
No necesito una canción nostálgica para darme cuenta de la indiscutible falsedad de mis labios al decir que sólo me sostengo en una colección de gustos, y que ese, es el más evidente fundamento de mi acercamiento, aún sabiendo que va más allá de susurrarle lo mucho que la quiero. No entiendo qué sucede en los confines de mis castillos éticos, no comprendo la profunda intensidad de estos impulsos, de estos parlamentos que me obligan a pensar en ella, en odiarla por ser tan hermosa, en respetarla por estar tan bien plantada y arraiga sobre mis ideales. Se ha convertido en una miel difícil de retirar, se ha transformado en el alcohol de mis decepciones.
Imposible me resulta librarme de esta casi obsesiva necesidad que me aqueja: renacer desnudo bajo el mismo flujo de agua, despertar apoyado sobre el mismo mantel, y dormir junto al cálido frenesí de sus hormonas (…) me empeño en sosegarme, en agotarme para no acariciar el imperceptible recuerdo de su aliento.
Cómo decir te amo sin sentirme rechazado o prematuro, qué palabras utilizar para disimular mi ansiedad y mi delirio, dónde esconder la timidez y el nerviosismo de mis manos…
* * *
…Para después decepcionarme con tu inmunda desfachatez, tu repugnante traición y tu descarada hipocresía, cómo jurarte amor eterno, cuando sé que esa eternidad se extiende sólo unas cuantas semanas. Cómo decir “siempre serás a quien deseo”, cuando el siempre se traduce a unos pocos instantes del día… Cómo actuar y tragarme esta farsa que me genera placer, cómo arriesgarme a perder la cordura y la voluntad. Cómo ponerte a elegir entre la nada y la miseria… Entre los demás y quien está parado frente a ti. Cómo hacer que te despidas sin licuarme el corazón.
Observo cómo una mosca es arrastrada por un grupo de hormigas, la mosca está aún viva, luchando por escapar de sus predadoras, fingiendo tener valentía y perseverar hasta el último respiro, pero salvarse no es posible. Imagino esa agonía, si acaso esta mosca razonara, sentiría la más aturdidora impotencia, la más tortuosa frustración, sentiría la crudeza de esta vida, donde el más astuto y el más hábil sobresalen, aún con sus alas, esta mosca no logró escapar, porque sólo se valía de ellas, y éstas (sus alas), ya no le podían alzar en vuelo. Me siento mediocre al realizar esta analogía, pero creo disminuir así mi sangrado emocional. Intento, como es evidente, poder agredir al amor, al fútil y radical escombro de odio que hoy en día confundimos con capricho, intento lacerar y estrujar al impenetrable supuesto de afecto que se contonea y se exhibe por mis alrededores. Maldito flujo de comunes que me hacen sentir más dependiente de ella, maldita ingratitud que se vuelve carne en sus formas, maldita traición rebuznada. Maldita mi seriedad… Si fuese más desatento y descomplicado, seguro podría vivir alegre, aún sabiendo que ella se bifurca para revolcarse, abrazarse, besarse, y sonreír con otro cuerpo.
Infraganti y maliciosa, así es ella, una cúpula de cálculo, una estrategia bien diseñada, un engendro del tiempo, una masa elocuente que en uso de su lengua y su literatura, me moldea y me suma al montón de títeres que hizo para divertirse. Bestia cuadrúpeda que me abraza y me desgarra. Ella, es como una fruta que posee todos los sabores: los dulces, los simples, los ácidos y los amargos.
Entre su cabello y yo, hay una gran diferencia, su cabello es hermoso, y yo, soy enteramente lo contrario. A los dos nos acaricia y nos fabrica a su parecer, pero también nos esconde y nos limita, nos constriñe en razón de sus necesidades.
Al escribir esto, mis lágrimas caen como el lodo y la pobreza a través de un risco, como piedras que arroja el río a lo largo de su cauce. Así describo mis angustias: turbias y contaminadas por sedimentos de vacío y desesperanza.
Así se siente...
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