
Prometí nunca hablar de mis sueños, no despojarme de estos secretos pérfidos. Con voz estridente grito mi lamentable desventura irreal, en este mundo de los sueños soy tan cruel y tan activo, en mi canoa, al navegar por este lago de resquebrajadas ironías corpulentas, con mi remo, escarbo lánguidamente al yonki que se esconde tras el feo reflejo que observo en este charco mal oliente. Antes de diagnosticar mis aberrantes e inhumas pesadillas, solicito se me culpe por poseer la voluntad suficiente para evitar el acceso físico de estos degeneres atroces de mi consciencia.
Me dispongo a prepararme para dormir, realizo todo un ritual, una cadena de protocolos y formalidades, acciones que acompaño de un humor que varía según lo vivido en el día, horas previas a mi sueño. Dejo caer bruscamente mi cuerpo sobre el colchón, ubico una almohada y la cobija, me quedo con la mente en blanco unos cuantos segundos, y pufff, me levanto de improviso y me desprendo de mis ropas, pero, al apagar la luz, doy inicio a una travesía, de la cual, aún me encuentro desinformado. Me fundo entre las sábanas y adopto una posición de cadáver en funeraria –Jajaja- las piernas estiradas a lo largo de mi cama, y los brazos doblados, con las manos sobre puestas en mi pecho, y la mirada hacia el techo, que en realidad es una pantalla de estrellas luminosas, un prado de pastos blancos y fríos. Mis dedos Urdían al estar uno junto al otro, las vejaciones de mi mano derecha, incitaban a mi mano izquierda, para provocarme en vetustas condolencias de placer arcaico. Mi lengua también se encuentra inquieta, la desplego en un juego de conteo, con la punta de esta extremidad recubierta de papilas gustativas, acaricio y moldeo todas y cada una de mis piezas dentales, hago un breve masaje en mis dientes centrales, los más grandes, y pienso – Eh ave María, es tan relajante y patético a la vez, mucho desparche – levanto mis manos y sobo mi cabeza, con espesa atención a mi cabello, lo contemplo hasta ya casi estar dormido, seguido a eso, hurgo mis ojos y bostezo con una puntual indiferencia.
Mis párpados advierten que ya es hora de partir, de encomendar mi subjetividad en brazos de Morfeo. Padezco la verdad relativa de un sueño, y éste, se desarrolla así: Me encuentro con la mente descuartizada, y camino dando vueltas sobre un mismo eje, lamentando cada respiro, y memorizando cada detalle de la oscura habitación, en la cual, están posadas estas dos patas que me sostienen, conjuntamente me percato de estar vestido de negro, una camisa deportiva de mangas cortas, con bruscas líneas rojas, centradas en la zona abdominal; un pantalón y unos zapatos igualmente de color negro. Alguien destruye la puerta a golpes, y entra rápidamente, sólo puedo ver su cara y sus brazos, no logro observar su cuerpo completo, - es algo tan extraño - Este sujeto me toma por el cuello e inmediatamente da inicio a una carrera, en la cual el objetivo es matarme. Por la ventana y en medio de la discordia, alcanzo a ver un panorama obscuro, es una noche helada, un árbol seco sobresale en aquél paisaje, definitivamente es un horizonte sodomizado. En mi lucha por sobrevivir al brutal ataque, tomo un cordón e intento estrangular al individuo, lo peor del momento y que me hace sentir más repugnantemente débil, es que no sufre, intento asesinarlo en defensa y éste no proclama dolor, mis gritos secos, sólo alientan el poder de sus grandes garras, y su sonrisa de placer se convierte en símbolo de la incesante contradicción de mi desahogo.
Me pierdo en su mirada dominante, hambrienta de sangre, sólo mi cuerpo inerte podría satisfacer el descontrol de su aptitud desabrida. Este hombre podrido en maldad, me ha vencido, y al matarme, al sentir ese dolor tan agudo, despierto agitado y con todo mi cuerpo dormido, estoy enclaustrado en mi cuerpo, una prisión estrecha y sudorosa.
Reconozco y agradezco estar en mi habitación, inmóvil pero a salvo, confundido pero con la única certeza de saber que soy yo quién se despierta y continúo respirando, el maldito desgraciado que ha intentado asesinarme en el sueño, sólo ha conseguido rasgar las pobres mezquindades de mi alma. Con la sagacidad y astucia que caracteriza a algunos integrantes de mi familia, deduzco que aquél ser repulsivo y violento, es mi padre, esa criatura que aportó su ADN a través de una célula gameto (…) Cierro los ojos, me duermo al instante y despierto como si nada al otro día.
Después de atravesar una noche de componentes particulares; en mis actividades cotidianas, excreto una simpatía medianamente detestable, pero poco reprochable, hago todo con la misma naturalidad de siempre; pues sólo en las noches consigo reorganizar mis ya vagas identidades. Al llegar la noche, realizo el ya mencionado ritual con mayor destreza, de hecho, creo que podría hacer todo eso con los ojos cerrados. Al aparear mis parpados, me sumerjo otra vez en un espacio nuevo, desconocido y pavoroso; siento como brota el ánimo malgastar mis pocas dosis de moral que conservaba tras mis orejas, desesperadamente agredo a un individuo que apareció en la pantalla (aquello que creían percibir mis ojos). Intento controlarme, pero he de confesar que me sentía excitado y con favorable ansiedad de destruir al individuo vulnerable, pero no puedo, éste, es inmune a mis agresiones y ataques, no sufre, no grita, no se queja, no pide auxilio, y entre golpe y golpe, se hace más fuerte, ¡maldición!, que impotencia que me aqueja, ahora el que sobrelleva el dolor soy yo, me siento burlado por mi mente, y despierto sobre mi cama, llorando, con las narices empapadas de sangre, sangre (…) Mmm, me gusta su olor. Es hora de decretar una firme conclusión, basta con decir, que soy un psicópata natural, no me fió de mis principios, quizá debería asesorarme de un profesional en salud mental, pero (…) Ashhh me da pereza y no hay tiempo ni dinero. Pero me pregunto - ¿seré yo un asesino? ¿A qué clase de personas mataré?





