Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




martes, 28 de diciembre de 2010

Lavando platos y calentando lengua


Una imagen se presenta en el espejo, es el cuerpo de una mujer, pero aterradoramente le falta un brazo, el derecho, y le cuelgan pedazos de piel, los residuos de una mutilación… Es tortuoso tener que verla, y en su rostro, noto que me observa con odio, como si yo hubiese sido quien le arranco el brazo y le dejara una herida de muerte. Me observa pidiendo venganza, pidiendo arrancarme la cabeza, y se ríe, la desdichada figura de la mujer se contonea y sus ojos juegan mientras me repasan de pies a cabeza. ¡Dios! No sé qué hacer, me está aterrorizando, estoy petrificada, casi ni puedo respirar, y al parecer mi lengua se ha escondido para no presenciar el hecho. Con sus labios me señala, y me muestra su herida, veo como aún le sale sangre y como ésta chorrea por toda mi cocina, pero, lo hace sólo en el reflejo, es decir, de su lado del espejo. Es casi cómico, pero poco a poco el espejo también empieza a sangrar, maldita sea, mis patas están plantadas a este estúpido piso, ¡quiero correr! Quiero y debo salir despavorida gritando y pidiendo ayuda, para que después esta imagen me persiga a través de toda la casa y, me mate sin ser escuchada, y para que además me deje ahí tirada al lado del lavadero, bañada en mi propia sangre y con los ojos hundidos tras el brutal crimen.


Pero algo extraño ocurre, a mí también me da risa, y me dan ganas de seguir quiñando y cascando a la difunta, seguir apaleándola y fastidiándola. Creo que me despertó locura, y por eso no le correspondo como debería, lástima por ella, pero conmigo se jodió, ya las ganas de salir como alma que lleva el diablo se me espantaron, ya se me pasó el susto, y a la triple-casposa se le dañaron los planes. Si su intención era joderme la noche y no dejar que lavara los platos, pues, ¡pailas! Después de que a mí me de la pendejada ya no hay quien me la quite, ahora sí que se cuide la boba ésta, porque de una vez se la voy sentenciando, mejor dicho: que se tenga de donde pueda, aishhh, pero como grave porque le falta un brazo ¡que pecao’!


La pobrecita quedó sorprendida y atónita con mi aleteo. Seguro que está desconcertada por mi reacción, a lo mejor y se va por donde vino. Aunque cuando se me salga el gamín que llevo adentro, le van a faltar paticas pa’ salir corriendo. Mejor dicho, ya estoy es pero en la jugada, lista pa’ lo que sea, que se salga del espejo cuando quiera que yo la atiendo. Que se prepare pa’ la mechoneada (claro que sólo tiene como cuatro pelos pegados a esa calva) tan jijuepuerca que le voy a pegar. Ya me da es hasta pesar revolcar a la desdichada esta.


Que se abra sino quiere que la deje peor de lo que está, huy, es que donde me siga toreando la vuelvo miércoles. Ojalá y alguien más estuviera acá para que me frenara y no azotarla contra la pared. Se le acabó la bobadita porque estoy es que mato y como del muerto, a lo bien que sí.


Uishhhh es que ya no me aguanto la forma en que me mira, el espejo se le va a quedar chiquito pa’ tolo lo que le voy a hacer, suerte es que le digo, mejor dicho: la susodicha se llamaba.


La imagen en el espejo bosteza sínicamente y desaparece, y como si me hubiesen apagado, me relajo y sigo lavando los platos -jejeje- pero con la rabia que me dio y todo, me emocioné y me relajé un rato. ¡Quedé acalorada!

Ole, primero vos, segundo vos y tercero vos


Ahora que ha fallecido mi intento por mantener un vínculo afectivo con otra persona, me he dado cuenta que solamente debo preocuparme por verme bien, y por estar satisfecho de mis propias acciones, para complacerme y para revestirme en alegría no ajena. Debo confiar en mí, y preocuparme por mi cuerpo, mi reflejo y mi sombra. Las tres son las entidades perversas a las cuales debo rendir pleitesía, las tres son el material que concilia mis ideales y, son la masa que me acompaña a diario, sólo a estas tres debo justificar mis actos.


También, he prolongado mis alegrías y mi serenidad al ser el único y, el más importante para quien debo desnudarme, solamente yo debo acariciarme bajo la ducha, sólo yo poseo el permiso y la técnica para ordenar y adornar mis facciones. Y, nuevamente encuentro respuesta a mis inquietudes, encuentro entre la rudeza y la delicadeza de mis dedos, la noticia que controla mis euforias: después de ser expulsado del vientre de mi madre, me defino como independiente y previsivo.


Las ironías de mis juicios se encuentran marchitas, mis repugnantes ilusiones son precedidas por la relevancia de otros cuerpos y otros ideales, la filosofía de mi mediocridad está amarrada al flujo de constructos radicales, que en otras palabras, podría decir que son simples costumbres de pueblos inflexibles.


Definitivamente tras la meditación concluyo que con el pasar de los días, mi mente es más voluble y susceptible al cambio. Mi sombra y mi reflejo nunca me juzgan y por eso debo decir que son mi realidad y mi dicha. Aún, basándose en conceptos abstractos, estas figuras son mi cálida compañía en las noches en que quiero suicidarme.


Mi cuerpo es, por consideraciones colectivas, mi más elocuente herramienta, pues, posee motricidad, elegancia, soberanía, y un cabello que parece haber sido peinado con melancolía. Me debo fijar solamente en estas tres configuraciones, que como ya lo he dicho, representan mi ahora y mi después.


Junto a mi cuerpo, mi sombra y mi reflejo, me trago y me harto todas las estupideces que recojo en el día, junto a estas amistades le doy paso a la recocha y a la resurrección de mis vicios… vicios que con sabor a vino me endulzan el paladar.

jueves, 23 de diciembre de 2010

No vale la pena, quien lo haga pierde


En desgracia a caído mi alma, pues el cuerpo no la obedece, no es capaz de resistirse a los impulsos narcóticos que se sublevan sobre la racionalidad emocional. El amor, sincero o no, es una pena, un reír en vano, una pala que va haciendo más y más hondo el poso de recuerdos míseros e infructuosos donde posteriormente seré sumergido hasta agotar mi existencia y hasta tocar el fondo que me abrazará entre sus entrañas por toda la eternidad. El abandono no es ahora una opción recomendable, pues, genera algo de discordia, o más bien mucha entre las partes implicadas. El sentimiento es extinguido y lo poco que queda de él, debe marcharse, debe suprimirse, anclarse al olvido y la desolación, aferrarse y fundirse a los barrotes que custodian la muerte.


Quedarse solo también es una opción sin éxito ni validación, ya que estimula la degradación de nuestras capacidades en artes como la mentira y la manipulación, en ejercicios como el preguntar y responder lo que se debe, y no lo que es. Definitivamente no vale la pena enamorarse, no vale la pena entregarse o acercarse, sólo es admisible fingir que se hace, sonreír con hipocresía y suplir nuestras necesidades de orden anímico o sexual. Sólo está autorizado aprovecharse del otro, usarlo con astucia e inteligencia, sólo tenemos derecho a extraer lo que nos sirve y, complacer al otro para que acceda a nuestras pretensiones.


En algunos casos somos lo suficientemente habilidosos para lograr nuestros objetivos en una “relación de pareja”, pero en otras ocasiones, somos un mugre que es arrastrado por los deseos del otro, es decir, somos el marrano que necesitamos encontrar, pero en el cuerpo de otro parroquiano. A veces nos convertimos en quién deseamos manipular, y entonces, los papeles no son favorables para nosotros, el dolor y la impotencia se acumulan en nuestra garganta, nos forman una masa carrasposa que nos inhibe y nos constriñe, que nos delata y nos destruye.


Una vez escuché que, el amor es hacer sufrir para después perdón pedir, pero, quizá el pedir perdón sea sólo una faceta de la estrategia, quizá todo lo que nos digan está ya planteado en un esquema para confundirnos y desorientarnos. La táctica para conquistar está dictaminada desde avanzados experimentos, está construida después de varios ensayos y después de innumerables fracasos.


Ahora espero adoptar el talento necesario para diagnosticar a mis pacientes y ser capaz de ir un paso adelante, ser idóneo y estar capacitado para manosear sus deseos y reformarlos a mi gusto, moldearlos y tallarlos para que me satisfagan y me remunere.


En conclusión de toda esta catarsis, ¿para qué me voy a enamorar?, si bien lo ha dicho un gran amigo, el que se enamora pierde. Además, se deben tener en cuenta las siguientes traducciones: un “me estoy enamorando” es en realidad un “me estás agradando”, y un “te amo” es en realidad un “me simpatizas”. Entre otras cosas, por salud y economía es mejor no enamorarse.

Vigilia tortuosa


Completo ya 5 días sin dormir, mis ojos se encuentran agitados y marchitos, mis brazos ya no quieren obedecerme, mi lengua está seca y desanimada, mis cabellos se han caído y mis piernas parecen ya no ser mías… En cada parpadeo desearía morir o perder la conciencia, desfallecer y mutilar mi razonamiento, en cada parpadeo busco descansar, pero solamente logro una masturbación a mis decepciones.

Al parecer ya no poseo músculos, ya no poseo piel, ya no poseo color, ya no poseo honra, creo que es evidente mi decrecimiento. Al perecer he cambiado de piel, he descamado mi vida, he recaído en una sospechosa depresión. Al parecer ya no parezco yo, al parecer ya no veo el mismo reflejo en los espejos, al parecer nada parece ser lo que es.

Los sueños que me hacen falta están escondidos en unas cuantas palabras, están dispuestos a liberarse y acompañarme en las noches si sólo me dejara acariciar por la ignorancia. La verdad de mis trastornos oníricos está en la escases de éstos. La méndiga realidad de mis patologías se exhibe en cada derrame de saliva al hablar, se exterioriza en cada una de las pestañas que agudizan mi locura. Yo quiero realizar un congreso entre mis ideales, para descubrir así la necedad de mis trasnochos y, la rebeldía de mi memoria.

Si tan sólo pudiese ir más allá de mis narices, si lograra ingresar al recinto donde mis sentimientos se despiertan en debate y descontento, donde mis pasiones se ofuscan y se añaden al dolor y la agonía de saber que nunca seré amado. Si encontrara la forma de incluir a mi existencia las letras que he visto en algunos libros, frases que si las descifrara, me librarían de tan espeluznante desespero.

El mugre entre mis uñas me hace recordar que aún estoy dentro de este mundo, me hace reconocer mi patética realidad, mi ridícula posición y mi solapada fantasía. Las espinas de un ramo de rosas, son la penitencia a mis juicios, son la gula de mis odios y son el trofeo a mis idioteces. Y bajo la ducha, mi esencia se va diluyendo en el agua, mis cualidades se pierden en el sifón para desembocar en la cañería.

Cuando logre descansar, espero dormir horas y horas, espero encarnar el protagónico de mis sueños, y espero desterrar la ingenuidad que habita entre mis emociones.

De niño me fue muy fácil asesinar


Las palabras del psicólogo son algo irritantes, me golpean y rebotan, me deprimen y me hacen sentir aún más satisfecho con mi tarea, con mis acciones y, con mi supuesta inocencia. El haber matado a un hombre es un hecho aterrador, y más para un niño como yo, cómo es posible que con tan sólo 7 años, haya sido capaz de asesinar “accidentalmente” a un sujeto de 38 años, cómo es posible que aún crean y den por cierta una versión solamente porque la ha dado un niño, cómo se entiende que no investiguen y que sólo se empeñen en minimizar y aplacar los posibles traumas que puedan construirse en mi corta experiencia.

Verdaderamente ha sido un crimen perfecto, al escudarme en mi parlamento de niño tierno y condescendiente, al sostenerme en ojos aguados y en labios tímidos, al liberar una voz de auxilio que deja un eco de sospecha y soberanía. La rivalidad que pudiese tener es mínima, nadie sería tan sagaz como yo, no existe quien pueda relevarme y desplazarme, no hay lugar ni bacante para un cualquiera que pueda superarme.

Mi madre sólo se preocupa por mi estado emocional, porque supuestamente estoy en un círculo de negación e ignorancia. Para ellos, mi madre y el psicólogo, simplemente soy una víctima de la curiosidad y la picardía, simplemente soy un ente que quería comprobar algunas cosas de las cuales estaba desinformado.

Tomé un polvillo que se encontraba contenido entre una bolsa arrugada y de nombre imperceptible, un polvillo morado que me resultaba conocido. Sí, un polvillo usado en la fumigación a ejemplares bovinos, vacunos, ect, un veneno usado en el exterminio de parásitos. Un veneno efectivo y mortal, un buen instrumento para satisfacer mis pecaminosas ganas de muerte, mis chistosas y pintorescas ansias por ver a otro ser retorcerse hasta quedar inanimado. Y pensar que sólo tuve que adicionar el veneno a una mezcla algo repugnante que mi madre suele llamar sopa; le agregué un poco de sal, unos cuantos tomates, y también opté por añadirle varios condimentos para disimular el sabor del veneno.

Aprovechando que mi madre no estaba en casa, me adelanté a servir la sopa en los platos, y cuando este señor llegó a la mesa, la calurosa habitación sólo fue acompañada por una sonrisa malévola y misteriosa. Sin saludar ni preguntar, este sujeto se sentó y se armó de cuchara para tragarse con desaforo la sentencia que contenida en el plato, la sustancia que lo despediría y saciaría mis ganas de presenciar la trasformación de hombre a cadáver.

* * *

Mi madre se preocupa porque en las noches despierto a carcajadas, permanezco horas y horas riéndome sin motivo alguno, y mirándola con ojos de psicópata. Unas carcajadas que a veces son alternadas con llantos y gemidos, con voces y silencios que posteriormente recaen en la risa lunática. Derramo lágrimas, mis ojos se empañan, mientras que de los ojos de mi madre también brotan lágrimas, pero éstas, ya son de temor y desconsuelo.

En los dibujos que hago para entretenerme construyo imágenes de hombres sin cabeza, de terrenos donde sólo sobresalen los pies de alguna persona, lagos que esconden un gran número de cuerpos desnudos, y paisajes donde sobresalen tres colores: rojo, negro y blanco. Mi madre se perturba y se desespera, pues, no sabe qué es lo que me pasa, no sabe qué hacer, qué decir, qué pensar… Quizá el psicólogo sabe que he nacido para convertirme en un gran asesino, pero, quizá intenta maquillar todo mi panorama y reencaminarme sobre vías de rectitud y tiranía social. Diría que el psicólogo sólo busca reformar y rediseñar mis pensamientos, sólo busca cuidar su salud y la de sus vecinos, sólo pretende evitar que yo me eche a perder.

Las terapias son cada día más agotadoras, tener que escuchar y fingir interés, cuando él y yo sabemos que no es posible un cambio, cuando los dos sabemos que poseo más autonomía y voluntad que él, cuando ambos poseemos integridad y astucia, pero, mis habilidades de manipulación y mi perversión son mucho más avanzadas. No hay tratamiento, solamente hay dosis para continuar con mi vicio. No hay salvación, porque no existe mal del cual deba salvarme. No existe locura, porque mis actos son un juego entre todas mis entidades. Y no existe castigo, porque sólo soy una inocente criatura, además de ser un engendro peligroso y desconocido. Así que asesinar a esta corta edad es un buen pasatiempo, que no arrastra mayores consecuencias y que me ayuda en el desarrollo de mis habilidades. –jajaja-

lunes, 13 de diciembre de 2010

Un patético despertar


Quisiera desprenderme de estos recuerdos tan fácil como levantar la pintura que hoy recubre a esta pared, sólo con lijarla se retira, se doblega y se rinde, ojalá pudiese hacer lo mismo con estos recuerdos. Pero ahogar mi locura es como intentar sembrar una semilla de olivo sobre el asfalto de una avenida.


Cuando creí escuchar tu voz, cuando mis oídos se confabularon para engañarme, caí convulsionado al piso, me derroté sobre el polvo de la soledad, fui derribado por tu sombra y el estigma de sus besos. Me liberé en depresión y llanto, y en posición fetal navegué sobre mis lágrimas.


Ahora sólo quisiera ser desinflado como una pelota de piscina, ser reducido a un simple caucho, y a la vez, ser doblado hasta reducirme a mínimas proporciones. Quisiera contener un interruptor y apagarme todas las noches, para evitar pensar en el amor que nunca tuve, en el amor que me fue infiel y en la mentira que parecía más real y atractiva que la verdad.


Deseo ser el titiritero y no el títere, superar su cálculo y volverme aún más dominante y manipulador, ser más persuasivo y hábil, ir un paso adelante, analizar y predecir todas sus acciones, pero, me resulta imposible, porque me supera ampliamente en todas estas virtudes, es una desgracia con muchas cualidades. Por eso pretendo desconectarme e intentar vivir como en una traba, vivir como si lo único que respirara fuese mariguana, como si el alcohol fuese el único néctar capaz de calmarme esta sed, como si los vicios mundanos fuesen la mejor medicina a mi enfermedad.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Locura tonal



Me encuentro en una habitación, rodeado de soledad y desorden. Atado solamente a mi única labor del día: batir mis emociones al enjaularlas sobre este lienzo. Pinto con un antiguo pincel, de cerdas anchas y elegantes, de vida escasa y de piel manchada, de cuerpo enclenque y risa sarcástica. Pinto la figura de lo que soy, de lo que quiero ser, y de lo que no soy o nunca seré. Todas estas imágenes unidas en una sola tela, odiándose una a la otra, abofeteándose e insultándose por ser desconocidas entre ellas.


Son tres figuras que recreo con mucho detalle. Un simple autorretrato de este insípido servidor, una trascripción de ideas y desatinos, un arribe de olas al lánguido blanco de un lienzo escondido. La figura de lo que soy, está masacrada, molida y por agonía: marchita, mutilada y sosegada, vencida y resignada. La imagen de lo que quiero ser, está pintada con tanto decoro, con tanto detalle, que desentona con la crueldad y la crudeza de su compañera ya antes descrita, está imperfecta y estreñida, está molesta y reprimida, pero, también está satisfecha y relajada, sonriente y victoriosa. Y la imagen que hace referencia a lo que no soy o nunca seré, está plasmada con tanta finura, con tal emoción, que sus vecinas sólo pueden engendrar envidia y frustración al compararse con tan legendaria creación, una divinidad de astucia y sutileza, una brochada de enojo y talento, un surco de belleza y acción, de fuego y colores, de arte y fantasía.


Tres criaturas que forman un paisaje de inapetencia y contraste, tres nociones de sujeto y significado. Forjadas sobre un mantel de estrechos espacios, un tallo que sostiene tres ramas de distinto árbol, una seca, otra artificial, y otra corriente. Un campo donde germinan distintas concesiones, donde nacen y mueren tres supuestos, tres posibles y tres contrarios.


Al finalizar el apareamiento entre el pincel y el lienzo, mi presente se perturba y, la realidad de mis sentidos desaparece mientras la vida que creí poseer se desprendía de mi egoísta existencia. Mi cabello se retrae para luego desprenderse en un salto heroico, mis oídos se retuercen para segregar viscosidad y flatulencia, mi boca se cierra y mis labios son cosidos con el rústico hilo de mis vulgaridades, mis ojos se opacan y así pierden su esencia y su tarea, y en mi nariz se acumula un olor repugnante y grotesco, que sólo me hace desear ahogarme para partir sin percibir tan desagradable sensación. Mi espalda se dobla y mis extremidades se contraen, reduciéndome a una posición de olvido y desesperanza.


Mi piel se colma de colores que luego se pierden entre la suciedad de las baldosas. Mi corazón se envenena con mi indiferencia y, mi cuerpo empieza a desaparecer entre las fisuras de un piso sin palabras. En el suelo sólo quedan unas cuantas machas que dan pistas del dolor y la rabia que posiblemente no sentí al ser carcomido por mis propias acusaciones. Todo ocurre mientras las paredes vomitan “tocata y fuga” de Johann Sebastian Bach, mientras se ríen y disfrutan del espectáculo, mientras el segundero le da ocho vueltas al reloj.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Coquetas e inquietas


Una a una van llegando, tan elegantes y respingadas, tan decorosas y humildes, que se van acomodando en cualquier lugarcillo, se posan sobre cualquier superficie, y lo que es más apreciable, es que si por algún motivo o descuido, llego a matar a alguna de ellas, inmediatamente será reemplazada por otras cinco señoritas, es decir que al acabar con una, me enviarán un número mayor para compensar la ausencia de la dama.


Se hacen tan dichosamente detestables, que es totalmente aceptable armarse de varias hojas de periódico para enjuiciarlas y sentenciarlas a muerte. Una manera poco civilizada de hacerlo, aunque de vez en cuando, hay espacio para uno u otro insecticida.


Estas chicas se hacen las rebeldes, revolotean y cagan por doquier, meten sus patas y la asquerosidad de sus alas en todas partes, se funden entre la comida y la condimentan de tal forma, que nos hacen indignos de probarla. Son atletas aéreas, y por tanto, expertas en las artes de la aerodinámica, razón por la cual transitan con tanta facilidad por la cocina, el baño, la sala, el lavadero, el patio, etc. Y además también son hábiles para el aterrizaje, se posan en ollas, panes, carne, sobre mi rostro, en mi cabello, mis manos, mi cuerpo, mi sopa, mis bebidas, mis residuos, mis otros residuos, y mis otros últimos residuos… Lo peor es que cuando estamos en temporada de moscas, estas HP’s me acompañan hasta la intimidad de mis orgasmos, y también en la ducha, en el almuerzo, en la siesta, en la charla… Se hacen omnipotentes, y las desgraciadas resultan siendo también pervertidas, morbosas y descaradas. Al ducharme están allí, al intentar descargarme de material que mi cuerpo ya no necesita, están allí, cuando me visto o me desvisto, están allí, cuando hago lo que hago, están allí, y cuando hago lo que nadie cree o sospecha que hago, están allí. ¡Inmundas y atrevidaaaaaaaaaaaas!


O nos persiguen, o nosotros las perseguimos (con un papel enrolladlo), así pasamos el día cuando ellas llegan a nuestra vivienda, una visita algo fastidiosa. Aunque no existe nada más aterrador que sentirlas cerca, pero sin poder visualizarlas, es decir, sabemos que están alrededor, aleteando, comiendo y cagando, pero no las vemos, se esconden en la oscuridad. Sí, cuando estamos próximos a dormir en la noche, ellas aparecen de entre las cortinas o las puertas, se manifiestan como alma en pena, nos acechan y nos molestan con su incesante manoseo. Nos besan, y sobre nosotros defecan, nos acarician con el mugre de sus patas, y nos contemplan con un zumbido sádico y estresante; son verdaderamente ansiosas e impacientes.


Todos, creo yo, hemos tenido contacto íntimo o al menos físico con estas coquetas, pues, confío en que ellas se habrán posado sobre casi todo el volumen de nuestra piel, y también habrán utilizado nuestras prendas y herramientas más íntimas. Al colgar la ropa en el tendedero, ellas marcan nuestras prendas, y nosotros al estar ausentes, ellas se habrán revolcado en las cerdas de nuestros cepillos dentales, a eso viene el sabor a menta (jajaja).


Nuestras trampas parecen insuficientes para tan avanzada agilidad, estas señoritas son increíblemente astutas, tanto así, que pueden hacer y deshacer sobre nosotros y, sólo nos damos cuenta cuando todo ha terminado. Son esquivas a nuestras sofisticadas envolturas de papel periódico (el matamoscas más popular), e irrefutablemente más rápidas que el ojo humano. Entre una bestia peluda, rabiosa, de dos metros, y una mosca, creo que le temo más a la mosca, pues ésta, trae a cuestas una amenaza impredecible: infecciones, virus, parásitos, etc.


Pero bueno, cabe añadir, que en esta soledad ellas son mi más cercana compañía, y aún con su molesta presencia las respeto. Gracias por su incondicional compañía, y gracias por escucharme y, aceptar mis bobadas.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Interferencia

Ignorancia y decepción emocional


No necesito una canción nostálgica para darme cuenta de la indiscutible falsedad de mis labios al decir que sólo me sostengo en una colección de gustos, y que ese, es el más evidente fundamento de mi acercamiento, aún sabiendo que va más allá de susurrarle lo mucho que la quiero. No entiendo qué sucede en los confines de mis castillos éticos, no comprendo la profunda intensidad de estos impulsos, de estos parlamentos que me obligan a pensar en ella, en odiarla por ser tan hermosa, en respetarla por estar tan bien plantada y arraiga sobre mis ideales. Se ha convertido en una miel difícil de retirar, se ha transformado en el alcohol de mis decepciones.


Imposible me resulta librarme de esta casi obsesiva necesidad que me aqueja: renacer desnudo bajo el mismo flujo de agua, despertar apoyado sobre el mismo mantel, y dormir junto al cálido frenesí de sus hormonas (…) me empeño en sosegarme, en agotarme para no acariciar el imperceptible recuerdo de su aliento.


Cómo decir te amo sin sentirme rechazado o prematuro, qué palabras utilizar para disimular mi ansiedad y mi delirio, dónde esconder la timidez y el nerviosismo de mis manos…

* * *

…Para después decepcionarme con tu inmunda desfachatez, tu repugnante traición y tu descarada hipocresía, cómo jurarte amor eterno, cuando sé que esa eternidad se extiende sólo unas cuantas semanas. Cómo decir “siempre serás a quien deseo”, cuando el siempre se traduce a unos pocos instantes del día… Cómo actuar y tragarme esta farsa que me genera placer, cómo arriesgarme a perder la cordura y la voluntad. Cómo ponerte a elegir entre la nada y la miseria… Entre los demás y quien está parado frente a ti. Cómo hacer que te despidas sin licuarme el corazón.


Observo cómo una mosca es arrastrada por un grupo de hormigas, la mosca está aún viva, luchando por escapar de sus predadoras, fingiendo tener valentía y perseverar hasta el último respiro, pero salvarse no es posible. Imagino esa agonía, si acaso esta mosca razonara, sentiría la más aturdidora impotencia, la más tortuosa frustración, sentiría la crudeza de esta vida, donde el más astuto y el más hábil sobresalen, aún con sus alas, esta mosca no logró escapar, porque sólo se valía de ellas, y éstas (sus alas), ya no le podían alzar en vuelo. Me siento mediocre al realizar esta analogía, pero creo disminuir así mi sangrado emocional. Intento, como es evidente, poder agredir al amor, al fútil y radical escombro de odio que hoy en día confundimos con capricho, intento lacerar y estrujar al impenetrable supuesto de afecto que se contonea y se exhibe por mis alrededores. Maldito flujo de comunes que me hacen sentir más dependiente de ella, maldita ingratitud que se vuelve carne en sus formas, maldita traición rebuznada. Maldita mi seriedad… Si fuese más desatento y descomplicado, seguro podría vivir alegre, aún sabiendo que ella se bifurca para revolcarse, abrazarse, besarse, y sonreír con otro cuerpo.


Infraganti y maliciosa, así es ella, una cúpula de cálculo, una estrategia bien diseñada, un engendro del tiempo, una masa elocuente que en uso de su lengua y su literatura, me moldea y me suma al montón de títeres que hizo para divertirse. Bestia cuadrúpeda que me abraza y me desgarra. Ella, es como una fruta que posee todos los sabores: los dulces, los simples, los ácidos y los amargos.


Entre su cabello y yo, hay una gran diferencia, su cabello es hermoso, y yo, soy enteramente lo contrario. A los dos nos acaricia y nos fabrica a su parecer, pero también nos esconde y nos limita, nos constriñe en razón de sus necesidades.

Al escribir esto, mis lágrimas caen como el lodo y la pobreza a través de un risco, como piedras que arroja el río a lo largo de su cauce. Así describo mis angustias: turbias y contaminadas por sedimentos de vacío y desesperanza.

martes, 16 de noviembre de 2010

Anunciando mi suicidio


Maldito y estúpido sea mi delirante reproche, esta desagradable verdad que se atraviesa en el rojo aclarecer de mis ojos. Todo esto que llevo dentro, es sólo la intrépida incapacidad de atraer a otro ser humano… Si tuviera que elegir, elegiría una duplicación de mis carnes, otro sujeto que se comidiera a clavarme el puñal, a terminar con esta agonía sádica y reformista. A veces me da risa lo iluso que puedo ser, creer que esta pobre humanidad me vale para introducirme en el interesante pensamiento de otros, soy un verdadero idiota si creyera que alguien puede estar pensando en mí, que alguien puede suspirar o sonreír por mí, que alguien puede verme como un vínculo de ternura en un amanecer, como una luz que se hace necesaria para otros, como una nota única en la melodía de una dichosa canción. En esta carta que redacto antes de mi suicidio, no pretendo que me perciban como un esquizofrénico o algo parecido, nooooooooooo, eso jamás. Sólo intento expresar las bufonadas por las cuales me atrevo a convertirme en residuo visceral. El último documento que expidan con mi nombre, será el acta de defunción, mi acta, mi último replicar en los archivos de este gobierno, en los registros de quienes hemos pasado por esta vida, y viviremos como muertos en las encuestas de los estadistas. También me pregunto dónde terminará mi cadáver, quiénes y cuántas personas se acercarán para chismosear y curiosear mi maquillaje postmortem, mi patética y ridícula palidez degenerativa, mi voraz degradación, y el pecaminoso banquete que los gusanos se comerán después de mi entierro.



Ahora el otro dilema que me aqueja, es: cómo y con qué vestiduras debo suicidarme, pues, no puedo dejar que cuando lleguen a realizar el levantamiento de mi fétido cadáver, vean postrado el sutil desmembramiento de una figura poco educada en su vestir, debo ser cuidadoso con mi apariencia, la que por cierto es bastante simple e insignificante. Y con eso reitero lo que siempre me han hecho creer, que no soy lo suficientemente bueno para otras personas, no soy ni la mínima carga de acción que ellos necesitan, nadie se conformaría conmigo, y que mucho menos podría suplir o satisfacer las necesidades de otro que aquejen a otro.



Soy un perverso, que pronto ya no será, que pronto dejará de parecer, aparentar, percibir y sentir… Soy un inequívoco suplicio de egoísmo fetiche. Soy un vómito defectuoso y castrado, un bulbo de huesos y parásitos redundantes y cacofónicos. Soy el que próximamente dejará de existir como ciudadano, para convertirse en materia biodegradable e inanimada. Estas son las facetas que poseo y que adoptaré, me apropiaré de muchos calificativos, quizá y hasta mi nombre sea protagonista de cuentos y distorsiones entre los vecinos de la cuadra, o entre quienes una vez me conocieron y fingieron tener empatía o alguna clase de seudorelación con este frígido campesino.



Debo sumar a estas líneas, las ideas que construyo para el futuro inmediato a mi desaparición, aquello que posiblemente sucederá, como la repartición de mis logros, y el bulloso debate sobre las causas o las situaciones que me condujeron a concluir con mi vida, por eso, intento entre lo más lúcido de mi cordura, relatar el por qué de mi “cobardía”. Cobardía que se compone de odios y críticas hacia lo que soy y lo que muestro, hacia lo que vivo y lo que entiendo, hacia lo que intento y lo que pierdo.



Mi perdición no es un secreto, ahora se dirá que por haberme suicidado, debo retraerme a pena y desolación eterna, a culpa y lamentación. Cuando en realidad, seré uno más que se acuesta, uno más que parte y no regresa, uno más que se aleja sin dar un paso, uno más que abona estas tierras, uno más que se despide, uno más que…

martes, 9 de noviembre de 2010

En el fondo de la taza

Me arrastrará sobre mil rocas cuando mi conciencia se venga abajo, machacará lo atractivo de mis labios y mi boca, y me arrancará los ojos con sus trazos, me aplastará como a una mosca; pero la necedad revino conmigo, la realidad de que soy un necio, la verdad que desde niño mi madre plasmó en mi ombligo, la expectativa de vivir sin deber un precio (…) como un lobo que se pierde en el destino, yo he venido sólo a vivir, a saltar sobre las trampas de mi enemigo, a parir cantos de gloria y equidad, y a caminar sobre charcos que junto a rosas esconden la emoción de morir según las dichas de mi vivir.


* * *


Llevo la marca del vientre oscuro, pues nací en la cuenca del cazador de estrellas, y ahora soy capaz de ganarme el cielo, de amar y sollozar si es necesario, de sonrojarme al decirte que te espero, que te quiero y que sin ti muero. Este cariño que te tengo, no se cambia por esmero, nada en este mundo es tan divinamente imperfecto, cómo decirte que entre mi alma y mi pecho, el vínculo y la ligadura más voraz es tu recuerdo, que el firmamento y la paternidad de mis ríos hoy sólo imitan tus colores y tus voces. Y aunque yo he crecido sin conocerte, sé que el dejarme o que te deje, no me da miedo, sólo me da temor conocerte, pues, es casi seguro que quedaré enganchado a tus múltiples cualidades, ya que eres la más bella de entre todas las ajenas, un trago de sospechas y adoración. Eres la hija de la cara ardiente del lado bueno de esta esférica irrealidad, hoy me acongojo si te digo que no es cierto lo que mis ojos sin verte me han dibujado como un beso.



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Todo me parece muy…Bonito! Bonito el brillo del sol que me atrapa al despertar, bonito este día que pronto pasará para dar paso a otro día aún más bonito. La vida es un carrusel de alegrías y desventuras, de animación y dominación, de travesuras y sequedad, de gente que vive de risas, de amor y caricias, de dichos y cuentos, de abrazos y cosquillas. Festeja este día de goce y cordura, de interés y de cremas, de dulce derrota y de picante victoria, de miradas robadas, de gente que habla y no miente, de acuerdos y juegos, de razón y capricho, de salsa y de escarcha; festeja este día de gusto y encanto, de ganas y aliento para salir corriendo en busca de un libro que aún tenga espacio para añadir finales felices con arroz y perdices.


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Mis sueños romperán los límites de la tarde, voy quedándome blanco al final, con un pálido contraste de ideas y sabores; así como la madera se apiada de sus flores… El sol encarnará un hombro de apoyo y folclor. Ahora estoy muerto de sed, débil al andar, pero el fruto de mis ojos se hará respetar, y entre el flujo de mis pasos el piso he de golpear, para que la pulcritud de mis pensamientos queme a mis miedos, y me reparta entre las corrientes del aire, para cantar e interpretar bailes de júbilo y piedad. Me dispongo a reír, pues no me asusta la soledad patriarcal, porque veo en el campo la intensidad de mis sueños, que han de llegar con el hijo de estas lágrimas que pronto de mí escaparán. En la historia me recordarán como una semilla más, que impregnada de miel se mantuvo paciente hasta al olvido vencer; y ahora partiré con el alma enriquecida de fe, para pronto llegar a la luz del día, donde mi cuero y mi vientre se juntarán en gritos de esperanza y felicidad, que estarán entre cada gramo de tierra, y entre las pinturas de quién posea talento y enmarque una idea por siempre.

En el trasfondo de un narciso

Cómo sentirme libre en medio de una putrefacción espiritual, cómo sentirme auténtico dentro de una máscara de roles inadecuados y contrarios a mis gustos, cómo despojarme de esta carne que a diario me vincula a un rústico placer de halagos y cumplidos odiosos e hipócritas (…) Todo parece ser tan ingratamente adornado y premeditado, todo este esplendor de dichas y seudodichas no es más que un descontento limítrofe en la manufactura humana, no es más que un desatino optimista y revoltoso, no es más que un capricho sebiento y deleznable, culposo y drogadicto.



Una apariencia que los demás creen aceptable, que los demás, sí, los que están de más, creen digna de admiración al encontrar similitud en la tan evidente concupiscencia insatisfecha, en la tan elogiada pulcritud de sus rostros y, en la tan abandonada normalidad de sus deseos. La cáscara de esta pared de huesos estilizados y de estos cabellos malintencionados se va deteriorando con el paso de las críticas, pero se va fortaleciendo con las caricias de quienes hoy hacen parte del olvido. Mis altercados retóricos se suman al controversial estadio de figuras y posturas que estoy condenado a manifestar, se suman al sarcástico e ineludible volumen de ideas que deforman la naturalidad de mis conflictos. Odio parecerme tanto a lo que los demás quieren, odio querer lo que ellos quieran, odio satisfacer la beatitud de quienes no me conocen, detesto formalizar alianzas con quienes después me apuñalarán, odio carecer de inocencia, odio ignorar que soy tan especial como ellos, que soy tan particularmente intenso en mis atributos y, odio reconocer que puedo cambiar pero no lo hago por temor o simple conformismo.



En el fastidio de mi soledad, también he logrado aplacarme y empalmarme en razón de concesiones propias, en razón de ideas y pensamientos que hasta hoy serían sólo amistades de un excéntrico. La indolencia que hoy remarco y afino, es una mínima orfandad de civismo, de asalto y remordimiento social. No sólo estoy moldeado según un flujo de interacciones ajenas, sino también estoy construido para no despertar desagrado o animadversión en las miradas de lo demás, en las disentidas y curiosas miradas de a quienes siempre me he doblegado.



Negado a las paradójicas irreverencias de mis más distantes allegados, y ofuscado frente al extravagante y ridículo concierto de incoherencias intransigentes de mis sólidos desperdicios, así reverbero en llanto y contradicción, tras sentirme, tras amortiguar con mi nombre la verdad de mi real inexistencia, de mi tan detallada y renombrada fragilidad emocional. Me complazco al escucharme gritar que soy tan insignificante, tan pérfido e indeciso, tan estúpido y desmedido, pero (…) también soy apto y admisible, cooperativo y reconocido, soy parte de la lista, soy un absurdo con éxito, soy un líder entre la ligereza de esta carrera, soy agonista e ingenuo, soy maquiavélico e insensible, soy objetivo y ofensivo, soy una mierda de colores muerte, soy el horror de mis necesidades, soy el contrario de mis apetencias, soy la mancha entre la cristalina parvedad de una fuente, soy un agente biodegradable y oscuro, soy el carbón de los hospitales y la humedad de las iglesias, soy el ladrón y el destructor de mis propias ilusiones, el verdugo y sepulturero de mis glorias, de mis talentos y de mis alegrías.



La asfixia y la indignación pupulan en el supuesto falaz de mis émulos ególatras, avasallan la reducida trascendencia de roles que puedo concebir y, se convierten en el suero que cada día me inyecto al despertar. Mi discurso se ve insoslayablemente compreso por esta ideación de un disfraz aleatorio y cambiante, camaleónico para la falsedad de las noches y el acecho irracional de las mañanas. La fortaleza de mi naturalidad está en contraposición al dominante latir de las reglas impuestas por los demás, por aquéllos que hoy se consideran dueños de este muñeco articulado.



Con el discurrir de los días, con el risible pasar de los segundos, y con el petulante contoneo de las horas, me voy estresando más, me voy convirtiendo en un animal ansioso, en un manojo de raíces marchitas, en una fumigación de rabia silenciada, en un crimen sin víctima o culpable, en el cuello de un pobre perro estrangulado por su hambre, en la discreta declaración de resistencia al sistema, en la bullosa expoliación de mis intimidades.



Ya no sé qué hacer, ya no sé quién soy, no sé qué quieren, no sé qué decir cuando la incongruencia y la tontería son los únicos calificativos que se desprenden de los demás, cuando un centenar de pueblos se destruyen entre los nudos de mi garganta, cuando el ángulo de mis palabras es inflexible y desmesurado, cuando la ausencia de vida y la repetitiva abundancia de guerra se funden en un pacífico preámbulo de ambición e injusticia. El tejido de rasgos populares se estatuye cómo mi única verdad, y es así como finalmente cualquier sacrificio que yo haga sólo me alejará de la formulación insurgente a la cual quisiera dar inicio.



Pero la lógica de mis pasiones está tan bien limitada, que sería inútil creer que tras la sacralización a la cual fui expuesto, me rebelaría con tan bestialidad, que los demás no tuviesen más opción que desterrarme de la impotente realidad que ellos administran. Entre los protervos pensamientos de mi mente, encuentro una tangencial respuesta a mis debates, creo saber cómo sobreponer mis gustos sobre la esquemática y rígida posición de los demás. El suicido se convierte en la eclosión más prudente para mi caso, en la acción más radical y eficiente.