Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




martes, 28 de septiembre de 2010

Una "perrita" ineludible y caprichosa


Me despierto jodido en la gripa, esta pinche revolución de orgasmos nasales se ha fijado en mi prematuro madrugar, esta podrida indignación viral se ha corrugado y reducido a una extensa y maquiavélica expresión de síntomas. Es una perra sin cuerpo, una desgracia flexible, un mutante de rostro viscoso, un fetiche de ordinariez y atrevimiento. Me ha sentenciado a burla, esta maldita revelación de imprudencia y descaro, esta gripa lagunosa me ha corrompido y contaminado, me ha puesto en controversia y repulsión.



Abrazado a ella me contoneo por la habitación, me reparo en el espejo y me cubro de una cobija caliente de mis propias ansiedades. Pero desde ese preciso momento se la sentencio a la perrita esta, le juro que hoy no dormirá conmigo, la destierro de mi apariencia de gamín y la dejaré ahogarse en la ducha, aunque según dicen por ahí, cuando yo me bañe seguro que la tipa esta se aferrará más a mi organismo, - ésta si es mucha…-



Vomitando una palabra cada media hora, parpadeando y sufriendo al hacerlo, estornudando y descuadrando cada hueso de este esqueleto, así…Así me ha puesto la gripa, me ha convertido en un ente de dos patas, en una morcilla grasosa, en un cuchillo sin filo, en una botella sin licor, en una rata sin dientes, en un asiento sin patas, en una cama de piedra, en un globo desinflado, en una guitarra sin cuerdas… En fin, esta desgraciada me ha volcado y me ha sumergido en infantilismo fisiológico.



Después de desnudarme e ingresar a la ducha, esta gripa irreverente me ataca, generándome una compulsiva e incontrolable agitación, una serie de estornudos, una rutina de ejercicios perjudiciales, una coreografía tan impar y asimétrica, tan cómica y retorcida que me arrebata cualquier posibilidad de serenidad. Cuando logro controlar mi motricidad, me apresuro a las llaves y dando vuelta a éstas, autorizo el paso de agua, consiento la lluvia de líquido que me bañará y me abrigará con su fría realidad.



Me escapo del baño temblando y con la carne más pegada a los huesos, me descaro en acelere para llegar a mi habitación, para ver si dejo a esta perrita fundida en el aire, para que la humedad de la mañana no la fortalezca y para que no me acompañe al revestirme en estas ropas de alegría higienizada. Cuando entro en mi habitación, la gripa me demarca y se construye sobre mis contornos, se esquematiza sobre cada espacio de mi rostro y me dibuja una “cara” de becerro desnutrido, me doblega ante su voluntad y me impone las reglas de su jueguito mañoso.



La gripa es una malintencionada, es una aberración fetichista, es la mejor amiga del papel higiénico y de los mocos, es la comerciante más grande de los inviernos, es la precursora de situaciones incómodas, es la fundadora de penas y vergüenzas, de maquillajes y refranes, es un sadismo inapetente y desdichado.



Al encontrarme vestido y perfumado frente al espejo, noto como esta figura que acabo de construir se va deteriorando tras cada estornudo, tras cada succión que hago a esta sustancia pegajosa que intenta escapar de mis cavernas nasales. Mi decoración y mi ya pobre presentación estética se ven fragmentadas y sometidas a una burda posición, se ven oprimidas y suprimidas tras la tenue acción de los “síntomas de la gripa” - ¡perra!-



En mis manos envuelvo una cantidad exagerada de papel higiénico, lo guardo en los bolsillos del pantalón, me pego la última “sonada” antes de salir hacia la calle y me redimo a un gesto de conformismo y aceptación. Parto de mi casa con un acompañante entre mis ñatas, un mensajero que avisa a mis vecinos que hoy estoy de enfermo. Además, unos ojos apagados, una sonrisa que inspira llanto, y una nariz roja y algo irritada también se convierten en mi referencia personal, todo gracias a esta perrita llamada “Gripa”.

sábado, 25 de septiembre de 2010

El invaluable sabor de tus besos de lunes


En la naturalidad de mis anhelos, un beso representa la magnificación de mis gustos y placeres, una elección compartida que amerita detalles irónicos y delicados. Donde cambia el color de mi piel, donde mis lágrimas desembocan con ímpetu y alegría, allí, en ese lugar, en ese espacio de belleza voluminosa, en esa húmeda estación de viajes dimensionales, en esa máquina de encanto que se contrae y se dilata, en esa síntesis sensitiva que se reverbera cada vez que te veo, cada vez que te llamo y te recuerdo, cada vez que descubro la fragilidad de mis rodillas y la inestable rigidez de mis músculos, en esas ocasiones donde busco calmar esta sed de cariño que me invade, esta necesidad que me ahoga y me desnutre; por eso mis labios se excitan cada vez que muero para la sociedad y nazco para reunirme contigo. Tú, que eres mi empatía, mi pasión, mi lujuria artística, mi ley y mi delito.



Por favor déjame contarte la reacción de mis labios cuando se enteran que pronto estarán conjugados en los tuyos, déjame interpretar y dramatizar la locura que se fomenta entre mis labios cuando en medio de mi nerviosismo, se apoderan de atrevimiento y dominación para moldearse según tus medidas. En mi cuerpo todo trascurre con una particular emoción, con una hegemonía radial que se acumula en mis ojos y se escapa por mis poros, una continua revelación térmica que arrebata cualquier limitación que exista sobre mis labios, sobre estas represas de ocio y rebeldía, sobre estos cultivos de ansiedad y rudeza.



Y como lo has notado, me es imposible esconder la verdad que se evidencia en cada tonalidad de mis labios, esa verdad que me califica como un seguidor y víctima de tu elocuencia. Mi personalidad y mis apetencias se reducen al actuar de dos cúmulos de carne, se limitan al baile seductor de estos dos compañeros salvajes. Hasta mis agonías y manías se debaten en la conspiración de estas dos bolsas tonificadas, en estos dos cuerpos pintados de un rojo ambicioso, en estos hermanos que reconocen su juego y se añaden a la lengua para repartir emoción y efervescencia, antojo y coherencia, violencia y serenidad.



Permíteme confesar que vivo para dar gusto y placer a mis labios, perdóname por aceptar que me encanta regodearme y agasajarme de amor cada vez que me adentro en la perfección de tus labios, esos que ahora creo míos. Castígame si en lo intrépido de mis acciones te busco con impaciencia, por favor acúsame si olvido dibujar mi esencia en los bordes de tu boca, por respeto a mi locura, sacúdeme si muero probando otros labios que no sean los tuyos, por amor, búscame como si fuese una guaca para encontrar riqueza y consuelo.



Discúlpame si hablo de más, si cuento y recuento, si grito y detallo lo acontecido, si narro que nos hemos besado un sábado, un martes… pero que todos estos días guardan el sabor a tus besos de lunes, tan cálidos y finos, tan sinceros y únicos, únicos, así como tú y yo, así como la belleza de una selva tropical, como la belleza de un arrecife coralino, como la nobleza de un recién nacido, así nos construyo, en algo tan indescriptiblemente maravilloso, que me agita y me relaja, que me estimula para afirmar que todos los ángeles y figuras celestiales se carcomen de envidia por nuestros besos, por nuestro sello, por nuestra libertad y nuestro orgullo.



Corrígeme si me equivoco al decir que tus besos, que nuestros besos de lunes son la gloria, son el auxilio a nuestras penumbras, son la lluvia sobre el desierto, son el alimento para el hambriento, son tus labios para los míos.



Uno tras otro, nuestros besos se pintan tímidos y ardientes, sólidos y rítmicos, honestos dentro de un atardecer colectivo, donde trascendemos hacia un horizonte relativo, compuesto de todos los colores, todos nuestros colores, de todos los buenos olores, y enmarcado por nuestros sabores y nuestras más afables melodías. Cada beso de lunes, es como acariciar una obra de arte, como presenciar un concierto de silvestres y finos intérpretes, cada beso es recrear un ambiente místico y fantástico, es poseer vida y poder saberlo.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Muerte genital


Es necesario sentir esta mierda que me obstruye el ducto alimenticio, es justo navegar en la estupidez y la ignorancia después de creer estar en nubes de algodón con una aureola de corazones pendejos… ¿sí?, es admisible subsistir bajo una cadena de vagas, melancólicas e hipócritas creencias, cuando en realidad desvariamos en palabras sin fundamentos, nos abordamos con argumentos de frágil y cruel insistencia, cuando nos acariciamos con insolencias y conveniencias.



No sé, pero discrepo en asuntos de poca relevancia. Mis aptitudes resultan ser tan impotentes y básicas, tan irregulares dentro de una ética exacta, dentro de medidas subordinadas, dentro de un juego sínico y arreglado. Cómo revestirme y plantarme tras la gesticulación de una máscara invisible, transgénica, arrogante, anticuada, inútil, caprichosa, débil… Cómo esconderme tras una hoja de papel, tras un agregado de líneas cruzadas, tras estas letras de efecto somnífero, cómo maquillar los golpes en secuela de mi ascendencia hacia el espejo, cómo controlar la rotatoria e involuntaria curiosidad de mis ojos, cómo reducir la erosión que ataca a la superficie de mis labios, cómo sentirme tan menos desgraciado.



Aunque en un supuesto tenga “toda una vida por delante”, dejaré que lo improvisto me inspire, y sólo ocasionalmente me preguntaré si actúo en forma adecuada o indebida, sólo bajo circunstancias especiales seré capaz de preguntarme si el llanto y el desahogo hacen parte de esa laguna que infructuosamente intentaré llenar. Al meditar y tragar todas y cada una de estas maricadas que se encuentran sujetas a mis vellos, a mis lánguidas piernas, al distorsionar la ruta del debido proceso, al desbordar ironía y desacato, al rejuntar todo esto, me desanimo y me revoluciono contra el percibir y el trasmitir emociones, contra el sacrificar y el exponer burdas insinuaciones subjetivas, contra la dicha y la penitencia, me declaro en cólera, sosegado de coraje y decepción, de burla y desconsuelo, de cansancio y desgano, me descubro maldito y compreso entre las afamadas y bien narradas ilusiones ópticas, entre las atractivas y sutiles marcas de inocencia que sobresalen en el charco de míseras nauseas a las que estoy ligado.


* * *



Ahora me es necesario aceptar que lo más urgente es poderte olvidar, poder quitar esta crueldad que recubre mis pestañas, que se enmarca en mis párpados, este maquillaje que danza sobre mis pómulos. Deseo erradicar esta fricción, estas arrugas que dibujan gestos de odio y rechazo sobre mi rostro, pretendo convulsionar y reducirme a metamorfosis relativa, agasajarme de soledad y desconcierto, encerrarme en la lejanía de mis sueños y sofocarme con lo ardiente de mis fríos pensamientos.



No acostumbro a revelarme de una forma tan directa. Todo por debajo de cuerda, con astucia, con sigilo, característico de un estratega, un estratega que se jodió porque bajó la guardia, porque cambió su táctica, porque se apresuró y fue precoz en sus intervenciones, porque omitió el protocolo y porque se dejó invadir de absurdos sentimientos. En fin, una patética dislocación en mis parlamentos, además de un combinado de situaciones poco recomendables, bajo un contexto adverso y difuso, criticado y repintado de pecado.



La soberanía de mis piezas dentales se tambalea cuando recuerdo la corrosión en la cual alcancé a estar, la degradación intelectual a la que me sumergí cuando accedí a tus bélicos y pérfidos encantos. Nos convertimos en entes de selección y clasificación, donde ni tú ni yo, representamos cualidades preferentes al gusto individual, donde nos avasallamos en risas de encanto y traición.



En la psicología popular se dice que "todo pasa por algo", una definición bastante simple y en síntesis vacía, pero rescato que posiblemente todo esté premeditado por ese atrevido denominado destino, tan carroñero y rápido que sólo me basta conferirle rasgos de poder y desarraigo colectivo, me basta inferir que estas letras que ahora conjuro, son “cosa” del destino, que entre otras cosas, también podría ser llamado sabio, discreto y según lo vivido, también se adjudica el título de injusto.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Parálisis Verbal


Y qué hacer, cuando me encuentro sosegado y perturbado, melancólico y masturbado bajo la sombría tormenta de una luz artificial; qué hacer ahora que poseo coherencia y me doy cuenta del retraso que enjaula a ésta, mi memoria. Recostado sobre un mueble inherente y cabrío, una minuciosa idea de cantina, una clandestina creación de ruinas amargadas y salpicaduras de ocio y sopladuras.



La verdad de mis palabras, está implícita en la rebeldía de las arvejas, está inscrita en los profanados e imperfectos bordes de este cajón de frutas, una compañía con olor y juicio natural. En custodia del estúpido canto de dos pobres caninos callejeros. Libres en la inmensidad de su fracaso, a la margen de un pensamiento anticuario y caprichoso, es inevitable sumarle las cíclicas y retóricas envergaduras de odio y controversia que caracterizan a las ratas en protesta.



Allí, que en realidad es aquí, se encuentran desgastadas las ironías y sarcasmos que amanecen como saliva en unos labios sencillos y fulminados; dos larvas de mosca, rojas, secas, jugando a unir sus vientres para que en resultado de su flatulencia, demarquen palabras o símbolos con entristecida pobreza y podrida ignorancia, gases ennegrecidos que se reconocen como oraciones en un monólogo de toscas y excéntricas afinidades.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Entre la sincronía de la lluvia (2ª parte)


Pillarnos en un espacio limítrofe, organizar nuestra prematura entrevista entre trópicos de astucia, prevención y sorpresa, diseñar y exponer nuestras distintivas y arcanas habilidades en cacería, en sigilo y supervivencia. Todo estaba improvistamente programado, tan extrañamente coordinado y sincronizado que la duda y el escepticismo se plegaron sobre la rechinante palidez de mi estadística desactualizada.



Aún en el cumplimiento de mis obligaciones, recibí una llamada; se supone que debía hacerme el “difícil”, negarme en relativo hacia la propuesta de avistamiento compartido, confirmar el encuentro a través de palabras persuasivas, destacar lo interesante y misterioso de mi tan aplaudida y mítica oratoria (…) Pero se me fueron las de caminar y en acto de inocencia fingida, accedí total y someramente a la ya anhelada y caprichosa visita animada, me apresuré para medio pulir a esta lagañosa fachada, y sin más que hacer apurruñé mi lánguida postura para corroborar que estaba ligeramente presentable.



Extendí este par de largas extremidades, y salí apresurado en fin de ostentar puntualidad, cuando en realidad esta cualidad es de porcentajes precarios en mi mordaz, satírica e ingeniosa “personalidad”. Concluí con un oro en los doscientos metros planos, experimenté homeostasis y me sentí vivo, plagado de olores y movimientos involuntarios, contracciones torácicas, y baños de líquidos glandulares. Toda una fiesta sinfónica de placeres clásicos e incontrolables, de atractivas y polémicas aplicaciones biológicas.



Después de atravesar una vía de cálculo y reflexión, le comuniqué a mi subconsciente que se aplanara y se comprimiera ante el primer intercambio de palabras; ansiosamente clamé que se me atribuyera el dominio de la entrevista, el control de nuestro empalme verbal y la sutileza de complacer y “despistar” a mi contraparte que posteriormente se definiría como agonista o antagonista de la reunión.



En medio de mi patética, ridícula y tardía reflexión, conjuré la síntesis a mis contradictorias y anómalas posturas, y más que decidido, omití la inalienable razón de algunos escrúpulos, y así apropiarme de riesgo y atrevimiento, un par de sensaciones excitantes o también necesarias en la supremacía de los placeres. Con pequeño nerviosismo aplaqué las teclas de mi celular, y utilicé los símbolos arábigos que me permitirían un contacto sonoro con esa entidad desconocida, con aquella humanidad esperada. Contestó con agrado a mi llamada, se entretuvo haciéndome bromas irreproducibles y se fijó en mi corpórea existencia (de manera anónima y oculta). De improviso me llamó a gritos pausados y me citó hacia el extremo de la calle, donde yo como borrego despistado me arrimé en forma rápida y abundante, para darme cuenta que otra vez me estaba haciendo bromas; siendo sincero, ya estaba al borde de la esquizofrenia, aún resaltando lo cómico de la escena.


* * *


Seguido a las bromas y al encanto del misterio, me llamaste a 5 metros para oficializar nuestra audiencia, para confirmar las ideas que durante el día repercutieron en nuestras afamadas consciencias, para escanear nuestra apariencia y perseguir atributos en la inmensidad de nuestras figuras, que haciendo una anotación relevante, son bien agradables, seres de aspecto agraciado y cautivador. Te concibo como una criatura llamativa, alegre, bonita, sugestiva, hermosa, fascinante (…) Conceptos algo mágicos para referenciarte en un solo vistazo.



Te saludé cortésmente, y acompañados de un silencio urbano, nos encaminamos a un horizonte desconocido, partimos hacia un destino irreparable, el viento nos condujo hacia una ruta estrecha, pero adornada de paisajes coloridos, además partimos cargados de finas acuarelas para poner en práctica nuestras artes y agasajarnos con aquello que deseemos vivir.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Entre la sincronía de la lluvia (1ª parte)


Desvariaba, ofreciendo mi cuerpo a cambio de unos cuantos pesos, motivado y desdichado por perturbadoras anomalías de mi masa cerebral, corrompido por el impulso más crudo y fálico de esta cabría inocencia. Injustificado cada pretexto, cada argumento, cada balbuceo… Considerando que mejores y más reales soluciones encontraría en el repaso y comprobación de una sofocante contradicción, precipitando los componentes de esta solución capaz de dividirse en soluto y solvente, contornos de materia astuta e índice de un complot para revolarme y agasajarme con fétidos palabreos de guisos personajes.



Entre la burla, el exhibicionismo, la venta y la penumbra del momento, tú apareciste, con comentarios tan castamente articulados, con racionalización y controversia, ya que accedías a mis pretensiones, pero, evocabas y planteabas alegóricas iniciativas de consuelo, me requeriste para un servicio diferente, me concebiste como instrumento de labores más importantes que sólo desdicharnos en lujuria e hipocresías. Controlaste la desaforada sed de suciedad en la que me encontré somnoliento, desgarrado, carcomido y reducido a miseria virtual (muerte moral).



Descalificaste cualquier intención de cortesía morbosa, e hiciste que me arrepintiera de suministrar servicios sexuales a otros animales de aberraciones antiestéticas. Me brindaste teoría y método para poder salir del charco, para limpiar el barro de mis zapatos, para despojarme del almizcle pecaminoso del cual estaba a punto de empañarme; acartonado y subalimentado me contorsiono en busca de gritos reverberados, en busca de ilustres aclaraciones, en busca de cualquier alivio para un dolor inexistente, en busca de algo que nadie ha inventado.



Fundiéndome en la clandestinidad de tu nombre, en las inapetentes razones de tu arcana postura, en los profundos y característicos rasgos de tu rostro que aún no he visto, así me condecoro y me sumerjo dentro de un coaligado de conducta anónima. Presto a emerger en disputas filosóficas y redondeos de dichos fascinantes, donde la balanza del error y el acierto, son una mística relatividad en nuestros diálogos tempranos.



Nos embrollamos en conferencias cíclicas, donde una y otra vez pero con un cierto maquillaje, refutamos, afirmamos, debatimos, cuestionamos, comentamos, y complementamos ideas, para poder alcanzar un mínimo de verdad en nuestra incrédula franqueza. Acorralamos a nuestros pálidos temores, y nos unimos en un mismo preferente, en un mismo recorrido, monetizado por ralladuras de escepticismo y oposición, entre la réplica de términos halagadores e insinuantes. Peticiones escondidas, para dar final a la sarcástica timidez de mis oídos, para concluir con el tradicional escrutinio ético al que diariamente me someto.



El tiempo se agota y como lo había predicho internamente, me alegraste con una petición, una súplica formal para reunir nuestras corpóreas apariencias y hermanarnos en diálogos, acompañados por el instrumento más encantador y distintivo de nuestro ser, la voz, nuestras voces, nuestros discursos, nuestro incandescente aliento, uno ansioso por probar al otro. En introspección concluye nuestra conversa, y amoblamos el último lineamiento para citar lugar y hora del encuentro.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Fotografía en difusión


Me remito a la noche de ayer, y pienso en lo maravillosa y tranquila que fue, tan seductora, tan elocuente, tan detallada, tan placentera, tan sabrosa, tan rica (…) Atrayente en sus múltiples etapas, alimentándonos de una constante conversación, un baño compartido, unos besos humectados con pasión, efusión, emoción, respeto, dicha, cariño, etc.


Nuevamente te agradezco, y valoro tu paciente trascendencia entre un abrazo y un beso, entre una caricia y otra caricia un poco más profunda, entre observar y comprobar que lo observado es real, entre el sostener una palabra y construir otras sobre ella, entre pretender y acceder, entre respirar y suspirar…Gracias ______ ¡T.Q.M.! Me alegra tanto poder reconocerte, conspirar con tu piel, satisfacer algunas de tus necesidades, atribuirme la capacidad de generarte encanto tras el regodeo de un beso tras otro…


Aún existen muchas cosas por decir, pero las iremos expresando a pequeñas cuotas, para poder disfrutar aún más, y calificar en expectativa y entusiasmo.


Te quiero Mucho ­____, te mando muchos abrazos de oso e infinidad de besos de trompeta, por favor cuídate. Y como siempre seguiré pensándote, recordándote, extrañándote, anhelándote, construyéndote en mi mente con mucha más precisión.


* * *


Me reluzco en alegrías infinitas cada vez que te escucho. Hoy, dedicado inicialmente a los oficios del hogar -jajajaja- y como de costumbre juicioso con la tarea más agradable para mi ser (...) He estado pensándote, recordándote, extrañándote, anhelándote... acariciándome con las tiernas y pomposas epifanías que dibujas en mi mente; precisas festividades de regocijo y cariño.


______, me encantó la canción que te sirvió de instrumento para recordarme (...) Gracias en verdad, construyes un puente entre la creatividad y la imaginación, donde en un recuadro cariñoso, yo he podido representar dos figuras, dos cuerpos humanos, uno junto al otro, sin distancia aparente, omitiendo y suprimiendo cualquier limitación, apoderados de una permisividad tolerante para recorrer las apasionadas formas de sus cuerpos, y alimentarse del dulce sabor de sus labios...también los he nombrado y les he adjudicado rostros, nuestros rostros, nuestras acciones...______ te agradezco cada palabra. Vos, cada día más hermosa, más pulcra, más pulida...


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Te saludo con gran empatía y te susurro con alegría lo dichoso que estoy al recibir tu mensaje, aún siendo cortico, lo adopto como una emancipación de tus deseos más predilectos y contenciosos. _______ Así como siempre te digo (_______), me caracterizo en un papel de justo orador y me dispongo a componerte melódicas y anónimas pinturas, reposando y explorando en los retazos de nuestra breve coexistencia.



Retomo algo que ya he dicho y reflexiono al respecto: me siento raro escribiéndote estas cosas, no sé cómo las recibís, no sé qué cara hacés, no sé si tus cejas engendran una expresión de agrado o desagrado. Sólo contemplo la magna respuesta a la que ya me tenés acostumbrado, cada mañana madrugando a revisar el correo (ehh tampoco así de adicto jajaja), en verdad no me empeño en desplazar tu recuerdo, al contrario, intento cada vez estar más lúcido y coherente al tallarte en mis ya misteriosos pensamientos.



A veces pienso que sólo me queda tu reflejo en la intimidad de mis pupilas (...) Que ya no volveré a verte, casi no encuentro consuelos, pero me animo al pensar que la historia se construye de dobles diferentes y semejantes, de intuición y lógica popular, o en otras palabras, que las cosas hay que vivirlas y despojarnos del pérfido encarcelamiento moral por parte de la sociedad, y excitarnos con lo prohibido y oculto, así es más rico, más humano, más significativo.


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Medianamente logro hacerme entender, pero para mí es todo un orgullo y un placer, saber que dispones del tiempo necesario para saturar tu consciencia de mis lánguidos escritos. Me contraes en explicaciones atípicas, me liberas en la amplitud del controversial estilo satírico de mis labios, _____, sacias las metafóricas declaraciones de estos huesos llamados "joseh Ace" (te confieso que a veces ni sé que escribo, pero sé reconocer el estímulo, el origen o punto de inspiración; que en este caso, y de forma transparente me atrevo a decir que sos vos).



Cuando te dirigís a mí, podés decir sólo "hola", pero me limitaría y actuaría como un sicofante, si te dijera que no es suficiente. Cuando, con sólo ese "hola" inyectás alegría y júbilo en la figura abstracta de mi esencia. ______, yo (...) Aún intento explicar la razón de tu admirable deseo de vernos, espero que eso que ves o percibes, sea constantemente nutrido por apreciaciones relevantes.



Te agradezco cada palabra que exhalas para contribuir a esta comunicación bienaventurada. Añado que "te admiro tanto, poseés carácter y supremacía en muchas áreas (incluyendo espacios virtuales y absolutos), eliminás la brecha entre lo requerido y lo que particularmente desea el ser humano".


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Atenuando siempre a la consagrada discrepancia y modestia de la noche, te incluyes como un ser hermoso, bajo un contexto reservado, bajo una pureza intrínseca (...)