Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




martes, 15 de marzo de 2011

Entre la sincronía de la lluvia (3ª parte - final)


Después de un encuentro tan memorable como el que protagonizamos para una novela que nadie verá, encarnamos aficiones y fantasías compartidas, donde lo real de la situación empezó a ser más fuerte y egoísta que mi propia realidad. Disfrutamos de tantos momentos especiales, tantas odiseas dentro de cuatro paredes, enmarcadas por los melodiosos cantos de una regadera y, la mágica tiranía de sábanas blancas que después resultaron ser insuficientes para evitar que mis lágrimas cayeran ante la rebeldía de tu radical humildad.


El ritmo fue bajando… tus apariciones y nuestras reuniones se fueron haciendo cada vez más distantes, cada vez más sospechosas y calculadas. Lo inédito de nuestros placeres parecía cada vez más fingido. Los movimientos de tus labios se fueron convirtiendo en tristes cuotas, que sólo buscaban amoldar mis pulsiones para que retribuyera en mayor porcentaje cada expresión de cariño que dañinamente me mostrabas. La analgesia que incrustabas en mi pecho, pronto se trasformaba en una ardiente desesperación, tras cada palabra que negociabas con el viento, mi razonamiento se organizaba en nuevos mecanismos para interpretar lo raro y sutil de tus comentarios, pues, esas, tus palabras, en cada cita, contradecían lo distintivo de tu carácter, tras cada palabra, una sorpresa, tras cada sorpresa, un cuestionamiento y, tras cada cuestionamiento yo experimentaba angustia e inseguridad.


Pronto los talentos de mi psique se exteriorizaron y se difuminaron por el largo de mi cuerpo, las ideas primigenias de mi esbozo perceptual se coagularon en horribles tumores que adornaban la sinceridad de mi sonrisa. Inicialmente me descubrí con mis más sencillas preferencias, pero, debido al alto nivel de tus particularidades, me vi obligado a desatar mis otras capacidades, mis otras facultades, me vi sumergido en una contradicción, donde la mejor opción fue despertar la oscuridad de mis acciones y, actuar con escepticismo y cautela, con desenfado y tecnicismo.


Omitiendo totalmente el resentimiento de nuestras experiencias pasadas, y sin discusión alguna, le dimos veracidad a nuestras casi desenfrenadas ambiciones, carne más carne, júbilo más tensión y, placer más regocijo, construimos un ambiente de satisfacción y alboroto. Y sin obstáculo alguno, ejecutamos cada idea con comodidad, pero, con cada encuentro y tras cada paso, me sentía más indigno y desdichado, me sentía más frágil, creía vivir algo que no merecía, en conclusión, me sentía menos…


Dijiste que para ti soy algo que nunca encarné, dijiste que me concebías de una manera específica, me dijiste que para ti, yo significaba ciertas cosas, pero, también me aclaraste que todo eso era a tu modo, un modo muy distinto al mío, una semántica tan absurdamente diferente y desconocida; verdaderamente me pusiste a prueba, porque debía traducir cada frase, cada intención, cada escena era entonces ajena a la interpretación que yo le daba, o sea que yo estaba posado sobre una estancia de fantasía, entonces… yo simplemente vivía una historia con un único personaje.


Todo se redujo a un solo objetivo, uno físico, todo quedó compreso en unas cuantas horas de farsa y desahogo, quizá los colores de mi cuerpo se veían mejor de noche, y por eso, las noches se convirtieron en el espacio más idóneo para la unión de nuestro ego. Nunca me sentí como una prioridad o necesidad para ti, no tuve oportunidad de vivir esas palabras, no hubo lugar para que la confianza nos acariciara. No sé cuál es el costo de nuestra abrupta compañía, pero, a veces pienso que fui como la tierra, donde te recostaste, y al levantarte, encontraste que tu lomo estaba manchado de un polvo impuro y contaminado.


Después de algunos sucesos inesperados, mi esencia perdió el requisito que necesitaba para poder seguir fiel a tus deseos. La marca de una plaga que me atacó, fue suficiente para que te alejaras, fue suficiente para que desbordaras tu indiferencia y me desterraras de tu entorno, suficiente para que arrojaras al olvido cada estaño de ternura que increíblemente sucumbió entre nuestras pieles.


Nunca me cansaré de apreciar tu belleza, tu irremediable cordura y tu elocuente intelecto. En la casi perfección de tu persona, ahí me he fijado, tímido y temeroso de expresar mis aún crecientes e indestructibles sentimientos. Y aunque mi cuerpo y mi personalidad se están deteriorando más rápido que el promedio de la gente, mis trabajos y mis obras van cada día en ascenso, y en paralelo, mi cariño y mi “amor que no es amor” se hacen presentes en cada amanecer. Hasta el último respirar, y hasta el más profundo de mis suspiros poseerás el dominio de mis anhelos y mis sueños. Adiós.


Recuérdalo, siempre serás lo que desde el principio has sido…

sábado, 12 de marzo de 2011

En qué estaba pensando… en realidad ni eso hice, no pensé


Gran parte de mi vida, me la pasé castigándome por tener un cuerpo no atractivo, por ser un bobo condescendiente, susceptible, voluble, complaciente. Y ahora, justo ahora, cuando empezaba a sentirme más cómodo con lo que soy, justo ahora, el futuro se me derrumba y los escombros caen sobre mí.


“Algunas noticias te desangran el alma, te borran la sonrisa y te dejan un parche de borrachera sobre los párpados… pero, depende de nosotros si damos paso a una evolución maligna o benigna, según sea el caso, algo podemos hacer para mejorar las cosas, o para hacerlas más llevaderas”.


Mi espíritu y mi cuerpo a la par, han sido víctimas de una invasión imperceptible, la desdichada astucia de un organismo fétido y repelente me ha manipulado y me ha servido en lozas de baja categoría. Me enredé con una lacra de apariencias amigables, y en ese enredo, salí un poco perjudicado, pues, se redujo mi intelecto, y perdí fuerza en mis pretensiones, me sustrajo hasta la última gota de inocencia.


La desdichada irracionalidad que aún permanecía dormida entre mis ruidosas pulsiones, se despertó cuando esa ave de carroña se posó sobre mi pecho, me hipnotizó y sumado a eso me idiotizó para después, y lentamente, saborear y degustar mi pálido embeleso. Yo me sentí complacido, e incluso apenado, pero, sólo fue cuestión de unas cuantas sesiones para darme cuenta de la absurda realidad, un tanto bochornosa y particular, una triste y frígida realidad.


Accedí, como siempre metiendo las patas, jodiéndome yo solito por la ineptitud de mis prevenciones, se me fueron las de caminar y mi nombre se vio lucrado con una odiosa epifanía, con una maldición voraz y desgarradora. Hay guerra entre mis preceptos, busco no arrepentirme de los hechos, pero una parte de mí, desearía devolver en el tiempo y limpiar esa escena, desmontar ese paisaje y ubicarme en otras tierras, con ropas y vecinos diferentes, con ideas y ambiciones diferentes.


No estoy uniformado, y aún así hago parte de un ejército que lucha contra algo que no se puede ver, pero que se siente, contra algo que no discrimina y no abandona. Melodiosas evangelizaciones se escuchan al caer la noche, miles y miles de estrellas se reúnen para ver mis pataletas y para estudiar el origen de mi actual valentía. Pero, ellas, verán y descubrirán que la sinceridad de mis amigos me cubrirá de valor y cordura.


No sé en qué estaba pensando, creo que ni siquiera pensé, simplemente lo hice o dejé que lo hicieran, pero, ahora estoy pensando, estoy razonando y cuando nadie me ve, en medio de mi escondida soledad, hasta me pongo a rezar…