
¿La verdad que desplegamos al caminar por un andén es en realidad nuestra más sincera conjetura?, es decir, ¿lo que creemos tener y lo que creemos mostrar hace parte de la física de nuestro mundo? o ¿simplemente es una imagen virtual que inverna al interior de nuestra trágica individualidad?
En la terquedad de mis andanzas, he visto tantas manifestaciones de amor, de hermandad, de gloria, de egoísmo, de todo… pero, entre la intransigencia de un entorno vacío, también he visto tus ojos, tus pestañas, que al verme, se desnudan una a una, mostrándome la sinceridad de tu palabra, la ligereza de tu ser y, el más bello paisaje de cubierto por negras y finas siluetas.
No hay regla que impere sobre mi gusto y mi redención, no hay caudal más fuerte que mi llanto al recordarte, no hay horizonte más hermoso que el rojo de tus labios, y no existe lugar más sagrado que el bronce de tu espalda. No logro conjurar tu nombre, porque, la rebeldía de un sol indecente, me obliga a pensarte y vivir con tu nombre, para qué nombrarte si de hecho, estás en mi piel, mi ahora y mi después.
Cómo alcanzarte, si en la simpleza de mis cantos me encuentro con la más odiosa verdad… soy yo quien va adelante, pero, por mi antigua y cruda vergüenza, dejé que mi orgullo gobernara sobre mis manos, pero ahora, te suplico me abofetees y me liberes. Desátame y castígame con el más hermoso de tus besos, castígame al enseñarme que te necesito, y enséñame que más que un castigo, tu beso, es el más bello de los premios.
¡Uff! Ta´bueno, muy bueno. ¿Quién será la mujer con espalda de bronce? Afortunada chicha de estar al lado de quien es para él aquí declamador, su más hermosa musa.
ResponderEliminar