Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




martes, 27 de julio de 2010

Sueños con olor a sangre


Prometí nunca hablar de mis sueños, no despojarme de estos secretos pérfidos. Con voz estridente grito mi lamentable desventura irreal, en este mundo de los sueños soy tan cruel y tan activo, en mi canoa, al navegar por este lago de resquebrajadas ironías corpulentas, con mi remo, escarbo lánguidamente al yonki que se esconde tras el feo reflejo que observo en este charco mal oliente. Antes de diagnosticar mis aberrantes e inhumas pesadillas, solicito se me culpe por poseer la voluntad suficiente para evitar el acceso físico de estos degeneres atroces de mi consciencia.



Me dispongo a prepararme para dormir, realizo todo un ritual, una cadena de protocolos y formalidades, acciones que acompaño de un humor que varía según lo vivido en el día, horas previas a mi sueño. Dejo caer bruscamente mi cuerpo sobre el colchón, ubico una almohada y la cobija, me quedo con la mente en blanco unos cuantos segundos, y pufff, me levanto de improviso y me desprendo de mis ropas, pero, al apagar la luz, doy inicio a una travesía, de la cual, aún me encuentro desinformado. Me fundo entre las sábanas y adopto una posición de cadáver en funeraria –Jajaja- las piernas estiradas a lo largo de mi cama, y los brazos doblados, con las manos sobre puestas en mi pecho, y la mirada hacia el techo, que en realidad es una pantalla de estrellas luminosas, un prado de pastos blancos y fríos. Mis dedos Urdían al estar uno junto al otro, las vejaciones de mi mano derecha, incitaban a mi mano izquierda, para provocarme en vetustas condolencias de placer arcaico. Mi lengua también se encuentra inquieta, la desplego en un juego de conteo, con la punta de esta extremidad recubierta de papilas gustativas, acaricio y moldeo todas y cada una de mis piezas dentales, hago un breve masaje en mis dientes centrales, los más grandes, y pienso – Eh ave María, es tan relajante y patético a la vez, mucho desparche – levanto mis manos y sobo mi cabeza, con espesa atención a mi cabello, lo contemplo hasta ya casi estar dormido, seguido a eso, hurgo mis ojos y bostezo con una puntual indiferencia.



Mis párpados advierten que ya es hora de partir, de encomendar mi subjetividad en brazos de Morfeo. Padezco la verdad relativa de un sueño, y éste, se desarrolla así: Me encuentro con la mente descuartizada, y camino dando vueltas sobre un mismo eje, lamentando cada respiro, y memorizando cada detalle de la oscura habitación, en la cual, están posadas estas dos patas que me sostienen, conjuntamente me percato de estar vestido de negro, una camisa deportiva de mangas cortas, con bruscas líneas rojas, centradas en la zona abdominal; un pantalón y unos zapatos igualmente de color negro. Alguien destruye la puerta a golpes, y entra rápidamente, sólo puedo ver su cara y sus brazos, no logro observar su cuerpo completo, - es algo tan extraño - Este sujeto me toma por el cuello e inmediatamente da inicio a una carrera, en la cual el objetivo es matarme. Por la ventana y en medio de la discordia, alcanzo a ver un panorama obscuro, es una noche helada, un árbol seco sobresale en aquél paisaje, definitivamente es un horizonte sodomizado. En mi lucha por sobrevivir al brutal ataque, tomo un cordón e intento estrangular al individuo, lo peor del momento y que me hace sentir más repugnantemente débil, es que no sufre, intento asesinarlo en defensa y éste no proclama dolor, mis gritos secos, sólo alientan el poder de sus grandes garras, y su sonrisa de placer se convierte en símbolo de la incesante contradicción de mi desahogo.



Me pierdo en su mirada dominante, hambrienta de sangre, sólo mi cuerpo inerte podría satisfacer el descontrol de su aptitud desabrida. Este hombre podrido en maldad, me ha vencido, y al matarme, al sentir ese dolor tan agudo, despierto agitado y con todo mi cuerpo dormido, estoy enclaustrado en mi cuerpo, una prisión estrecha y sudorosa.



Reconozco y agradezco estar en mi habitación, inmóvil pero a salvo, confundido pero con la única certeza de saber que soy yo quién se despierta y continúo respirando, el maldito desgraciado que ha intentado asesinarme en el sueño, sólo ha conseguido rasgar las pobres mezquindades de mi alma. Con la sagacidad y astucia que caracteriza a algunos integrantes de mi familia, deduzco que aquél ser repulsivo y violento, es mi padre, esa criatura que aportó su ADN a través de una célula gameto (…) Cierro los ojos, me duermo al instante y despierto como si nada al otro día.



Después de atravesar una noche de componentes particulares; en mis actividades cotidianas, excreto una simpatía medianamente detestable, pero poco reprochable, hago todo con la misma naturalidad de siempre; pues sólo en las noches consigo reorganizar mis ya vagas identidades. Al llegar la noche, realizo el ya mencionado ritual con mayor destreza, de hecho, creo que podría hacer todo eso con los ojos cerrados. Al aparear mis parpados, me sumerjo otra vez en un espacio nuevo, desconocido y pavoroso; siento como brota el ánimo malgastar mis pocas dosis de moral que conservaba tras mis orejas, desesperadamente agredo a un individuo que apareció en la pantalla (aquello que creían percibir mis ojos). Intento controlarme, pero he de confesar que me sentía excitado y con favorable ansiedad de destruir al individuo vulnerable, pero no puedo, éste, es inmune a mis agresiones y ataques, no sufre, no grita, no se queja, no pide auxilio, y entre golpe y golpe, se hace más fuerte, ¡maldición!, que impotencia que me aqueja, ahora el que sobrelleva el dolor soy yo, me siento burlado por mi mente, y despierto sobre mi cama, llorando, con las narices empapadas de sangre, sangre (…) Mmm, me gusta su olor. Es hora de decretar una firme conclusión, basta con decir, que soy un psicópata natural, no me fió de mis principios, quizá debería asesorarme de un profesional en salud mental, pero (…) Ashhh me da pereza y no hay tiempo ni dinero. Pero me pregunto - ¿seré yo un asesino? ¿A qué clase de personas mataré?

miércoles, 14 de julio de 2010

Al ruñir mis imperfectos, tallé una mentira erótica (1ª parte)


Siento que casi puede violar el cierre de mi pantalón, ese rumiante pervertido, que fijó su impúdica mirada en mi fea y deslucida figura, una espalda y dos brazos tan delgados, que al medirme una prenda de vestir, ésta ostenta estar sujeta a un gancho de ropa; dos piernas tan pálidas y huesudas, que sólo compaginan con la costura de cada borde del pantalón, son extremidades tan consumidas, que carecen de velocidad y agilidad; y dos pies tan largos, que vuestros zapatos replican la función de las bofetadas burlonas que generan los calzados de un payaso. Así es como me veo, así me ven las mujeres, tan pobre de belleza, que no toleran una mínima expresión de seducción.


Pero esta rata me ha visto de forma diferente, bueno, no sólo él lo hizo; en total ya son cuatro, las vagas insinuaciones desatinadas e irracionales que he percibido de crudos humanos, propuestas incoherentes, que de manera objetiva o evasiva pude esquivar.


Ni agraciado, ni guapo, estas calificaciones nunca aparecerán en una descripción que corresponda a mi perfil; no cumplo con las normas, las líneas o las mediciones aptas para encasillarme en el nivel del prototipo élite. Escucho a mis compañeras decir, - “yo, quiero un hombre con pecho velludo, y piernas fuertes”, “yo, prefiero hombres altos, con buenas nalgas y con cabello rubio, acompañado de ojos claros”, “pero hay otras cosas importantes, yo deseo a un hombre con plata, profesional y de buena familia, que me cumpla algunos caprichitos (jajaja)”- Discusiones tan absurdas y petulantes, que sólo reducen la poca expresión de ego que habitaba en el fondo de este engendro descarnado. El esplendor de mis cualidades académicas, no basta para estas mujeres ambiciosas, por esta razón, me limito a escucharlas y condicionar mi cuerpo y mis ideales para alegrar las necesidades superficiales y plásticas de estas hembras tarambanas. Quizás concluyan casadas-cazadas o arrejuntadas con algún cualquiera de contextura normal, y belleza a medias.


Lo puntual de mi alegato, es, que cuando este hombre de ropas de marca pero mal vestidas, y de ojos de pichón de rapiña, me observaba y se deleitaba con mis ligeros movimientos, también limitaba mis pequeñas tonalidades de espontaneidad. Yo no consumía mis impulsos con alegría, no bailé, no sonreí, no permití darle motivos para sus malpensados ideales, no construí el descaro de retribuirle las aberrantes y obscenas manifestaciones de su enloquecida excitación, sólo procuré mantener la constante distancia física que nos separaba, para que no intentara alcanzar ofrecimientos verbales y me corrompiera con su apestosa candidatura.


Una cortina de parejas bailando, generó obstrucción entre las clandestinas miradas de este individuo, y mi exasperada ansiedad por evitarlo. He notado, que su mirada, está en busca de una repuesta íntima, ¿acaso este desmedido y libidinoso escombro de hombre, cree que mi identidad, mi formación, y mi ideología son tan débiles ante la pobre persuasión que ejerce tras la incesante tención de sus críticas morbosas?


Lo poco armonioso de sus acciones, son para mí, un leve respiro que me otorga dominación subjetiva; quizá, este personaje no posea la cordura suficiente para perforar mis cuestionamientos y avanzadas convicciones, este fino y mecanizado convivir, que me posiciona como dominante en las artes del convencimiento y la manipulación, demostrando y exaltando a la “dialéctica” como mi herramienta más exquisita. Esa posibilidad de desmembrar la ansiosa carátula de lujuria que aplasta sus vulgares facciones.


¡Hombre!, ahora siguen más preguntas, ¿por qué este pedazo de gente, cree o lleva al extremo sus indiferentes conjeturas?, ¿Este sujeto “x”, valida su hipótesis sin comprobar lo propuesto, basándose sólo en su observación arbitraria? No logro comprender lo básico de su desarrollo social, sin embargo, no puedo negar lo gracioso que me resulta su insensata ordinariez. Su actuar es tan torpe, que demuestra lo revocable y atrevido que sería escucharlo hablar, y adicional a eso, he concluido que goza de un grado bajo de embriaguez, lo cual me enfrenta ante un adversario en condiciones desfavorables para él, pero que para mí, resultan ser adecuadas. Podría decir que nos encontramos en un cuadrilátero de combate, donde se enfrentan, mis más intensos interrogatorios e interpelaciones, versus, las podridas, mañosas y maquinales demandas de un corrupto incontinente, con desviación en su objeto y objetivo sexual.


Continuará (…)

lunes, 5 de julio de 2010

Con mis secas acuarelas






La indecisión, un delirio seductor y despiadado, una marca que prevalece en relación a nuestras depresiones. No surgirá incidente alguno, en el que la certeza y la rebeldía puntual se fundan y compartan sus revestidos entresijos, al estar una sin la otra, se declaren en desdicha, se confiesen ser aliento y desaliento, razón y desacuerdo ante la otra.


Al final me voy quedando solo, sigo escribiendo y redactando alegatos tan absurdos y burdos, tan mezquinos y refutables, incoherencias de un trastornado como yo; una irrelevante verdad, que lo único que puede hacer es adherirse a las paredes húmedas de mi pequeña habitación. Textos tan fríos, poco estructurados, maquiavélicos, egocéntricos y rancios, dentro de una sociedad capitalista y escrupulosa. Genero combinaciones escalofriantes, pasajes literarios, donde el deleite sicópata de mis dedos, es el autor de los imprescindibles cuestionamientos y debates, que se forjan en la incesante capitulación de mi pobre intelecto. Mis exclamaciones prematuras, sólo certifican el devenir al cual estoy expuesto, las francas manifestaciones de adaptación por las que transito, y mi voraz exhibición carnal, en la cual me permito omitir las nervaduras del pensamiento colectivo y fálico, las coaligadas comprensiones del idealismo solitario que adquiero y preservo, que exclusivamente acelero, en una tracción dispareja y meticulosa.


No poseo idea alguna de que estoy expresando, letra tras letra, en un orden irregular y poco entendible, una inecuación atrevida que desprendo de mis groseras aseveraciones, un contoneo armonioso, un insinuante latir, un caprichoso coqueteo arcaico; el dialogo solitario al que se enfrenta mi protagonista es excéntrico, extraordinario e interesante, pero desluce en un breve rechazo, una exploración fatídica, comparada con la amarga decepción al saber que cuando partimos de viaje, aceleramos la descomposición de nuestro torcido y azaroso caminar.


Resulta fatal, acceder a las indiscretas pretensiones del pusilánime conflicto, que diviso entre la fausta mirada de mi rostro, y la próspera contracción de mis músculos faciales; puedo fracasar en la recreación de mis desventuras, o triunfar en una rápida transcripción de mis éxitos, la representación de mis irritantes privilegios, consecuencia de un status al cual he sido adscrito. El insólito arrebato de ira en el que he parido a estos fogosos manuscritos, es equivalente al insípido desespero que trasciende desde mi glorificada grandilocuencia hasta mi triste y pobre apología de contexto académico, un jocoso redicho, una locuaz animadversión de mi cotorreo y mi balbuceo.


Estas palabras, resultan ser ingratas para su autor, me comprometen en términos de una declaración convincente, una falsa audiencia, un sutil y conmovedor desahogo, característico de mi retraída imaginación; afirmaciones en reniego a mis necesidades, como una aclamada penitencia que destronará al censurado carácter que promulgo desde mis más profundas asaduras, benevolencias dogmáticas y rechifladas. Determino que la publicación de mis pensamientos, es peligrosa, me compromete en situaciones a las cuales nunca he sido expuesto o conferido, la temperatura de mis escritos, es de principios bipolares, un redundante contraste entre la perversa discriminación y la bondadosa aceptación de mis atractivas virtudes.


Intento cavar entre las explayadas líneas, pero sólo logro desenterrar una verdad irrefutable, un memorando a mis vínculos políticos, una invasiva conjetura, correspondida en las bajas rasgaduras de mi autismo pasivo; no tolero erradicar lo morboso u obscuro de mis cantos, la inquieta razón de mí existir, esa genialidad arcana, que postulo para defenderme de la soledad. ¿Por qué es tan difícil aclarar las elongaciones de mi vientre?, ¿Cómo es posible extenderse tanto al verificar una expresión?, ¿Cuál es la verdad oculta dentro de mis anémicos retazos de beatitud?, ¿Estaré siempre dispuesto a contestar y considerar oportunas las adversidades anexas al lustre de mi notoria efusividad?, no, no, no, no es admisible creer que poseo tal popularidad entre mis ideas, no logro adquirir una imagen del paraíso, el esplendor de mi novela es tan simple y común, que no existe remedio en ser expulsado de la lista de mis afanosos competidores, ya no soy un atleta en busca del edén, la inmortalidad de mi legado se retuerce entre la poca eficacia y nombradía de frágiles pergaminos. La reducción a la cual he sentenciado a estos desabridos tratados, dilata la crónica regresión que persiste en las malformaciones de mi memoria, párrafos de subjetividad maniática, un chiste de lo cruel y sencilla, que resulta ser la tortuosa o bienintencionada mañana de un sujeto distímico.