Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




domingo, 23 de enero de 2011

Supresión en tres colores


Dónde podré encontrar ese trampolín que tanto necesito, cómo demarcar los bordes de una cancha en la que no me dejan jugar aún, por qué cerrar los ojos y dejar que simplemente me golpee sin objeción alguna. La hora ha llegado, el juicio ha comenzado y, la sentencia está casi escrita. No es tarde para recapacitar, pero, no es necesario hacerlo, sólo debo capacitarme y demostrar lo audaz que puedo ser, lo instantáneo y creativo que puedo llegar a ser. Mis intereses se bifurcan a través de varios senderos, varias opciones de distintos colores. Puedo imaginar vivir así o asá, recordar cómo perdí mi madurez, y reconocer que cometí un error muy grande, pero me voy a dedicar a aplanar la trocha que hoy empiezo a transitar. Diría que aún me queda una oportunidad, pues sé, que mi condición revela una ingenuidad aparente, despierta emoción y contagia sensatez, mi despavorido intelecto despierta confianza y respeto en otros, construye narración de un pasado agradable y discreto, algo modesto y atractivo. Pero las puertas de un buen futuro no se me han cerrado para siempre, las ventanas de mi cuerpo aún son iluminadas por el sol de ese mañana que alcanzaré sea como sea.

Nadie vive en mi memoria, más que mi madre y mis adeptos, dirían que mi estanco emocional solicita reinauguración y remodelación, pero, yo argumento que prefiero desmoronar mis pasiones antes que desarrollar perdición y fracaso sensorial. Ando fatigado de tanto tragarme mis palabras, de tanto tragar sin reproche las voces de otros que me han manejado, esos que fueron la alegría de aquellos tiempos, que se han marchado sonrientes pero con el alma muerta de tanto renegarse. Las tapias de los cueros donde mi cabeza fue batida por el viento susurrante de otros cuerpos, me arrastraron hasta la orilla de un silencio penetrante, en casa de criaturas dominantes, en casa de experiencias subyacentes al llanto.


Adolorido de tanto pensar en qué hacer con esta vida, así he pasado por las puertas de una historia, una estancia donde me regenero y me alimento, donde el bullicio se alojaba en el calor de la estrecha realidad que se pintaba en una casa, un mural de razones incongruentes, de ficción y de entusiasmo deprimente.


¿A qué quiero llegar?, ¿Qué estoy alegando o cuáles son mis fastidios?, estas son las cosas que me pregunto cada vez que murmuro frente al espejo, odio tener que escribir todo lo que siento, bueno, aunque en realidad lo que plasmo en estos textos no es ni la más mínima parte de mis conflictos, me faltarían dedos para poder describir mi vergonzosa antipatía. A veces son de un color, a veces de otro, en ocasiones doy de esto, pero en otros momentos me limito y sólo doy de eso, o quizá en algunas circunstancias muy especiales y bochornosas, doy de esto, de aquello, y de eso otro.


Cómo evitar esos momentos compartidos, lo falso de aquellos días, cómo pedir perdón por acciones ajenas, cómo decir adiós sin dar explicación de mi partida, irme así no más, sin avisar o levantar la mano para minimizar el dolor… dolor que se combina con intensidad y desprecio, con inseguridad y contradicción. Una polémica dependencia, un fracaso de dos caras, y un debate a tres colores, son la magna redención de un sueño incinerado entre la gerencia del ayer, el hoy y el mañana.


Mi fanatismo idealista será concretado en sesiones de introspección y autocrítica, en exposiciones de humildad y arrogancia, en trabajos de apoyo y abandono, y mi lirica simpleza será remojada en el charco de mis triunfos.

Necesidad, depresión y desesperación


Si no creyera en lo que grito, si no creyera en mis conflictos, si no creyera en mis espectros… Nada valdría la pena, todo sería un montón de lenguas mojadas con el sudor de la pereza.


Estoy cansado, no puedo seguir viendo cómo mi madre se mata por conseguir dinero para cumplir con mis obligaciones. A mi edad, ya debo asumir ciertas demandas, ya debo satisfacer mis propias necesidades, y no seguir esperando a que mi progenitora se encargue de eso, a ella le queda muy duro. Ella no tiene porqué hacerlo, las cosas que me conciernen deben solucionarse rápido, y creo que sé cómo hacerlo, creo saber cómo rellenar esos espacios, creo saber cómo llenarme los bolsillos de ambición y sacrificio.


Me duele ver a mi madre reventar de dónde no hay modo, para saciar los requerimientos de un hogar al que ha levantado sola. ¿Por qué es tan difícil ser lo que se quiere? Bueno, no poseo belleza alguna, pero creo y confío en que mi cuerpo será de ayuda en esta tarea, conseguiré lo que hace falta a costilla de mis costillas, con el sudor de mi cuerpo y la eyaculación de mis excentricidades. Me contaminaré con otros cuerpos, pero valdrá la pena, así podré rendir cuentas y abonar a la deuda, abonar a mi deuda. Quizá así deje de escuchar a mi madre quejarse y estresarse por la falta de dinero. Quizá pueda hacer realidad las apetencias de mi hermano, darle gusto en sus caprichos de niño, alegrarlo en sus curiosas atenciones, aportar para que se forme como un ciudadano ejemplar, tal como yo prometía serlo, pero, me convertí en todo lo contrario, un mediocre de estupidez desbordante.


Conozco personas que hacen de fiscal y juzgan al que se prostituye, pero, yo no me acerco a esas personas, ¿cómo podría juzgar y señalar a un oficio que yo también estoy dispuesto a ejercer? Describo desde lo profundo de mi ridícula existencia, supongo que pienso demasiado para llegar a conclusiones o ideas tan pobres. Solamente desnudaré mi cuerpo frente a otros, sólo mi piel será descubierta, puedo ser lo que esas personas deseen que sea, con tal de recibir una remuneración proporcional… con tal de recibir un “apoyo” pecaminoso y lujurioso. Sé que no tengo perdón, pero es evidente que estoy perdido en este trozo de mierda al que llamo sociedad.


Tomaré el último respiro y me sumergiré en el desconsuelo de un abismo pertinente y malicioso. La perversión es una herramienta que recubrirá todo el ancho de mi moralidad, y así, seré más complaciente y servicial. La idiosincrasia que se populariza entre mis asechos, se ve plagada de morbosidad e ignorancia, se ve saturada de indecisión y depresión. Puede que esté errado, es posible que las opciones que hoy planteo, sean sólo un estallido fugaz e irrelevante, hasta sea posible que no inicie mi carrera en la exhibición de este cuerpo, un karma de medidas poco atractivas, pero de riquezas inmensamente valiosas, ya que la pulcritud y la higiene son conceptos que están eternamente ligados a mi indolente motricidad.


Estaré acompañado en todas mis actuaciones, la soledad jugará y bailará conmigo, ella y yo cumpliremos las ociosidades de la clientela, mostraremos y moveremos todo tal cual lo pidan, viviremos noches muy trágicas, pero también descansaremos al recibir nuestra paga. Nadie nos cuidará, y cualquiera podría ser nuestro asesino. Disimularemos la repulsión que nos generará estar sometidos al fetichismo de esas gentes.


Seremos un cautivo entre cadenas, seremos doblegados y pasmados ante la crueldad de las críticas y el despecho, ante la crudeza del rechazo y el abandono. El descaro será nuestro seudónimo, y la mendicidad nuestra realidad, rezaremos para que nos pidan, y por eso pediremos, negociaremos el valor de nuestra intimidad y nuestro aliento. Cada sonido que expidamos, de placer o de gula, de dolor o de auxilio, cada gemido o cada llanto, serán archivados en la rudeza de la noche, serán olvidados en la veracidad del ayer, en el historial de una memoria agrietada.


Nuestros andares serán vistos por mi alma a través de la culpabilidad. Mi alma, desde el misterio de la oscuridad, engendrará insultos con voz aguda, se demacrará rogando por mi orden, pero no puedo obedecerla, sólo puedo ser fiel a mi traición, a mi yugo y a mi sed. Somos, mi soledad y yo, un par de vendedores que no se dejan ver, pero que reparten su libertad a través de inmundos hospedajes, que reparten su bondad entre camas y sábanas manchadas.


El silencio será nuestro talento, ser condescendientes y accesibles será nuestro objetivo y, ser manipuladores y sagaces será nuestro reto, aún después de incinerar nuestra inocencia.

Madera de una flor


Ahora que mi corazón es de piedra, tú has dejado advertencias para quién desee volverlo carne, con petroglifos anuncias que el amor ha muerto en mis entrañas… El arte con el cual me silenciaste el alma, está descrito en las muchas arrugas que se apoderaron de mi rostro, el talento de tu palabra se evidencia en la verborrea de tus manos, y mis penitencias dan razón de tu dominio y tu cordura.


Mi respiración y el movimiento de mis globos oculares son mucho más intensos, la erosión y la palidez de mis labios son costumbre de todos los días. El intelecto que me caracterizaba, se fue de noche y no volvió jamás. Ya no puedo vivir, ya no puedo soñar si esta cruz me sigue tallando la espalda. Aquí se formó la banda que acompañará al rumbón de mis ingenuidades, baile y licor para todas mi decepciones, y además, ritmo para gozar el velorio de mis ansiedades.


Le hice trampas a la verdad, imitando la actuación de tus halagos y centrándome en comprender tus intereses, pero, fue un desafió superior a mis capacidades, pues, me faltó experiencia e instrucción, me faltó malicia y egoísmo, me faltó engaño, pero me sobró algo que los otros seres llaman amor… Amor que así como surgió, así se extinguió, amor que sentencié al destierro y al entierro, un sentir que fue anulado y sólo quedó impreso en las maldiciones que arrojé sobre mi nombre.


En mi vejez (aunque no aspiro llegar a ese estado), las canas serán más blancas, ahogadas en la relatividad de mis emociones, serán más bruscas y densas, más tensas y pesadas, más frías e inexpresivas.


Ahora que mi cuerpo es de piedra y de hielo, además de algunas costuras en madera vieja y podrida, desearía dormir para nunca despertar, recostarme, para después ser suscrito a una porción de tierra en un barrio al que le dicen cementerio… Si fuera polvo, nuevamente estaría debajo de los zapatos de esos seres plásticos y corruptos, nuevamente sería arrastrado al son de visiones herméticas y siniestras, nuevamente estaría a merced de seres antagonistas a mis juicios.


Mi cordura es como una sonrisa sin dientes, así es, igual a un perro sin olfato, semejante a una escultura sin admiradores… Así es mi despertar, como reír en medio de una saga de ironías y mentiras; así es mi amanecer, como la vida de una paloma sin alas: oscura, marchita, iracunda, y desconcertante. No hay episodios cómicos, sólo cizaña y vagabundería, sólo capricho y desazón.


He decidido morir, ya que nunca he conocido la piedad, y por eso quiero verme borrar de este dibujo mal hecho. Quiero y pretendo donar mis huesos a esta tierra que tanto los necesita, necesita abono y comprensión, apoyo y redención para olvidar que todo se está perdiendo y, que lo poco que queda en buen estado, hace parte un grupo reducido de narcisos bulímicos.


No tengo rencor, pero sí poseo dignidad para aceptar que soy un lunático detestable, pues, a ésta, la luna, mi compañera y mi consuelo, le dejo todo el volumen de este triste y frío corazón, que siendo de piedra se hace más frágil y endeble, más voluble y delicado, más radical y menos humano.

Antología irascible


Al interior de una ciudad, se levantan estructuras de visión desordenada, de estética y redundancia económica, de ahogo y desahogo estridente. Bajo la tierra que hoy ya es asfalto, se encuentran las ruinas y el éxito de un ambiente que fue próspero hasta que la extinción y civilización del ser al que hoy llamamos hombre, se fundió con el carbón de sus raíces en el rojo de una hoguera.


El negro orgánico de una memorable epifanía fue escondido bajo el gris oscuro de una tela rígida y masoquista, bajo la cortesía de otra madre que hoy sostiene a los transeúntes que viven en la indiferencia, a los cuerpos que están alejados de sus almas, y a las almas que lloran para poder ganarse o poseer un cuerpo.


La tierra no discrimina, la tierra no reprocha ni se queja; ella sólo acepta y contempla en silencio la destrucción de sus entrañas, acude a nuestras necesidades y sacia nuestras ambiciones, no cobra un precio justo, sólo aporta sin recibir algo bueno a cambio. No hay reciprocidad en nuestra relación, no somos justos o tolerantes, no calculamos nuestra mierda, y simplemente carcomemos la serenidad de un vientre noble.


Esta madre clama gratitud, clama decencia y respeto; se desdobla en busca de responsabilidad y fidelidad, se contrae y se dilata para minimizar el dolor que le deja la tala y la excavación, la succión y la inyección. A diario soporta las atrocidades que se confabulan entre sus extremidades, las masacres y los destierros anómalos y patológicos… Siente como su sangre es contaminada o extraída para satisfacer y agilizar la creación de viscosidades y olores repugnantes, que posteriormente serán vertidos sobre sus venas como un castigo a su diligencia y su servicio.


Como bestias sin control sobre sus esfínteres, así parecemos, tan sucios y cotidianos, tan descarados y sínicos, tan infra gantes como un ladrón en un plaza pública, tan osados y malignos como una caries sobre el blanco de nuestros atrevidos colmillos.


Sé que en las noches en este cielo apestado de luces artificiales, ella se trasnocha buscando alguna llave que la acerque al poder, pues sabe que ese día vendrá… Cuando sus dulces hijos a ella regresen con humildad y abandonen el campo de batalla donde edifican sus miserias. Nunca su odio ha sido tan fatal como para desmoronar sus esperanzas. Sí, alguien la ayudará, sólo debe saber reconocerlo, paseando su vista por la intimidad de un bosque virgen, sólo allí encontrará la magia que al igual que el mal, siempre existió, para equilibrar la armonía entre los seres. Su sueño es devolver el sueño de aquél que juró siempre amar, recobrar y reencontrar la razón de nuestras intrépidas e irrelevantes vidas.


Hay palabras que nunca se han olvidado, y promesas que nunca serán una realidad, detrás de una pared se convertirán en amistades del destierro y el olvido. Entre la carroña y el ponche, la veracidad de nuestras acciones se convierte en chistes antipáticos que solamente desvirtúan la intención hipócrita de sonreír para vender imagen.


En las angustias de esta tierra, se ven reflejadas todas nuestras cagadas, todas y cada una de nuestras estupideces y rebeliones absurdas, ella no quiere seguir jugando a lo inadmisible, besar las plantas de unos pies desagradecidos y traviesos. Multiplicar los beneficios que deja el destino, es una tarea que agota y deprime, la muerte es una cuota que se debe recibir cuando se está en proceso de cambio, el desplazamiento de nuestros intereses es un hecho y, el entregar sus talentos al enemigo, también es un hecho que merece meditación y reflexión.


Ella nos presta sus alas, a veces sin advertencia alguna, sin limitaciones o intereses, vivir es una tarea que algunos vemos un tanto difícil, pero es por nuestra desnaturalización, por nuestra irremediable destrucción genital, por nuestro egocentrismo campirano y popular. Supongo que no tengo respuesta a las preguntas que arroja el mal estado de nuestra madre tierra, pero cuando nadie lo ve, sus emociones son exteriorizadas a través de la belleza de sus campos, la inocencia de una masa terrenal absolutamente santa y solidaria. Puedo hacer o no hacer… Pero, como dice Paz Martínez: “cuando yo te abrazo, no te abrazo solo, te abraza conmigo una eternidad, te abrazan los valles, las montañas y los vientos, las barras del campo y el olor del pan…”

Génesis de un sarcasmo


¿De dónde nacen? ¿Desde dónde viajan para llegar hasta mis mejillas y recordarme que soy vulnerable y delicado?... Y no me refiero a su origen físico, me refiero a su génesis emocional, a su verdadera concepción. Expulsamos lágrimas por innumerables cuestiones, desde una simple alegría hasta la más irremediable decepción. La tristeza y la frustración se combinan para engendrar y parir a estas muchachas de cuerpo transparente, que en las mujeres se funden con el maquillaje para tornear sus pómulos con el recorrido de éstas. En el rostro de los hombres, generalmente se esconden tras el rojo de unos párpados melancólicos e impotentes. En la mirada de un niño, se puede observar la magnificencia de éstas, la grandilocuencia y la anónima soberanía de unas lágrimas más brillantes y descomplicadas, más efusivas y gritonas, más abundantes y rápidas, más fáciles de calmar, más finas y limpias… Las lágrimas en un niño son tiranía y desconsuelo por algo que es irónicamente crónico o pasajero.


El rechazo es culpable de muchas lágrimas, la inocencia y la ingenuidad también son portales que utiliza la realidad para extraer lágrimas desde el poso de nuestras contradicciones. La realidad nos golpea tan fuerte, que es capaz de bordear ese lago donde están sembradas nuestras lágrimas, la realidad las abraza, las enternece y las domina. La realidad oprime nuestros ojos, hasta ver que de éstos, se desprenda una gran cantidad de lágrimas, como si un martillo fuese violentamente agresor de una naranja.


La felicidad y la rebeldía son también funcionarios que agilizan la marcha de lágrimas sobre nuestras bien hidratadas sonrisas. La euforia, que en algunos casos es prematura y contagiosa, es una herramienta multiforme que se convierte en polvo para estimular la expulsión de lágrimas a través de nuestros expresivos ojos. La fantasía y la exaltación de algunos sentidos, también se convierten en origen de estas señoritas caminantes sobre un campo de rojas superficies.


Los fantasmas del pasado se cuelan entre los pensamientos del presente para ejercer presión sobre nuestra irreverencia y así clamar la encarnación de celestes acompañantes, lágrimas de colores indivisibles, lágrimas de cuerpos seductores y tiernos, de rostros invisibles y de caricias ásperas e indomables.


En lo más oscuro de las alcobas, un gemido o una carcajada son el prólogo de una lágrima. Un tecnicolor de acción y omisión, de salsa y capricho… Un aviso de rezos significantes, de signos consagrados en explayadas bendiciones de júbilo y tertulias amañadoras. El autor de tan magno accesorio, no es más que un juego de emociones y risas, de reflexiones y ruina social, de simplicidad y anómalas reducciones.


Aunque digan que una lágrima es como un soponcio, sí, una sopa cacofónica y ridícula, para mí, una lágrima es la prueba de nuestra decencia, es la huella de nuestra humanidad y nuestra sinceridad, una lágrima es la excreción de nuestras más afanosas e inquietas apetencias, de nuestras virtudes y necesidades. Una lágrima es amor y elegancia en una dosis personal. Una señorita de éstas, es motivación y gloria, es una trova que toma lugar en el espectáculo de nuestras pasiones. Un profeta que anuncia suspiros y contrastes, que despide y recibe amistades, que felizmente celebra o amargamente olvida amores… Una lágrima es naturaleza sin concepto o tamaño, sin límites o amantes, sin poetas o defensores, sin víctimas o victimarios, sólo posee una lista infinita de seguidores agradecidos. Por eso afirmo que quien niegue o repugne a una lágrima es un modorro mentiroso. ¡He dicho!

Cuando anochece bajo mis cabellos, un asesino nace para jugar en la esquizofrenia


De qué me vale ser hipercrítico, cuando la necedad y la rebeldía imperan sobre estos hombros, cuando poseo un carácter irascible y voluble, cuando soy una mancha entre las deformidades de un sucio cojín. Me es imposible eludir las magnas y dominantes satisfacciones de mi padre, cuando a éste obedezco sin reprochar o alegar, cuando inhibo y extingo mis mandatos salvajes que internamente me humillan para que no cierre la boca y promulgue insultos indiscriminadamente.


Incidentalmente me dejo cautivar por el paisaje de estos campos, cuando vamos a recoger la cosecha que emerge de los frutales de una finca distante, me dejo llevar por el contraste entre verdes y rojos apasionados, entre verdes y esos amarillos coquetos, entre verdes y cientos de tonalidades brillantes. Entre la naturaleza y el filo de mi machete, entre el sudor de mis mejillas y el rugido de mi estómago tras no haber probado bocado.


Confieso que tras los insultos que constantemente recibo de mi padre, el deseo de utilizar esa macheta con otros fines adicionales al de deshierbar y abrir camino, se hacen cada vez más intensos, porque también podría con ésta, retirar ciertos obstáculos o trabas que limitan mi camino… obstáculos de dos patas y de boca sucia, de groserías delirantes y parlamentos desafiantes.


No soy una posesión a la cual él puede mandar y tratar como se le dé la gana, ya no soy un chiquillo y ya me estoy hartando de tanta mediocridad en mi crianza. Tengo mi voluntad desgarrada y mi autoestima por el piso, estoy bajo mil capas de tierra, aún cuando ando por las calles como un hombre del común. Necesito redimir tanto sacrificio, compensar mis angustias y mis debilidades. ¿Y cómo lo lograré? Admitiendo mis otras extensiones mentales, mis muchas entidades e identidades psíquicas; al hacerlo, mi consciencia quedará estupefacta, pues ya no será ella quien se doblegue y se constriña bajo los mandamientos de mi padre. Ahora habrá un sujeto diferente para cada momento, en cada episodio nacerá una mente distinta a la anterior. Mi alma experimentará un cambio mórfico, mi alma se sacudirá y dará vida a nuevas actitudes. Existirá un nuevo protagonista en cada respuesta, me apropiaré de innumerables definiciones para poder declinar la escasa y pérfida superioridad de mi padre.


He abierto la cerradura. Ha llegado el momento de revolucionar mis dogmas y mis principios, es oportuno que mis manos se inunden con sangre… Sangre que se derramará de la herida que dejará mi puñal sobre su pecho. La desazón y la frustración serán el combustible para mis armas. Asumir este rol será todo un reto, y con esto, me refiero al hecho de matar y anular la existencia de cualquiera que ose reprimirme. Empezaré arrebatándole la vida a mi padre, y espero no tener que continuar con más personas, aunque sé, que llegará el momento en que tenga que acabar conmigo mismo.


Apaciguar su respiro me dará alivio, me dejará descansar y acrecentará el gozo entre mis pómulos. Involucrar mi lado oscuro con la necesidad de romper algunas ataduras, será una tarea algo tediosa, ya que al dejar en libertad mis otras entidades anímicas, los deseos de éstas, actuarán como un sedante para mi apedreada moralidad. Un flujo de sonrisas sospechosas será la única compañía para la sangre, que como ya dije antes, brotará del pecho de mi padre.

El poder de la cobija, de la mía o de la tuya…


Cómo detesto recostarme sobre mi cama y no poder conciliar el sueño, cómo odio ser tan caótico en las noches, cómo aborrezco que mis párpados superiores estén en discordia con los inferiores, cómo me aburro cuando no logro alcanzar un descanso pleno, cómo ansío que mi cobija aún me resguardara de la melancolía y la depresión.


Aún recuerdo cuando en las noches en que sólo me acompañaba la oscuridad, tú, mi cobija, estuviste allí cuidándome, protegiéndome de mis miedos, alejándome de lo desconocido y peligroso, fortaleciéndome y marcándome sobre un colchón de carácter hostil e inflexible. Es un recuerdo que repaso con gratitud, aquellas noches de lluvia en las que me brindaste calor y ternura, y aquellas noches de verano en donde aún con la temperatura al límite, yo no renunciaba a tu compañía y aún acalorado y todo, te extendía por todo el largo de mi cuerpo. Gracias, pues ocultaste mis llantos y secaste mis lágrimas, las recibiste con agrado y comprensión. Me abrazaste una y otra vez y te dejaste moldear por mis impredecibles movimientos en la cama.


De niño me empujaste a la risa y la serenidad, me apoyaste en los momentos de ahogo tras el temor y la curiosidad, pronunciaste conmigo todas las oraciones que dedicamos a nuestro señor, me cubriste cuando no deseaba que el sol arrimara a mi cara, y me escondiste cuando quería desaparecer tras algún episodio tortuoso… Definitivamente fuiste la defensora de mis frágiles necesidades, fuiste el filtro que me resguardó y sólo dejó pasar lo que necesitaba, sólo dejaste pasar ese elemento que me inspiraba, sólo dejaste pasar ese aire que garantizaba mi bienestar. Nuevamente gracias.


Como la más fuerte de las barreras, como la armadura más eficaz y delicada, así te recuerdo, tan comedida y versátil, tan poderosa y dominante frente a mis miedos, tan amorosa y coqueta, tan alegre que hacías de mis traumas un juego de chicles para masticar. No me cansaré de decirlo, ¡Gracias!


Pero ahora, después de dejar la niñez atrás, ya no te veo con los mismos ojos, ya no te percibo como la guardiana y protectora de antes, ahora sólo eres para mí un trapo más que cubre mi cuerpo para evitar que mi piel quede al descubierto. En ocasiones ni requiero de tus servicios. No existe más utilidad que usarte en las noches que se apagan con el frío. Esa es la verdad, ahora ese es tu significado, una porción de tela que me acompaña por simple tradición.


Reconozco que he cambiado pero, quiero hacerlo de nuevo, volver a distinguirte como esa muralla que me protege de los extraños, que me sostiene en armonía y que me calma cuando experimento angustia. Desearía que desaparecieras la obsesión y el estrés por los cuales estoy atravesando ahora, en verdad desearía que facilitaras las cosas, que hicieras de mis noches un espacio para el sueño y el relajamiento, y no una batalla contra el insomnio y la ansiedad. Regresa para que juntos reproduzcamos las noches en que con una sonrisa sellaba mis ojos confiado en tu buena voluntad para cuidarme.


No sé si aún puedas hacerlo, es decir, saciarme… colmarme de tranquilidad y armonía, de discreción y rectitud. Quiero que me susurres al oído una canción de cuna, para que pueda dormir y, para que mis músculos se relajen y pierdan el agotamiento que me ha dejado el pensar tanto en ella… En ella y en todas las que se han aprovechado de este cuerpo, que se han deleitado sexualmente de un vicioso ignorante. Recuérdame que aún poseo inocencia, dime que aún cuento con tu cariño, asegúrame que todo mejorará y que volveré a dormir, que volveremos a dormir como antes, como sólo tú y yo sabemos hacerlo.


Nunca te mancharé de sexo o vulgaridad, jamás habrá sangre sobre tus campos, no existirá desgracia sobre tus hilos. Todo estará en paz, todo estará como queremos que esté. Perdóname por haberte olvidado. Discúlpame por dejarte atrás como si no te quisiera. Sé que mi cuerpo está sucio y gastado, es evidente mi deterioro, ahora que esa mujer me ha desboronado, sólo puedo pensar en cómo enmendar el daño que yo mismo me he causado, y te confieso que sólo puedo lograrlo con tu ayuda, solamente es factible solucionar mi patología si me aceptas de nuevo. Si me envuelves en tu cuerpo y me sumerges en la literatura de Morfeo.

Recuerdo en participio, Candy y su respeto hacia un “Vecino”


Tras ese portal que se levantaba en la entrada del restaurante, ahí estabas, tan elocuente en tu vestir, tan digno de ese amarillo pasión, donde las tensiones de las mangas eran adornadas por el atractivo de unos brazos bien torneados y delicados. Con una mirada al aire, y una sonrisa que me aprisionó a tu ternura, así me consolidé como una seguidora más, como otra imagen que a escondidas te adoraría y, que ante cualquier oportunidad de roce, sería la primera en desbordar mi timidez. Tus cabellos enmarcaban un rostro de finas expresiones, de rasgos tan propios y particulares, que, no me diste más opción que convertirme en un ente de preguntas, con el ánimo reprimido de tocarte y acreditar tanta belleza, con la intención de acariciarte sin tocarte para evitar estropear el arte de tus formas y colores. Definitivamente, presenciar tanta idoneidad y tolerancia, es un honor y un privilegio. Impactaste en la oscuridad de mis ojos, y sofocaste mis miradas con la alegría que siempre te acompaña.


En cuanto tu cuerpo estuvo frente al mío, el saludo se formalizó. Un apretón de manos que, en realidad era un acto de hospitalidad, pues, sino me hubieses brindado tu fuerte y suave mano, mi cuerpo no se habría sostenido de pié, ya que la verdad, con aquel saludo obstruiste la hostilidad de mi extremidades y me recargaste de energía activa, que puso de nuevo en funcionamiento las actividades de mi cuerpo, mi respiración y el tan a veces defectuoso ritmo cardiaco.


De las palabras que cruzamos en ese instante ya no me acuerdo, pero sí recuerdo y reproduzco a diario el melodioso y relajante tono de voz que expedías desde la discreción de tus hermosos labios. No tengo certeza de las palabras, pero sí afirmo que internamente me hacía varias preguntas: ¿a qué sabrá uno de tus besos? ¿A quién darías uno de tus besos? Y… ¿cómo apoderarme de uno de tus besos?


Mi pecho se empañó por tan excitante travesía. Sí, porque con la mirada recorrí las perfecciones de tus cejas y desde ahí transité hasta la sensualidad de tu mentón. Y así, me trasfería a un paraíso incoloro y solitario, pues, no sabía si existiría la posibilidad de sostener tus suspiros sobre mis oídos, sobre mi espalda o mis suspiros.


Desearía repetir el saludo a diario, verte sonreír y exteriorizar esa magia que se construye en tus ojos, verte encantar con tan dichosa cortesía y serenidad, con tan abundante y majestuosa humildad. Y justifico mis deseos con el impactante frenesí que experimentó mi lengua; con la condimentada fraternidad de mis labios, que no querían despegarse uno del otro, para no interrumpir tus palabras; argumento mis deseos con el erotismo que despertaste en mi sentido olfativo, porque tras absorber y deleitarme con la fragancia que sostenías encima, me envolví en un nirvana de folclor y cantos solitarios.


Después de un saludo, donde tu acento paisa se fundía y se compenetraba con el acento valluno que entrecortadamente te respondía, nos desplazamos hasta la independencia de un vehículo de dos ruedas, un trasporte que me daría oportunidad de “apretar” la silueta de tu cintura, y con suerte, la sobriedad de tus brazos… brazos que con firmeza sostuvieron nuestras cualidades con sanidad, y nos llevaron hasta la fachada de tu morada.


Me invitaste a seguir hasta el interior de tu intimidad, hasta la galante y sofisticada serenidad de unas paredes blancas, hasta la grata cortesía de un ambiente narcótico. Como escampando de una tormenta, nos expresamos en diálogos de cultura general, de ocio y garantías… Continuará.