Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




martes, 28 de diciembre de 2010

Lavando platos y calentando lengua


Una imagen se presenta en el espejo, es el cuerpo de una mujer, pero aterradoramente le falta un brazo, el derecho, y le cuelgan pedazos de piel, los residuos de una mutilación… Es tortuoso tener que verla, y en su rostro, noto que me observa con odio, como si yo hubiese sido quien le arranco el brazo y le dejara una herida de muerte. Me observa pidiendo venganza, pidiendo arrancarme la cabeza, y se ríe, la desdichada figura de la mujer se contonea y sus ojos juegan mientras me repasan de pies a cabeza. ¡Dios! No sé qué hacer, me está aterrorizando, estoy petrificada, casi ni puedo respirar, y al parecer mi lengua se ha escondido para no presenciar el hecho. Con sus labios me señala, y me muestra su herida, veo como aún le sale sangre y como ésta chorrea por toda mi cocina, pero, lo hace sólo en el reflejo, es decir, de su lado del espejo. Es casi cómico, pero poco a poco el espejo también empieza a sangrar, maldita sea, mis patas están plantadas a este estúpido piso, ¡quiero correr! Quiero y debo salir despavorida gritando y pidiendo ayuda, para que después esta imagen me persiga a través de toda la casa y, me mate sin ser escuchada, y para que además me deje ahí tirada al lado del lavadero, bañada en mi propia sangre y con los ojos hundidos tras el brutal crimen.


Pero algo extraño ocurre, a mí también me da risa, y me dan ganas de seguir quiñando y cascando a la difunta, seguir apaleándola y fastidiándola. Creo que me despertó locura, y por eso no le correspondo como debería, lástima por ella, pero conmigo se jodió, ya las ganas de salir como alma que lleva el diablo se me espantaron, ya se me pasó el susto, y a la triple-casposa se le dañaron los planes. Si su intención era joderme la noche y no dejar que lavara los platos, pues, ¡pailas! Después de que a mí me de la pendejada ya no hay quien me la quite, ahora sí que se cuide la boba ésta, porque de una vez se la voy sentenciando, mejor dicho: que se tenga de donde pueda, aishhh, pero como grave porque le falta un brazo ¡que pecao’!


La pobrecita quedó sorprendida y atónita con mi aleteo. Seguro que está desconcertada por mi reacción, a lo mejor y se va por donde vino. Aunque cuando se me salga el gamín que llevo adentro, le van a faltar paticas pa’ salir corriendo. Mejor dicho, ya estoy es pero en la jugada, lista pa’ lo que sea, que se salga del espejo cuando quiera que yo la atiendo. Que se prepare pa’ la mechoneada (claro que sólo tiene como cuatro pelos pegados a esa calva) tan jijuepuerca que le voy a pegar. Ya me da es hasta pesar revolcar a la desdichada esta.


Que se abra sino quiere que la deje peor de lo que está, huy, es que donde me siga toreando la vuelvo miércoles. Ojalá y alguien más estuviera acá para que me frenara y no azotarla contra la pared. Se le acabó la bobadita porque estoy es que mato y como del muerto, a lo bien que sí.


Uishhhh es que ya no me aguanto la forma en que me mira, el espejo se le va a quedar chiquito pa’ tolo lo que le voy a hacer, suerte es que le digo, mejor dicho: la susodicha se llamaba.


La imagen en el espejo bosteza sínicamente y desaparece, y como si me hubiesen apagado, me relajo y sigo lavando los platos -jejeje- pero con la rabia que me dio y todo, me emocioné y me relajé un rato. ¡Quedé acalorada!

Ole, primero vos, segundo vos y tercero vos


Ahora que ha fallecido mi intento por mantener un vínculo afectivo con otra persona, me he dado cuenta que solamente debo preocuparme por verme bien, y por estar satisfecho de mis propias acciones, para complacerme y para revestirme en alegría no ajena. Debo confiar en mí, y preocuparme por mi cuerpo, mi reflejo y mi sombra. Las tres son las entidades perversas a las cuales debo rendir pleitesía, las tres son el material que concilia mis ideales y, son la masa que me acompaña a diario, sólo a estas tres debo justificar mis actos.


También, he prolongado mis alegrías y mi serenidad al ser el único y, el más importante para quien debo desnudarme, solamente yo debo acariciarme bajo la ducha, sólo yo poseo el permiso y la técnica para ordenar y adornar mis facciones. Y, nuevamente encuentro respuesta a mis inquietudes, encuentro entre la rudeza y la delicadeza de mis dedos, la noticia que controla mis euforias: después de ser expulsado del vientre de mi madre, me defino como independiente y previsivo.


Las ironías de mis juicios se encuentran marchitas, mis repugnantes ilusiones son precedidas por la relevancia de otros cuerpos y otros ideales, la filosofía de mi mediocridad está amarrada al flujo de constructos radicales, que en otras palabras, podría decir que son simples costumbres de pueblos inflexibles.


Definitivamente tras la meditación concluyo que con el pasar de los días, mi mente es más voluble y susceptible al cambio. Mi sombra y mi reflejo nunca me juzgan y por eso debo decir que son mi realidad y mi dicha. Aún, basándose en conceptos abstractos, estas figuras son mi cálida compañía en las noches en que quiero suicidarme.


Mi cuerpo es, por consideraciones colectivas, mi más elocuente herramienta, pues, posee motricidad, elegancia, soberanía, y un cabello que parece haber sido peinado con melancolía. Me debo fijar solamente en estas tres configuraciones, que como ya lo he dicho, representan mi ahora y mi después.


Junto a mi cuerpo, mi sombra y mi reflejo, me trago y me harto todas las estupideces que recojo en el día, junto a estas amistades le doy paso a la recocha y a la resurrección de mis vicios… vicios que con sabor a vino me endulzan el paladar.

jueves, 23 de diciembre de 2010

No vale la pena, quien lo haga pierde


En desgracia a caído mi alma, pues el cuerpo no la obedece, no es capaz de resistirse a los impulsos narcóticos que se sublevan sobre la racionalidad emocional. El amor, sincero o no, es una pena, un reír en vano, una pala que va haciendo más y más hondo el poso de recuerdos míseros e infructuosos donde posteriormente seré sumergido hasta agotar mi existencia y hasta tocar el fondo que me abrazará entre sus entrañas por toda la eternidad. El abandono no es ahora una opción recomendable, pues, genera algo de discordia, o más bien mucha entre las partes implicadas. El sentimiento es extinguido y lo poco que queda de él, debe marcharse, debe suprimirse, anclarse al olvido y la desolación, aferrarse y fundirse a los barrotes que custodian la muerte.


Quedarse solo también es una opción sin éxito ni validación, ya que estimula la degradación de nuestras capacidades en artes como la mentira y la manipulación, en ejercicios como el preguntar y responder lo que se debe, y no lo que es. Definitivamente no vale la pena enamorarse, no vale la pena entregarse o acercarse, sólo es admisible fingir que se hace, sonreír con hipocresía y suplir nuestras necesidades de orden anímico o sexual. Sólo está autorizado aprovecharse del otro, usarlo con astucia e inteligencia, sólo tenemos derecho a extraer lo que nos sirve y, complacer al otro para que acceda a nuestras pretensiones.


En algunos casos somos lo suficientemente habilidosos para lograr nuestros objetivos en una “relación de pareja”, pero en otras ocasiones, somos un mugre que es arrastrado por los deseos del otro, es decir, somos el marrano que necesitamos encontrar, pero en el cuerpo de otro parroquiano. A veces nos convertimos en quién deseamos manipular, y entonces, los papeles no son favorables para nosotros, el dolor y la impotencia se acumulan en nuestra garganta, nos forman una masa carrasposa que nos inhibe y nos constriñe, que nos delata y nos destruye.


Una vez escuché que, el amor es hacer sufrir para después perdón pedir, pero, quizá el pedir perdón sea sólo una faceta de la estrategia, quizá todo lo que nos digan está ya planteado en un esquema para confundirnos y desorientarnos. La táctica para conquistar está dictaminada desde avanzados experimentos, está construida después de varios ensayos y después de innumerables fracasos.


Ahora espero adoptar el talento necesario para diagnosticar a mis pacientes y ser capaz de ir un paso adelante, ser idóneo y estar capacitado para manosear sus deseos y reformarlos a mi gusto, moldearlos y tallarlos para que me satisfagan y me remunere.


En conclusión de toda esta catarsis, ¿para qué me voy a enamorar?, si bien lo ha dicho un gran amigo, el que se enamora pierde. Además, se deben tener en cuenta las siguientes traducciones: un “me estoy enamorando” es en realidad un “me estás agradando”, y un “te amo” es en realidad un “me simpatizas”. Entre otras cosas, por salud y economía es mejor no enamorarse.

Vigilia tortuosa


Completo ya 5 días sin dormir, mis ojos se encuentran agitados y marchitos, mis brazos ya no quieren obedecerme, mi lengua está seca y desanimada, mis cabellos se han caído y mis piernas parecen ya no ser mías… En cada parpadeo desearía morir o perder la conciencia, desfallecer y mutilar mi razonamiento, en cada parpadeo busco descansar, pero solamente logro una masturbación a mis decepciones.

Al parecer ya no poseo músculos, ya no poseo piel, ya no poseo color, ya no poseo honra, creo que es evidente mi decrecimiento. Al perecer he cambiado de piel, he descamado mi vida, he recaído en una sospechosa depresión. Al parecer ya no parezco yo, al parecer ya no veo el mismo reflejo en los espejos, al parecer nada parece ser lo que es.

Los sueños que me hacen falta están escondidos en unas cuantas palabras, están dispuestos a liberarse y acompañarme en las noches si sólo me dejara acariciar por la ignorancia. La verdad de mis trastornos oníricos está en la escases de éstos. La méndiga realidad de mis patologías se exhibe en cada derrame de saliva al hablar, se exterioriza en cada una de las pestañas que agudizan mi locura. Yo quiero realizar un congreso entre mis ideales, para descubrir así la necedad de mis trasnochos y, la rebeldía de mi memoria.

Si tan sólo pudiese ir más allá de mis narices, si lograra ingresar al recinto donde mis sentimientos se despiertan en debate y descontento, donde mis pasiones se ofuscan y se añaden al dolor y la agonía de saber que nunca seré amado. Si encontrara la forma de incluir a mi existencia las letras que he visto en algunos libros, frases que si las descifrara, me librarían de tan espeluznante desespero.

El mugre entre mis uñas me hace recordar que aún estoy dentro de este mundo, me hace reconocer mi patética realidad, mi ridícula posición y mi solapada fantasía. Las espinas de un ramo de rosas, son la penitencia a mis juicios, son la gula de mis odios y son el trofeo a mis idioteces. Y bajo la ducha, mi esencia se va diluyendo en el agua, mis cualidades se pierden en el sifón para desembocar en la cañería.

Cuando logre descansar, espero dormir horas y horas, espero encarnar el protagónico de mis sueños, y espero desterrar la ingenuidad que habita entre mis emociones.

De niño me fue muy fácil asesinar


Las palabras del psicólogo son algo irritantes, me golpean y rebotan, me deprimen y me hacen sentir aún más satisfecho con mi tarea, con mis acciones y, con mi supuesta inocencia. El haber matado a un hombre es un hecho aterrador, y más para un niño como yo, cómo es posible que con tan sólo 7 años, haya sido capaz de asesinar “accidentalmente” a un sujeto de 38 años, cómo es posible que aún crean y den por cierta una versión solamente porque la ha dado un niño, cómo se entiende que no investiguen y que sólo se empeñen en minimizar y aplacar los posibles traumas que puedan construirse en mi corta experiencia.

Verdaderamente ha sido un crimen perfecto, al escudarme en mi parlamento de niño tierno y condescendiente, al sostenerme en ojos aguados y en labios tímidos, al liberar una voz de auxilio que deja un eco de sospecha y soberanía. La rivalidad que pudiese tener es mínima, nadie sería tan sagaz como yo, no existe quien pueda relevarme y desplazarme, no hay lugar ni bacante para un cualquiera que pueda superarme.

Mi madre sólo se preocupa por mi estado emocional, porque supuestamente estoy en un círculo de negación e ignorancia. Para ellos, mi madre y el psicólogo, simplemente soy una víctima de la curiosidad y la picardía, simplemente soy un ente que quería comprobar algunas cosas de las cuales estaba desinformado.

Tomé un polvillo que se encontraba contenido entre una bolsa arrugada y de nombre imperceptible, un polvillo morado que me resultaba conocido. Sí, un polvillo usado en la fumigación a ejemplares bovinos, vacunos, ect, un veneno usado en el exterminio de parásitos. Un veneno efectivo y mortal, un buen instrumento para satisfacer mis pecaminosas ganas de muerte, mis chistosas y pintorescas ansias por ver a otro ser retorcerse hasta quedar inanimado. Y pensar que sólo tuve que adicionar el veneno a una mezcla algo repugnante que mi madre suele llamar sopa; le agregué un poco de sal, unos cuantos tomates, y también opté por añadirle varios condimentos para disimular el sabor del veneno.

Aprovechando que mi madre no estaba en casa, me adelanté a servir la sopa en los platos, y cuando este señor llegó a la mesa, la calurosa habitación sólo fue acompañada por una sonrisa malévola y misteriosa. Sin saludar ni preguntar, este sujeto se sentó y se armó de cuchara para tragarse con desaforo la sentencia que contenida en el plato, la sustancia que lo despediría y saciaría mis ganas de presenciar la trasformación de hombre a cadáver.

* * *

Mi madre se preocupa porque en las noches despierto a carcajadas, permanezco horas y horas riéndome sin motivo alguno, y mirándola con ojos de psicópata. Unas carcajadas que a veces son alternadas con llantos y gemidos, con voces y silencios que posteriormente recaen en la risa lunática. Derramo lágrimas, mis ojos se empañan, mientras que de los ojos de mi madre también brotan lágrimas, pero éstas, ya son de temor y desconsuelo.

En los dibujos que hago para entretenerme construyo imágenes de hombres sin cabeza, de terrenos donde sólo sobresalen los pies de alguna persona, lagos que esconden un gran número de cuerpos desnudos, y paisajes donde sobresalen tres colores: rojo, negro y blanco. Mi madre se perturba y se desespera, pues, no sabe qué es lo que me pasa, no sabe qué hacer, qué decir, qué pensar… Quizá el psicólogo sabe que he nacido para convertirme en un gran asesino, pero, quizá intenta maquillar todo mi panorama y reencaminarme sobre vías de rectitud y tiranía social. Diría que el psicólogo sólo busca reformar y rediseñar mis pensamientos, sólo busca cuidar su salud y la de sus vecinos, sólo pretende evitar que yo me eche a perder.

Las terapias son cada día más agotadoras, tener que escuchar y fingir interés, cuando él y yo sabemos que no es posible un cambio, cuando los dos sabemos que poseo más autonomía y voluntad que él, cuando ambos poseemos integridad y astucia, pero, mis habilidades de manipulación y mi perversión son mucho más avanzadas. No hay tratamiento, solamente hay dosis para continuar con mi vicio. No hay salvación, porque no existe mal del cual deba salvarme. No existe locura, porque mis actos son un juego entre todas mis entidades. Y no existe castigo, porque sólo soy una inocente criatura, además de ser un engendro peligroso y desconocido. Así que asesinar a esta corta edad es un buen pasatiempo, que no arrastra mayores consecuencias y que me ayuda en el desarrollo de mis habilidades. –jajaja-

lunes, 13 de diciembre de 2010

Un patético despertar


Quisiera desprenderme de estos recuerdos tan fácil como levantar la pintura que hoy recubre a esta pared, sólo con lijarla se retira, se doblega y se rinde, ojalá pudiese hacer lo mismo con estos recuerdos. Pero ahogar mi locura es como intentar sembrar una semilla de olivo sobre el asfalto de una avenida.


Cuando creí escuchar tu voz, cuando mis oídos se confabularon para engañarme, caí convulsionado al piso, me derroté sobre el polvo de la soledad, fui derribado por tu sombra y el estigma de sus besos. Me liberé en depresión y llanto, y en posición fetal navegué sobre mis lágrimas.


Ahora sólo quisiera ser desinflado como una pelota de piscina, ser reducido a un simple caucho, y a la vez, ser doblado hasta reducirme a mínimas proporciones. Quisiera contener un interruptor y apagarme todas las noches, para evitar pensar en el amor que nunca tuve, en el amor que me fue infiel y en la mentira que parecía más real y atractiva que la verdad.


Deseo ser el titiritero y no el títere, superar su cálculo y volverme aún más dominante y manipulador, ser más persuasivo y hábil, ir un paso adelante, analizar y predecir todas sus acciones, pero, me resulta imposible, porque me supera ampliamente en todas estas virtudes, es una desgracia con muchas cualidades. Por eso pretendo desconectarme e intentar vivir como en una traba, vivir como si lo único que respirara fuese mariguana, como si el alcohol fuese el único néctar capaz de calmarme esta sed, como si los vicios mundanos fuesen la mejor medicina a mi enfermedad.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Locura tonal



Me encuentro en una habitación, rodeado de soledad y desorden. Atado solamente a mi única labor del día: batir mis emociones al enjaularlas sobre este lienzo. Pinto con un antiguo pincel, de cerdas anchas y elegantes, de vida escasa y de piel manchada, de cuerpo enclenque y risa sarcástica. Pinto la figura de lo que soy, de lo que quiero ser, y de lo que no soy o nunca seré. Todas estas imágenes unidas en una sola tela, odiándose una a la otra, abofeteándose e insultándose por ser desconocidas entre ellas.


Son tres figuras que recreo con mucho detalle. Un simple autorretrato de este insípido servidor, una trascripción de ideas y desatinos, un arribe de olas al lánguido blanco de un lienzo escondido. La figura de lo que soy, está masacrada, molida y por agonía: marchita, mutilada y sosegada, vencida y resignada. La imagen de lo que quiero ser, está pintada con tanto decoro, con tanto detalle, que desentona con la crueldad y la crudeza de su compañera ya antes descrita, está imperfecta y estreñida, está molesta y reprimida, pero, también está satisfecha y relajada, sonriente y victoriosa. Y la imagen que hace referencia a lo que no soy o nunca seré, está plasmada con tanta finura, con tal emoción, que sus vecinas sólo pueden engendrar envidia y frustración al compararse con tan legendaria creación, una divinidad de astucia y sutileza, una brochada de enojo y talento, un surco de belleza y acción, de fuego y colores, de arte y fantasía.


Tres criaturas que forman un paisaje de inapetencia y contraste, tres nociones de sujeto y significado. Forjadas sobre un mantel de estrechos espacios, un tallo que sostiene tres ramas de distinto árbol, una seca, otra artificial, y otra corriente. Un campo donde germinan distintas concesiones, donde nacen y mueren tres supuestos, tres posibles y tres contrarios.


Al finalizar el apareamiento entre el pincel y el lienzo, mi presente se perturba y, la realidad de mis sentidos desaparece mientras la vida que creí poseer se desprendía de mi egoísta existencia. Mi cabello se retrae para luego desprenderse en un salto heroico, mis oídos se retuercen para segregar viscosidad y flatulencia, mi boca se cierra y mis labios son cosidos con el rústico hilo de mis vulgaridades, mis ojos se opacan y así pierden su esencia y su tarea, y en mi nariz se acumula un olor repugnante y grotesco, que sólo me hace desear ahogarme para partir sin percibir tan desagradable sensación. Mi espalda se dobla y mis extremidades se contraen, reduciéndome a una posición de olvido y desesperanza.


Mi piel se colma de colores que luego se pierden entre la suciedad de las baldosas. Mi corazón se envenena con mi indiferencia y, mi cuerpo empieza a desaparecer entre las fisuras de un piso sin palabras. En el suelo sólo quedan unas cuantas machas que dan pistas del dolor y la rabia que posiblemente no sentí al ser carcomido por mis propias acusaciones. Todo ocurre mientras las paredes vomitan “tocata y fuga” de Johann Sebastian Bach, mientras se ríen y disfrutan del espectáculo, mientras el segundero le da ocho vueltas al reloj.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Coquetas e inquietas


Una a una van llegando, tan elegantes y respingadas, tan decorosas y humildes, que se van acomodando en cualquier lugarcillo, se posan sobre cualquier superficie, y lo que es más apreciable, es que si por algún motivo o descuido, llego a matar a alguna de ellas, inmediatamente será reemplazada por otras cinco señoritas, es decir que al acabar con una, me enviarán un número mayor para compensar la ausencia de la dama.


Se hacen tan dichosamente detestables, que es totalmente aceptable armarse de varias hojas de periódico para enjuiciarlas y sentenciarlas a muerte. Una manera poco civilizada de hacerlo, aunque de vez en cuando, hay espacio para uno u otro insecticida.


Estas chicas se hacen las rebeldes, revolotean y cagan por doquier, meten sus patas y la asquerosidad de sus alas en todas partes, se funden entre la comida y la condimentan de tal forma, que nos hacen indignos de probarla. Son atletas aéreas, y por tanto, expertas en las artes de la aerodinámica, razón por la cual transitan con tanta facilidad por la cocina, el baño, la sala, el lavadero, el patio, etc. Y además también son hábiles para el aterrizaje, se posan en ollas, panes, carne, sobre mi rostro, en mi cabello, mis manos, mi cuerpo, mi sopa, mis bebidas, mis residuos, mis otros residuos, y mis otros últimos residuos… Lo peor es que cuando estamos en temporada de moscas, estas HP’s me acompañan hasta la intimidad de mis orgasmos, y también en la ducha, en el almuerzo, en la siesta, en la charla… Se hacen omnipotentes, y las desgraciadas resultan siendo también pervertidas, morbosas y descaradas. Al ducharme están allí, al intentar descargarme de material que mi cuerpo ya no necesita, están allí, cuando me visto o me desvisto, están allí, cuando hago lo que hago, están allí, y cuando hago lo que nadie cree o sospecha que hago, están allí. ¡Inmundas y atrevidaaaaaaaaaaaas!


O nos persiguen, o nosotros las perseguimos (con un papel enrolladlo), así pasamos el día cuando ellas llegan a nuestra vivienda, una visita algo fastidiosa. Aunque no existe nada más aterrador que sentirlas cerca, pero sin poder visualizarlas, es decir, sabemos que están alrededor, aleteando, comiendo y cagando, pero no las vemos, se esconden en la oscuridad. Sí, cuando estamos próximos a dormir en la noche, ellas aparecen de entre las cortinas o las puertas, se manifiestan como alma en pena, nos acechan y nos molestan con su incesante manoseo. Nos besan, y sobre nosotros defecan, nos acarician con el mugre de sus patas, y nos contemplan con un zumbido sádico y estresante; son verdaderamente ansiosas e impacientes.


Todos, creo yo, hemos tenido contacto íntimo o al menos físico con estas coquetas, pues, confío en que ellas se habrán posado sobre casi todo el volumen de nuestra piel, y también habrán utilizado nuestras prendas y herramientas más íntimas. Al colgar la ropa en el tendedero, ellas marcan nuestras prendas, y nosotros al estar ausentes, ellas se habrán revolcado en las cerdas de nuestros cepillos dentales, a eso viene el sabor a menta (jajaja).


Nuestras trampas parecen insuficientes para tan avanzada agilidad, estas señoritas son increíblemente astutas, tanto así, que pueden hacer y deshacer sobre nosotros y, sólo nos damos cuenta cuando todo ha terminado. Son esquivas a nuestras sofisticadas envolturas de papel periódico (el matamoscas más popular), e irrefutablemente más rápidas que el ojo humano. Entre una bestia peluda, rabiosa, de dos metros, y una mosca, creo que le temo más a la mosca, pues ésta, trae a cuestas una amenaza impredecible: infecciones, virus, parásitos, etc.


Pero bueno, cabe añadir, que en esta soledad ellas son mi más cercana compañía, y aún con su molesta presencia las respeto. Gracias por su incondicional compañía, y gracias por escucharme y, aceptar mis bobadas.