Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




miércoles, 27 de abril de 2011

Lo cierto en el acero


¿La verdad que desplegamos al caminar por un andén es en realidad nuestra más sincera conjetura?, es decir, ¿lo que creemos tener y lo que creemos mostrar hace parte de la física de nuestro mundo? o ¿simplemente es una imagen virtual que inverna al interior de nuestra trágica individualidad?


En la terquedad de mis andanzas, he visto tantas manifestaciones de amor, de hermandad, de gloria, de egoísmo, de todo… pero, entre la intransigencia de un entorno vacío, también he visto tus ojos, tus pestañas, que al verme, se desnudan una a una, mostrándome la sinceridad de tu palabra, la ligereza de tu ser y, el más bello paisaje de cubierto por negras y finas siluetas.


No hay regla que impere sobre mi gusto y mi redención, no hay caudal más fuerte que mi llanto al recordarte, no hay horizonte más hermoso que el rojo de tus labios, y no existe lugar más sagrado que el bronce de tu espalda. No logro conjurar tu nombre, porque, la rebeldía de un sol indecente, me obliga a pensarte y vivir con tu nombre, para qué nombrarte si de hecho, estás en mi piel, mi ahora y mi después.


Cómo alcanzarte, si en la simpleza de mis cantos me encuentro con la más odiosa verdad… soy yo quien va adelante, pero, por mi antigua y cruda vergüenza, dejé que mi orgullo gobernara sobre mis manos, pero ahora, te suplico me abofetees y me liberes. Desátame y castígame con el más hermoso de tus besos, castígame al enseñarme que te necesito, y enséñame que más que un castigo, tu beso, es el más bello de los premios.

miércoles, 20 de abril de 2011

Rosa-sacro-demonium (2ª parte)


Efraín, Al ver el cabello de la joven recostado sobre algunas piedrecillas, se aturdió cómo si un montón de cámaras aplicaran el flash hacia sus ojos, cómo si sus cejas fueran atacadas por un arsenal de luces inarmónicas, rápidamente sus manos treparon por su pecho hasta llegar al centro de esta discordia, tapando sus ojos y evitando que las luces inexistentes abatieran su vista. El viento arremetía contra su inflexible mirada, y la bulla de un sinfín de mudos calmaba el lánguido intelecto de su furia. La parquedad de su lengua se vio vulnerada por la toxicidad de sus palabras, y el blanco de sus dientes se convirtió en rojo cuando la lengua fue apretada por éstos. El azul de sus pantalones desteñidos se alistaba para recibir las gotas de sudor que iniciaron recorrido en la nuca de Efraín, pues, aún en su psicosis, el nerviosismo y la desesperación emocional hacían en Efraín que su cuerpo respondiera con la segregación de miel salda.


Gritos sin voz fueron expedidos desde la reducida jerga que lo caracteriza, entonces, su entorno fue concebido como una manta de oscuridad y tragedia. ¿La muerte de esta señorita tendrá a caso algún significado específico? ¿Se alojará en la memoria de este hombre, y lo acompañará en cada mañana? eso es algo que nunca será definido, así como nunca se ha definido la identidad y la personalidad de quien responde al nombre de Efraín.


Efraín ve que el cadáver está allí postrado con las manos extendidas y con los dedos medio doblados, con una mirada sin enfoque, con un maquillaje de sangre que le realza el azul de sus ojos, con una serenidad tan excitante y envidiable… A esta criatura no se le ven las alas, pero aún así parece un ángel, y Efraín en medio de su dudosa cordura, se lamenta por haber sido quien le arrebató la vida, una vida que a grandes rasgos fue extinguida, pero que en la intimidad de su penumbra, aún se conserva para dar virtud y realidad al círculo en el que posa la mente antes de redimirse a las fábulas de antaño.


Bajo la fría y vieja suela de unos zapatos de cuero, la mierda de un perro desprende un olor nauseabundo. Al ser aplastado por los pasos de Efraín, el excremento de un can, es ahora, la huella mnémica que retumbará entre las cavernosas fosas de una nariz quisquillosa, así es… Efraín posee un olfato muy sensible además de refinado, por lo tanto, tal olor a mierda, es lo suficientemente poderoso para crear en este hombre, un malestar generalizado e indescriptible.


La burla que su vientre le hace a tal olor, es verdaderamente incomprensible, Efraín tose y tose, e inicia un extendido coctel de insultos sin dirección, se arrecha como sólo él sabe hacerlo. Se cabréa por tener que percibir tan repugnante insolencia. Y termina el escándalo diciendo -perro de mierda ¡cágate en el vientre de tu madre!-


De una mochila que se encuentra al interior del vehículo, Efraín saca un hacha, y en cuestión de segundos, sin tener opción de meditarlo, toma de los cabellos al cadáver, lo arrastra unos cuantos centímetros, y se decide a retirarle la cabeza, degolla a la señorita que ahora es la víctima… víctima de qué o de quién, aún es incierto, sólo hay certeza de su status, de su papel, de su tierna obediencia.


La cabeza es desprendida con gran rudeza, y la sangre, al parecer, circunda a través de la horrorosa fisura. Un acto extremadamente abominable, la carretera ahora encuentra entre sus rutas, el paradero de un cadáver sin cabeza, y la ilusión de un jinete sin caballo, que ha perdido noción y reconociendo, identidad y belleza.

Rosa-sacro-demonium (1ª parte)


Veo esta carretera cada vez más estrecha, pero, no creo que hayan sido los tragos que me tomé en el bar… No, de ninguna manera, esta maldita trocha es cada vez más angosta, algún idiota debió ser quién la diseñó, o algún campesino necesitado. No puedo visualizar bien el camino, me duele el estómago y aún me salen gases a causa de esas odiosas cervezas que bebí…


Estoy aburrido de usar estos ridículos lentes, quizá, sin ellos, todo sería más fácil, me repugna tener que estar limitado, y absurdamente vinculado a unas gafas para poder ver qué mierda se para en frente…


* * *


Efraín vagaba sin rumbo a través de un camino destapado, sumergido en su borrachera, hundido en su insólita psicosis y, adscrito a un tufo que le daba maluquera y lo mareaba sobre un sillón viejo y desgarrado. La rezagante borrachera que a él lo poseyó, fue creciendo y, al fundirse con la intrépida psicosis, forjaron una rara pero fuerte relación. La mente de Efraín sucumbió ante la inesperada redención de un viejo sarcasmo, una hipocresía de antaño que se reformaba entre sus cavidades cerebrales.


Sus manos empezaron a sudar, a volverse inquietas, a tararear melodías irónicas, a revolcarse sobre el timón, y a desnudarse con una breve rasquiña. Sus ojos bailaban y reían, su corazón se estrujó mientras sus pies gozaban de autonomía y disparidad. Como si un millón de heridas se crearan en su rostro, empieza a quejarse y a llorar, a retorcerse y a reprimirse, a insultarse y consolarse. Efraín se viste de norma, y busca ser la excepción a ésta, busca ofender a su “super yo”, busca atacar su virginidad ética y, compadece ante sus sueños para descubrir que es capaz de lo impensable.


Efraín, desata su insolencia y oprime el acelerador a todo lo que dé, afina su enloquecida seriedad y vacila sobre qué o cómo conducir, marcha con soberanía sobre un camino viejo y remendado. Atina su vista sobre la silueta de una mujer que está a pocos metros de distancia, amarra sus manos al timón y como bestia sin remaches, jacta su enfurecida alegría arrasando con aquella figura que transita sobre las piedras, atropella sin compasión a la inocencia de una mente descalza. Efraín arroya a una mujer, y lo hace sin entender cómo o por qué ha sucedido este impase. Golpea con su carro a la vulnerable y delicada imagen de una desconocida, atenta contra la ambigüedad de un cuerpo sin tracción, y así, postula su ignorancia como el motor de su mentalidad lunática.


Efraín se detiene, baja del auto, y con una mirada sacra, impone su tiranía sobre la infinita soledad de la noche, la oscuridad y la luz de las farolas es la mezcla perfecta para esta escena desconcertante, es la unión perfecta para revelar el flujo de entidades que a Efraín componen, sus personajes y sus múltiples mundos.


Él, arroja un escupitajo hacia la nada, y extiende sus brazos en señal de victoria, pero inmediatamente después, los contrae como si el frío de la muerte aún estuviese a su lado, como si lo bañaran con agua del océano ártico, como si la helada que acabó con los cultivos de maíz en el 87 lo abrazara y lo reprimiera. De repente, la pupila de sus ojos se dilató, entonces, dio espacio para que sus ojos fuesen capaz de revisar y escanear la zona, avisando de la existencia o usencia de alguna compañía inoportuna, pero todo está en calma, nadie lo acompaña, sólo su otro yo, su otro Efraín.

lunes, 18 de abril de 2011

Una razón, sólo una...


Si tuviera dos, o sólo una completa, si poseyera media, o tan solo una pequeña muestra, una fracción, sólo necesito un poco… quisiera encontrarla, desearía abrazarme a ella y, aferrarme con las fuerzas que ya no tengo, la adoraría y me revestiría de valentía para aceptar las incongruencias que a ella estén adscritas.


Cómo decir que la necesito, cuando en la realidad de mi agnosia, ella es quién decidirá mi futuro, si aparece, entonces seguiré caminando con un poco más de sangre en este corazón, si permanece escondida y no logro hallarla, se eliminará mi “a largo plazo”, ya no habrá más qué hacer o decir. Pues, las palabras y las acciones serán dos elementos que sobre mí otros crearán, pero que dentro de mí ya no bailarán.


La irreverencia de mis extremidades está cansada de buscar infructuosamente, de creer lograrlo y después descubrir que no es así, de creer intentarlo sólo una última vez, cuando se sabe que se necesita más de un intento. No, aún me es esquiva… aún no encuentro razón, razón de vivir mi vida.

jueves, 7 de abril de 2011

El tiempo hizo de las suyas


Las cosas se acaban… todo llega y todo pasa, ¿debe ser éste el ciclo de las cosas? La miel en algún momento se agota, y qué hay que hacer entonces, pues, cambiar de dieta o, dejar que nuestras necesidades se abusen entre ellas y encuentren placer en la ingesta de un aire sin olvido.


Ahora en la distancia, la noción de amor fallece y se descompone, todo se ha convertido en parte de un montón de disculpas, que para el atardecer, servirán de consuelo en quienes hayan perdido sus ojos y oídos. Y más allá de lo que mi sentir es capaz de soportar, en aquella enmendadura de horror y sacrificio, está la libertad a la que nadie quiere estar suscrito. Más allá del llanto y la miseria, mi sonrisa se reparte en frondosas ramificaciones de altruismo, donde la timidez de la noche se desgarra entre la picardía de un sinfín de movimientos oculares.


La rotación de este mundo incongruente se mezcla con la rareza de tu ausencia, y ahora, tu fascinación y tu cobarde cortesía son el residuo de lo que ayer fue valentía y comprensión. La iracunda relatividad de nuestro apego, se ha ensañado en decidir por nosotros, para que en medio de un bosque de verdes amistades, mi voluntad y mi juicio encuentren razón a tu lucida experiencia.


He descubierto que el tiempo es competente al cumplir su labor, sí, sí lo es… Sin saber si el decir adiós es un atrevimiento apresurado, causado por la euforia y la melancolía, me arriesgo a decirlo, a despedirme para quizá en una mañana próxima, verte transitar como una más, como otra que se desplaza a través de estas tierras, me arriesgo a divertir tu burla con la sarcástica rebeldía de un héroe invisible y, con la prematura madurez de unos pasos vagos e incosntantes.


Nadie estará exento de recibir bofetadas de un cualquiera, todos nos veremos plagados de impotencia y frustración, cuando la pareja de nuestra almohada se vincule a otros rumbos y, se aleje en búsqueda de un campo más próspero y egoísta. Cuando la causa de nuestras más íntimas emociones, pierda motivación y deje a un lado el compromiso que nunca se dialogó, cuando se rompa el acuerdo que nunca hicimos y cuando se descubra que nunca estuvimos atados en exclusividad, porque simplemente fuimos compañeros de un “algo” para llegar a la nada.


Daría lo que fuera por vivir un segundo a tu lado, pero el perfume de mis besos ya no tiene efecto sobre ti. No siento dolor, sólo un vacío que aumenta con el paso de las noches, un vacío que me aborda en cada sueño y desprende de mi mente aquellos recuerdos que en ésta retumban desde el día en que te vi.

lunes, 4 de abril de 2011

Una sonrisa… ¿cómo la voy a pagar?



Rodeado de múltiples ironías y fallecimientos, así se ha construido mi voluntad… bajo un ardiente desdén de engaños y sofismos, bajo la candente realidad de un grupo de seres activamente interesados y solapados. Entre los límites de mi propia tempestad, las ranuras de mi hostal se fueron cerrando para que aquéllos que ayer fueron mis amigos, hoy sean las ratas que intentan penetrarlo y abastecerse con mi reducida pero cálida humildad.


La magia de un sinfín de conversaciones ha quedado en cenizas, ha descubierto su lado hostil y vanguardista… mis amigos, le han dado descanso a su hegemonía literal, han plagado otras tierras y, han sembrado en oídos desconocidos todas esas patrañas que antes con gusto dejé que se cultivaran sobre la fértil y versátil inocencia de mi ser.


Cualquier información que de ellos escuche, se hará polvo y se consagrará como el listado de sarcasmos e hipocresías que vilmente amanecieron después de cada intimidad… una intimidad de juegos y reflexiones, un pasado escrito sobre una hoja manchada, una idea que fue y que no volverá, un "hasta luego" que se convirtió en "adiós" y "nunca más".


Ya no tengo más que un costal de estúpidos recuerdos, que me acarician el mentón y me acostumbran a vivir entre falsos personajes y tonterías de pobre importancia. Alguien sabrá de mí, de mis cosas, de mis secretos y mis glorías, pero, a esa persona no le pagaré, la sinceridad de mi hombro y de mis palabras serán el enlace que vincule nuestra estrecha serenidad.

domingo, 3 de abril de 2011

Cuídame la espalda, del resto me encargo yo (1ª parte)


Cuando el sol se ha perdido entra las cansadas luces de una ciudad intermitente, la oscuridad se balancea sigilosamente a través de calles desoladas, penetrando en los tacones de quienes osamos atravesarlas sin mirar atrás, y acariciando el horror de nuestra colorida tarea. Las esquinas se amoldan unas a otras, se prestan para el bochorno y la rudeza, se agitan con el pasar de hombres insaciables y, se estresan con el azar de mujeres en busca de esos hombres.


Desde que cumplí la mayoría de edad, es decir, hace varios meses, he optado por salir en las noches, por disfrutar de lo desconocido, en compañía de entes sexoafectivamente anónimos e, ignorando el furor y la picardía de estos placeres. He vivido historias en cuerpos que sólo construyo de noche, y he robado sentimientos que sólo emergen en las noches, pero, también he descubierto una risa y un llanto que, al son de unos cuantos aguardientes, me aterrizan y me ajustan a una vida entre tacones, apariencias y ganas.


“En mi adolescencia, mi padre ha estado medianamente pendiente de mis cosas, de mis andanzas y mis amistades, pero, difícilmente se enteraría de mis verdaderas nociones de juventud… la verdad, él aún vive cuidándome, pero, ya no tiene que hacerlo, ¿qué me va a cuidar? Nada que no se haya vendido ya. Que me cuide la espalda, porque del resto me encargo yo”.


Entre mis aventuras nocturnas, me he topado con innumerables perfiles de hombres, desde los ansioso-arrechos, hasta los cohibido-perversos que buscan encontrar razón a un gemido o una conducta específica… Comportamientos que en mí, varían y transitan por situaciones excéntricas y arcanas. Pero, también he conocido personajes de fábula, señores con una edad respetable y con unos “modales” dignos de admirar. Hombres como “Don Carlos”, aquellos que virtualmente establecen y mantienen un límite en sus acciones, y más si éstas van dirigidas a una señorita de aproximadamente 15 años menor que ellos.


* * *


No sé cómo empezaron las cosas, pero, me ha invitado a salir, son casi las 7:30 pm, y él quedó de recogerme a las 8:00 pm a una cuadra de mi casa. Falta cinco para las ocho, y mi celular suena, ahí está él, tan cumplido y caballeroso – eso me excita-. Me dice que ya ha llegado, así que debo ir al encuentro lo más pronto posible.


Cuando lo veo en el auto, me siento extasiada, mi corazón palpita con un ritmo erótico, y mis labios se humectan esperando que al subirme en el carro, él me reciba con un beso en la mejilla y, me solape las ganas que tengo de abrazarlo... unas ganas que me constriñen el pecho y me lubrican aquéllas partes que no he de mencionar. Cuando ingreso al carro, me saluda formalmente, con un fuerte estrechón de manos y una leve sonrisa… Nos dirigimos atrevidamente a su apartamento, creo que los dos sabemos qué puede ocurrir, pero, nos hacemos los inocentes, y mantenemos una sonrisa aguada y seductora.

El auto se detiene justo, nos miramos sin saber qué decir, qué hacer o qué pensar, sin omitir la ridícula fantasía que los dos queremos concebir. Entonces, la locura de mi entrepierna se condensa y me libera en varios tragos de valentía, donde soy capaz de decirle: ¿seguimos…?


Después de guardar el carro, nos adentramos en un mundo de colores pastel, nos encerramos entre unas paredes de humedad evidente, y a la vez, partimos hacia una realidad conjunta, donde mis deseos y los suyos se fundieron en una charla corta pero sustanciosa. Mi estancia en el mundo juvenil, se vio invadida por la madurez de un hombre dominante y veraz. La fogosidad de nuestra ignorancia, de nuestra terca intimidad se exteriorizaba a escondidas, pero pronto, fuimos más allá, nos estancamos en un mar de múltiples aspiraciones. Mi vientre se contraía con rebeldía, mientras sus pantalones regurgitaban y danzaban ante la insospechada claridad de mis ojos.


Todo lo que me podía imaginar ha sucedido, todo, nada ha quedado por fuera, las formas, lo sonidos y los olores a los que quise estar anudada se hicieron presentes esta noche… noche que ahora es madrugada.