refrigerador, antes de volver a empezar en la carrera sin horizonte en la cual me encuentro inscrito. Quién verá la trágica biología de un hijo abstracto, que bajo la capa de un filósofo adormecido, vigila a las damas y caballeros que pasan sobre un corazón que desenfundado a diario, recoge sed y tiranía.


Cómo domar a la soledad, que sigilosa y temerosa, se mete por entre mis defectuosas cualidades, soledad que visita a diario mis hostal, mi mesa y mi deshonroso orgullo, frívolo e insensible. Soledad que va un paso adelante, que me arrastra como caballo hacia un abismo, amiga incondicional que atraviesa mis barreras y se acomoda en mi vientre como la más trágica de las emociones, totalmente diferente a esas maripositas que los otros mortales sienten caprichosamente, y más parecida a esas castas ataduras que se unen al lomo de nuestros contrarios, similar al blanco de unos ojos perdidos en la nada, y cómo no decirlo, semejante a la desesperación de una herida sin sutura.


Empiezo a robar sospechas, a retroceder, a fingir y sollozar. Empiezo a idear métodos y estrategias para abordar a ese fantasma que me seduce en las noches de lluvia, en aquellas noches de espanto, donde mi oscura mirada, atraviesa las paredes y dispara un juego de roles indecentes. Acá, donde la razón es una estúpida reseña de ego y alter ego.