Interroga al capitán sólido de las bajas concurrencias y obtendrás la cualidad de movimiento cauteloso, librándote de obedecer advertencias vagas y temerarias.
Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Ignorancia y decepción emocional

No necesito una canción nostálgica para darme cuenta de la indiscutible falsedad de mis labios al decir que sólo me sostengo en una colección de gustos, y que ese, es el más evidente fundamento de mi acercamiento, aún sabiendo que va más allá de susurrarle lo mucho que la quiero. No entiendo qué sucede en los confines de mis castillos éticos, no comprendo la profunda intensidad de estos impulsos, de estos parlamentos que me obligan a pensar en ella, en odiarla por ser tan hermosa, en respetarla por estar tan bien plantada y arraiga sobre mis ideales. Se ha convertido en una miel difícil de retirar, se ha transformado en el alcohol de mis decepciones.
Imposible me resulta librarme de esta casi obsesiva necesidad que me aqueja: renacer desnudo bajo el mismo flujo de agua, despertar apoyado sobre el mismo mantel, y dormir junto al cálido frenesí de sus hormonas (…) me empeño en sosegarme, en agotarme para no acariciar el imperceptible recuerdo de su aliento.
Cómo decir te amo sin sentirme rechazado o prematuro, qué palabras utilizar para disimular mi ansiedad y mi delirio, dónde esconder la timidez y el nerviosismo de mis manos…
* * *
…Para después decepcionarme con tu inmunda desfachatez, tu repugnante traición y tu descarada hipocresía, cómo jurarte amor eterno, cuando sé que esa eternidad se extiende sólo unas cuantas semanas. Cómo decir “siempre serás a quien deseo”, cuando el siempre se traduce a unos pocos instantes del día… Cómo actuar y tragarme esta farsa que me genera placer, cómo arriesgarme a perder la cordura y la voluntad. Cómo ponerte a elegir entre la nada y la miseria… Entre los demás y quien está parado frente a ti. Cómo hacer que te despidas sin licuarme el corazón.
Observo cómo una mosca es arrastrada por un grupo de hormigas, la mosca está aún viva, luchando por escapar de sus predadoras, fingiendo tener valentía y perseverar hasta el último respiro, pero salvarse no es posible. Imagino esa agonía, si acaso esta mosca razonara, sentiría la más aturdidora impotencia, la más tortuosa frustración, sentiría la crudeza de esta vida, donde el más astuto y el más hábil sobresalen, aún con sus alas, esta mosca no logró escapar, porque sólo se valía de ellas, y éstas (sus alas), ya no le podían alzar en vuelo. Me siento mediocre al realizar esta analogía, pero creo disminuir así mi sangrado emocional. Intento, como es evidente, poder agredir al amor, al fútil y radical escombro de odio que hoy en día confundimos con capricho, intento lacerar y estrujar al impenetrable supuesto de afecto que se contonea y se exhibe por mis alrededores. Maldito flujo de comunes que me hacen sentir más dependiente de ella, maldita ingratitud que se vuelve carne en sus formas, maldita traición rebuznada. Maldita mi seriedad… Si fuese más desatento y descomplicado, seguro podría vivir alegre, aún sabiendo que ella se bifurca para revolcarse, abrazarse, besarse, y sonreír con otro cuerpo.
Infraganti y maliciosa, así es ella, una cúpula de cálculo, una estrategia bien diseñada, un engendro del tiempo, una masa elocuente que en uso de su lengua y su literatura, me moldea y me suma al montón de títeres que hizo para divertirse. Bestia cuadrúpeda que me abraza y me desgarra. Ella, es como una fruta que posee todos los sabores: los dulces, los simples, los ácidos y los amargos.
Entre su cabello y yo, hay una gran diferencia, su cabello es hermoso, y yo, soy enteramente lo contrario. A los dos nos acaricia y nos fabrica a su parecer, pero también nos esconde y nos limita, nos constriñe en razón de sus necesidades.
Al escribir esto, mis lágrimas caen como el lodo y la pobreza a través de un risco, como piedras que arroja el río a lo largo de su cauce. Así describo mis angustias: turbias y contaminadas por sedimentos de vacío y desesperanza.
martes, 16 de noviembre de 2010
Anunciando mi suicidio
Maldito y estúpido sea mi delirante reproche, esta desagradable verdad que se atraviesa en el rojo aclarecer de mis ojos. Todo esto que llevo dentro, es sólo la intrépida incapacidad de atraer a otro ser humano… Si tuviera que elegir, elegiría una duplicación de mis carnes, otro sujeto que se comidiera a clavarme el puñal, a terminar con esta agonía sádica y reformista. A veces me da risa lo iluso que puedo ser, creer que esta pobre humanidad me vale para introducirme en el interesante pensamiento de otros, soy un verdadero idiota si creyera que alguien puede estar pensando en mí, que alguien puede suspirar o sonreír por mí, que alguien puede verme como un vínculo de ternura en un amanecer, como una luz que se hace necesaria para otros, como una nota única en la melodía de una dichosa canción. En esta carta que redacto antes de mi suicidio, no pretendo que me perciban como un esquizofrénico o algo parecido, nooooooooooo, eso jamás. Sólo intento expresar las bufonadas por las cuales me atrevo a convertirme en residuo visceral. El último documento que expidan con mi nombre, será el acta de defunción, mi acta, mi último replicar en los archivos de este gobierno, en los registros de quienes hemos pasado por esta vida, y viviremos como muertos en las encuestas de los estadistas. También me pregunto dónde terminará mi cadáver, quiénes y cuántas personas se acercarán para chismosear y curiosear mi maquillaje postmortem, mi patética y ridícula palidez degenerativa, mi voraz degradación, y el pecaminoso banquete que los gusanos se comerán después de mi entierro.
Ahora el otro dilema que me aqueja, es: cómo y con qué vestiduras debo suicidarme, pues, no puedo dejar que cuando lleguen a realizar el levantamiento de mi fétido cadáver, vean postrado el sutil desmembramiento de una figura poco educada en su vestir, debo ser cuidadoso con mi apariencia, la que por cierto es bastante simple e insignificante. Y con eso reitero lo que siempre me han hecho creer, que no soy lo suficientemente bueno para otras personas, no soy ni la mínima carga de acción que ellos necesitan, nadie se conformaría conmigo, y que mucho menos podría suplir o satisfacer las necesidades de otro que aquejen a otro.
Soy un perverso, que pronto ya no será, que pronto dejará de parecer, aparentar, percibir y sentir… Soy un inequívoco suplicio de egoísmo fetiche. Soy un vómito defectuoso y castrado, un bulbo de huesos y parásitos redundantes y cacofónicos. Soy el que próximamente dejará de existir como ciudadano, para convertirse en materia biodegradable e inanimada. Estas son las facetas que poseo y que adoptaré, me apropiaré de muchos calificativos, quizá y hasta mi nombre sea protagonista de cuentos y distorsiones entre los vecinos de la cuadra, o entre quienes una vez me conocieron y fingieron tener empatía o alguna clase de seudorelación con este frígido campesino.
Debo sumar a estas líneas, las ideas que construyo para el futuro inmediato a mi desaparición, aquello que posiblemente sucederá, como la repartición de mis logros, y el bulloso debate sobre las causas o las situaciones que me condujeron a concluir con mi vida, por eso, intento entre lo más lúcido de mi cordura, relatar el por qué de mi “cobardía”. Cobardía que se compone de odios y críticas hacia lo que soy y lo que muestro, hacia lo que vivo y lo que entiendo, hacia lo que intento y lo que pierdo.
Mi perdición no es un secreto, ahora se dirá que por haberme suicidado, debo retraerme a pena y desolación eterna, a culpa y lamentación. Cuando en realidad, seré uno más que se acuesta, uno más que parte y no regresa, uno más que se aleja sin dar un paso, uno más que abona estas tierras, uno más que se despide, uno más que…
martes, 9 de noviembre de 2010
En el fondo de la taza
Me arrastrará sobre mil rocas cuando mi conciencia se venga abajo, machacará lo atractivo de mis labios y mi boca, y me arrancará los ojos con sus trazos, me aplastará como a una mosca; pero la necedad revino conmigo, la realidad de que soy un necio, la verdad que desde niño mi madre plasmó en mi ombligo, la expectativa de vivir sin deber un precio (…) como un lobo que se pierde en el destino, yo he venido sólo a vivir, a saltar sobre las trampas de mi enemigo, a parir cantos de gloria y equidad, y a caminar sobre charcos que junto a rosas esconden la emoción de morir según las dichas de mi vivir.
* * *
Llevo la marca del vientre oscuro, pues nací en la cuenca del cazador de estrellas, y ahora soy capaz de ganarme el cielo, de amar y sollozar si es necesario, de sonrojarme al decirte que te espero, que te quiero y que sin ti muero. Este cariño que te tengo, no se cambia por esmero, nada en este mundo es tan divinamente imperfecto, cómo decirte que entre mi alma y mi pecho, el vínculo y la ligadura más voraz es tu recuerdo, que el firmamento y la paternidad de mis ríos hoy sólo imitan tus colores y tus voces. Y aunque yo he crecido sin conocerte, sé que el dejarme o que te deje, no me da miedo, sólo me da temor conocerte, pues, es casi seguro que quedaré enganchado a tus múltiples cualidades, ya que eres la más bella de entre todas las ajenas, un trago de sospechas y adoración. Eres la hija de la cara ardiente del lado bueno de esta esférica irrealidad, hoy me acongojo si te digo que no es cierto lo que mis ojos sin verte me han dibujado como un beso.
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Todo me parece muy…Bonito! Bonito el brillo del sol que me atrapa al despertar, bonito este día que pronto pasará para dar paso a otro día aún más bonito. La vida es un carrusel de alegrías y desventuras, de animación y dominación, de travesuras y sequedad, de gente que vive de risas, de amor y caricias, de dichos y cuentos, de abrazos y cosquillas. Festeja este día de goce y cordura, de interés y de cremas, de dulce derrota y de picante victoria, de miradas robadas, de gente que habla y no miente, de acuerdos y juegos, de razón y capricho, de salsa y de escarcha; festeja este día de gusto y encanto, de ganas y aliento para salir corriendo en busca de un libro que aún tenga espacio para añadir finales felices con arroz y perdices.
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Mis sueños romperán los límites de la tarde, voy quedándome blanco al final, con un pálido contraste de ideas y sabores; así como la madera se apiada de sus flores… El sol encarnará un hombro de apoyo y folclor. Ahora estoy muerto de sed, débil al andar, pero el fruto de mis ojos se hará respetar, y entre el flujo de mis pasos el piso he de golpear, para que la pulcritud de mis pensamientos queme a mis miedos, y me reparta entre las corrientes del aire, para cantar e interpretar bailes de júbilo y piedad. Me dispongo a reír, pues no me asusta la soledad patriarcal, porque veo en el campo la intensidad de mis sueños, que han de llegar con el hijo de estas lágrimas que pronto de mí escaparán. En la historia me recordarán como una semilla más, que impregnada de miel se mantuvo paciente hasta al olvido vencer; y ahora partiré con el alma enriquecida de fe, para pronto llegar a la luz del día, donde mi cuero y mi vientre se juntarán en gritos de esperanza y felicidad, que estarán entre cada gramo de tierra, y entre las pinturas de quién posea talento y enmarque una idea por siempre.
En el trasfondo de un narciso
Cómo sentirme libre en medio de una putrefacción espiritual, cómo sentirme auténtico dentro de una máscara de roles inadecuados y contrarios a mis gustos, cómo despojarme de esta carne que a diario me vincula a un rústico placer de halagos y cumplidos odiosos e hipócritas (…) Todo parece ser tan ingratamente adornado y premeditado, todo este esplendor de dichas y seudodichas no es más que un descontento limítrofe en la manufactura humana, no es más que un desatino optimista y revoltoso, no es más que un capricho sebiento y deleznable, culposo y drogadicto.
Una apariencia que los demás creen aceptable, que los demás, sí, los que están de más, creen digna de admiración al encontrar similitud en la tan evidente concupiscencia insatisfecha, en la tan elogiada pulcritud de sus rostros y, en la tan abandonada normalidad de sus deseos. La cáscara de esta pared de huesos estilizados y de estos cabellos malintencionados se va deteriorando con el paso de las críticas, pero se va fortaleciendo con las caricias de quienes hoy hacen parte del olvido. Mis altercados retóricos se suman al controversial estadio de figuras y posturas que estoy condenado a manifestar, se suman al sarcástico e ineludible volumen de ideas que deforman la naturalidad de mis conflictos. Odio parecerme tanto a lo que los demás quieren, odio querer lo que ellos quieran, odio satisfacer la beatitud de quienes no me conocen, detesto formalizar alianzas con quienes después me apuñalarán, odio carecer de inocencia, odio ignorar que soy tan especial como ellos, que soy tan particularmente intenso en mis atributos y, odio reconocer que puedo cambiar pero no lo hago por temor o simple conformismo.
En el fastidio de mi soledad, también he logrado aplacarme y empalmarme en razón de concesiones propias, en razón de ideas y pensamientos que hasta hoy serían sólo amistades de un excéntrico. La indolencia que hoy remarco y afino, es una mínima orfandad de civismo, de asalto y remordimiento social. No sólo estoy moldeado según un flujo de interacciones ajenas, sino también estoy construido para no despertar desagrado o animadversión en las miradas de lo demás, en las disentidas y curiosas miradas de a quienes siempre me he doblegado.
Negado a las paradójicas irreverencias de mis más distantes allegados, y ofuscado frente al extravagante y ridículo concierto de incoherencias intransigentes de mis sólidos desperdicios, así reverbero en llanto y contradicción, tras sentirme, tras amortiguar con mi nombre la verdad de mi real inexistencia, de mi tan detallada y renombrada fragilidad emocional. Me complazco al escucharme gritar que soy tan insignificante, tan pérfido e indeciso, tan estúpido y desmedido, pero (…) también soy apto y admisible, cooperativo y reconocido, soy parte de la lista, soy un absurdo con éxito, soy un líder entre la ligereza de esta carrera, soy agonista e ingenuo, soy maquiavélico e insensible, soy objetivo y ofensivo, soy una mierda de colores muerte, soy el horror de mis necesidades, soy el contrario de mis apetencias, soy la mancha entre la cristalina parvedad de una fuente, soy un agente biodegradable y oscuro, soy el carbón de los hospitales y la humedad de las iglesias, soy el ladrón y el destructor de mis propias ilusiones, el verdugo y sepulturero de mis glorias, de mis talentos y de mis alegrías.
La asfixia y la indignación pupulan en el supuesto falaz de mis émulos ególatras, avasallan la reducida trascendencia de roles que puedo concebir y, se convierten en el suero que cada día me inyecto al despertar. Mi discurso se ve insoslayablemente compreso por esta ideación de un disfraz aleatorio y cambiante, camaleónico para la falsedad de las noches y el acecho irracional de las mañanas. La fortaleza de mi naturalidad está en contraposición al dominante latir de las reglas impuestas por los demás, por aquéllos que hoy se consideran dueños de este muñeco articulado.
Con el discurrir de los días, con el risible pasar de los segundos, y con el petulante contoneo de las horas, me voy estresando más, me voy convirtiendo en un animal ansioso, en un manojo de raíces marchitas, en una fumigación de rabia silenciada, en un crimen sin víctima o culpable, en el cuello de un pobre perro estrangulado por su hambre, en la discreta declaración de resistencia al sistema, en la bullosa expoliación de mis intimidades.
Ya no sé qué hacer, ya no sé quién soy, no sé qué quieren, no sé qué decir cuando la incongruencia y la tontería son los únicos calificativos que se desprenden de los demás, cuando un centenar de pueblos se destruyen entre los nudos de mi garganta, cuando el ángulo de mis palabras es inflexible y desmesurado, cuando la ausencia de vida y la repetitiva abundancia de guerra se funden en un pacífico preámbulo de ambición e injusticia. El tejido de rasgos populares se estatuye cómo mi única verdad, y es así como finalmente cualquier sacrificio que yo haga sólo me alejará de la formulación insurgente a la cual quisiera dar inicio.
Pero la lógica de mis pasiones está tan bien limitada, que sería inútil creer que tras la sacralización a la cual fui expuesto, me rebelaría con tan bestialidad, que los demás no tuviesen más opción que desterrarme de la impotente realidad que ellos administran. Entre los protervos pensamientos de mi mente, encuentro una tangencial respuesta a mis debates, creo saber cómo sobreponer mis gustos sobre la esquemática y rígida posición de los demás. El suicido se convierte en la eclosión más prudente para mi caso, en la acción más radical y eficiente.
