
Una imagen se presenta en el espejo, es el cuerpo de una mujer, pero aterradoramente le falta un brazo, el derecho, y le cuelgan pedazos de piel, los residuos de una mutilación… Es tortuoso tener que verla, y en su rostro, noto que me observa con odio, como si yo hubiese sido quien le arranco el brazo y le dejara una herida de muerte. Me observa pidiendo venganza, pidiendo arrancarme la cabeza, y se ríe, la desdichada figura de la mujer se contonea y sus ojos juegan mientras me repasan de pies a cabeza. ¡Dios! No sé qué hacer, me está aterrorizando, estoy petrificada, casi ni puedo respirar, y al parecer mi lengua se ha escondido para no presenciar el hecho. Con sus labios me señala, y me muestra su herida, veo como aún le sale sangre y como ésta chorrea por toda mi cocina, pero, lo hace sólo en el reflejo, es decir, de su lado del espejo. Es casi cómico, pero poco a poco el espejo también empieza a sangrar, maldita sea, mis patas están plantadas a este estúpido piso, ¡quiero correr! Quiero y debo salir despavorida gritando y pidiendo ayuda, para que después esta imagen me persiga a través de toda la casa y, me mate sin ser escuchada, y para que además me deje ahí tirada al lado del lavadero, bañada en mi propia sangre y con los ojos hundidos tras el brutal crimen.
Pero algo extraño ocurre, a mí también me da risa, y me dan ganas de seguir quiñando y cascando a la difunta, seguir apaleándola y fastidiándola. Creo que me despertó locura, y por eso no le correspondo como debería, lástima por ella, pero conmigo se jodió, ya las ganas de salir como alma que lleva el diablo se me espantaron, ya se me pasó el susto, y a la triple-casposa se le dañaron los planes. Si su intención era joderme la noche y no dejar que lavara los platos, pues, ¡pailas! Después de que a mí me de la pendejada ya no hay quien me la quite, ahora sí que se cuide la boba ésta, porque de una vez se la voy sentenciando, mejor dicho: que se tenga de donde pueda, aishhh, pero como grave porque le falta un brazo ¡que pecao’!
La pobrecita quedó sorprendida y atónita con mi aleteo. Seguro que está desconcertada por mi reacción, a lo mejor y se va por donde vino. Aunque cuando se me salga el gamín que llevo adentro, le van a faltar paticas pa’ salir corriendo. Mejor dicho, ya estoy es pero en la jugada, lista pa’ lo que sea, que se salga del espejo cuando quiera que yo la atiendo. Que se prepare pa’ la mechoneada (claro que sólo tiene como cuatro pelos pegados a esa calva) tan jijuepuerca que le voy a pegar. Ya me da es hasta pesar revolcar a la desdichada esta.
Que se abra sino quiere que la deje peor de lo que está, huy, es que donde me siga toreando la vuelvo miércoles. Ojalá y alguien más estuviera acá para que me frenara y no azotarla contra la pared. Se le acabó la bobadita porque estoy es que mato y como del muerto, a lo bien que sí.
Uishhhh es que ya no me aguanto la forma en que me mira, el espejo se le va a quedar chiquito pa’ tolo lo que le voy a hacer, suerte es que le digo, mejor dicho: la susodicha se llamaba.
La imagen en el espejo bosteza sínicamente y desaparece, y como si me hubiesen apagado, me relajo y sigo lavando los platos -jejeje- pero con la rabia que me dio y todo, me emocioné y me relajé un rato. ¡Quedé acalorada!






