
Efraín, Al ver el cabello de la joven recostado sobre algunas piedrecillas, se aturdió cómo si un montón de cámaras aplicaran el flash hacia sus ojos, cómo si sus cejas fueran atacadas por un arsenal de luces inarmónicas, rápidamente sus manos treparon por su pecho hasta llegar al centro de esta discordia, tapando sus ojos y evitando que las luces inexistentes abatieran su vista. El viento arremetía contra su inflexible mirada, y la bulla de un sinfín de mudos calmaba el lánguido intelecto de su furia. La parquedad de su lengua se vio vulnerada por la toxicidad de sus palabras, y el blanco de sus dientes se convirtió en rojo cuando la lengua fue apretada por éstos. El azul de sus pantalones desteñidos se alistaba para recibir las gotas de sudor que iniciaron recorrido en la nuca de Efraín, pues, aún en su psicosis, el nerviosismo y la desesperación emocional hacían en Efraín que su cuerpo respondiera con la segregación de miel salda.
Gritos sin voz fueron expedidos desde la reducida jerga que lo caracteriza, entonces, su entorno fue concebido como una manta de oscuridad y tragedia. ¿La muerte de esta señorita tendrá a caso algún significado específico? ¿Se alojará en la memoria de este hombre, y lo acompañará en cada mañana? eso es algo que nunca será definido, así como nunca se ha definido la identidad y la personalidad de quien responde al nombre de Efraín.
Efraín ve que el cadáver está allí postrado con las manos extendidas y con los dedos medio doblados, con una mirada sin enfoque, con un maquillaje de sangre que le realza el azul de sus ojos, con una serenidad tan excitante y envidiable… A esta criatura no se le ven las alas, pero aún así parece un ángel, y Efraín en medio de su dudosa cordura, se lamenta por haber sido quien le arrebató la vida, una vida que a grandes rasgos fue extinguida, pero que en la intimidad de su penumbra, aún se conserva para dar virtud y realidad al círculo en el que posa la mente antes de redimirse a las fábulas de antaño.
Bajo la fría y vieja suela de unos zapatos de cuero, la mierda de un perro desprende un olor nauseabundo. Al ser aplastado por los pasos de Efraín, el excremento de un can, es ahora, la huella mnémica que retumbará entre las cavernosas fosas de una nariz quisquillosa, así es… Efraín posee un olfato muy sensible además de refinado, por lo tanto, tal olor a mierda, es lo suficientemente poderoso para crear en este hombre, un malestar generalizado e indescriptible.
La burla que su vientre le hace a tal olor, es verdaderamente incomprensible, Efraín tose y tose, e inicia un extendido coctel de insultos sin dirección, se arrecha como sólo él sabe hacerlo. Se cabréa por tener que percibir tan repugnante insolencia. Y termina el escándalo diciendo -perro de mierda ¡cágate en el vientre de tu madre!-
De una mochila que se encuentra al interior del vehículo, Efraín saca un hacha, y en cuestión de segundos, sin tener opción de meditarlo, toma de los cabellos al cadáver, lo arrastra unos cuantos centímetros, y se decide a retirarle la cabeza, degolla a la señorita que ahora es la víctima… víctima de qué o de quién, aún es incierto, sólo hay certeza de su status, de su papel, de su tierna obediencia.
La cabeza es desprendida con gran rudeza, y la sangre, al parecer, circunda a través de la horrorosa fisura. Un acto extremadamente abominable, la carretera ahora encuentra entre sus rutas, el paradero de un cadáver sin cabeza, y la ilusión de un jinete sin caballo, que ha perdido noción y reconociendo, identidad y belleza.
Fascinante... hasta ahora ha cumplido con mis expectativas.
ResponderEliminarEspero nos sorprendas con un final inesperado.
¿Que le pasara a Efrain? ¿como terminara este sujeto tan obscuro y abstracto?
Espero las respuestas en el final.