Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




viernes, 5 de agosto de 2011

Entonces, ahí va trans...

¿Qué y a quién miran? ¿Por qué?, ¿a caso es a mí a quién observan con esos ojos de fiscal? No, definitivamente miran a mi acompañante, somos más de 5 personas y los ojos de nuestros vecinos sólo miran a la chica trans, todos quedan perplejos al transitar cerca de alguien que como ellos, simplemente disfruta de la tarde…


No hay espejos en su espalda, pero aún así no dejan de fisgonear por entre los vacíos de su escote, aquellos que buscan en ella, una razón para juzgarla. Pero, qué podemos decir de estos personajes que sólo pasan fingiendo ser la voz de una comarca como ésta, diversa e indescriptible. Los tacones resuenan por entre el bullicio, y el contoneo exagerado de la chica trans, vacilan sin regodeo con todo aquél que induce morbo y coqueteo, pasiones de ardiente crueldad, emociones sin justificación u objetivo, todos miran a quien hace lo que pocos se atreven, a quien armoniza sus pasos y horizontes.


Ahora pienso, qué habrá sentido esa chica al ser el blanco de la mirada de un sinfín de inconformes… qué habrá estado maquinando mientras su piel y su cabello fueron presa de la burla y la tiranía dogmática de una camada de insolentes… quizá recordó la letra de aquella canción que proclama una frase concisa y apreciable “a quién el importa lo que yo haga, a quién le importa…”


Sentir que su cabello en regocijo anhelaba lluvia y suavidad, le enmarcaba, creo yo, en su rostro una aurora de brillante sensatez, una sombra de colores que cruzaba por su pecho rotando y maquillando la vaga ignorancia de sus vecinos. Y aún en medio de la desolación a la que es arrojada a diario por la tonta rigidez de nuestros conceptos, ella sumerge su frente en la más amplia de las dichas, cuando debilita su prostitución y, recuerda que es querida y admirada por algunos, por esos pocos que hoy y desde hace mucho tiempo la saludan cordialmente y, le adornan con abrazos cálidos e irreductibles.


No hay cadenas morales que sometan su ego y su sobriedad, no posee ataduras epistemológicas que la reduzcan a parecer un estereotipo, no comparte perversión, pues, la vida que hasta ahora ha llevado, le ha demostrado los matices de una realidad tan burda y clandestina, que no puede siquiera intentar abofetear su honra. La prostitución es un sello que acaricia sus pómulos y demacra su espíritu, pero argumenta diciendo, que ahora después de más de cuatro décadas de vida, qué opciones puede tener…¿?¿?¿?


En su mirada no hay delitos, sólo sentencias de olvido y pesar, entre la virtuosa libertad de su cordura, las palabras a veces la golpean con una magia pertinente, realzan su existencia y acuden a su duelo con mensajes de apoyo y tolerancia.


Todo queda suscrito a una piel pintada a diario, adscrito a un cuerpo que se esconde bajo la estética de un vestido que arrastra ironía y sarcasmo, que expide razón y moraleja. Las señales que puedo leer en su rostro, me remiten a hechos que no puedo relatar, a escenas de asombro, plenitud y arrepentimiento… arrepentimiento que hoy combate contra sus iras, que hoy lucha sin objetivo claro y, que sirve como instrumento de recuerdo para no olvidar lo real de su experiencia.


Desde que fue abandonada por la historia, sé que lo único que hace es divagar por una ciudad de polvo e hipocresía, excluirse y entrañarse en los clubes nocturnos que colindan con esas calles de hambre y frustración, así muerde su presente y discute con su odio para relajarse y vivir minuto a minuto al compás de un cigarrillo la vida de una chica transexual, con nombre y aliento de mujer.