Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




martes, 25 de mayo de 2010

Visitando a tu Madre


Hoy, he llegado a casa de mi madre, es un buen sábado, me regocijo y aplaudo arrítmicamente, siento que casi puedo (…) Precisamente eso, sentir, percibir, concebir, fundirme en lo tangible; es el día de la madre, espero poder felicitarla, o al menos considerar escucharla, saber de ella, sólo pretendo que manifieste alegría. Estoy condicionado, restringido, limitado por la animadversión, entre la corriente del viento sin aliento y de las rasgaduras metódicas del sujeto, que litiga en el lumbral entre ideas, y retención objetivista. Ashh, me he dado cuenta, que no estás, quizá, saliste a disfrutar este día, y eso es maravilloso, considerando que sería la primera vez que te diviertes después de mi muerte.


Madre, me duele, me duele saber que te he causado tanto daño, sé que fui muy injusto, pero estructuralmente, mis acciones las justifico, con un argumento de prevención, alegorías cónicas, discusiones retóricas y magnificentes. Ahora entiendo, que lo mejor hubiese sido haber escondido mi cadáver, para que vivieras sin esa imagen repugnante de mi agonía. Perdóname Madre, perdóname, perdóname por tomar una decisión, que en algunos casos parecerá absurda, vaga, vergonzosa, indignante y deshonrosa. Recuerdo, logro rememorar ese día, de hecho, es lo único que recuerdo; en el lugar donde estoy, sólo prevalecen los últimos recuerdos. Estaba solo en casa, tú, estabas en el trabajo, cómo siempre jornada diurna, desgastando tu cuerpo, para poder sustentar mis necesidades caprichosas. Maldita sea mi pálida claridad de lo previo a mi muerte, Discutí contigo la noche anterior, te decepcioné, castré tu idea de verme realizado, rodeé y suprimí con mis actos cada esperanza que tuviste sobre mí, sé que derrumbé el horizonte, que dibujaste con tanto empeño para mí, al saber de mis desviaciones conceptuales, lloraste sobre el ya vacío e inanimado constructo de hijo que tenías frente a ti.


Al despertar, y ver que ya no estabas, que te encontrabas cumpliendo fielmente con tus obligaciones, decidí tomar un cuchillo, con aquellos que tú preparaste esas comidas deliciosas (…) Ingresé en la pulcritud de tu baño, me mire al espejo, acaricié todo mi cuerpo, lloré hasta casi desahogarme, y finalmente me paré bajo la ducha, invoqué tu nombre, recordé la grandeza de tu ser, tus cualidades, tu admirable valentía, grité que te amaba, y gritaba “perdón”, “perdón”, entre lo incontrolable del llanto paría palabras que nunca dije, por último, agaché la cabeza, dirigí la mirada al piso, canté un breve tonada, apreté fuertemente esta herramienta de cocina (cuchillo) y la clavé sin compasión en mi vientre. No sentí dolor, pero con la velocidad que ocurren los terremotos, así, en tan corto laxo, perdí el conocimiento, aunque considerando bien las cosas, hace mucho tiempo había perdido el conocimiento, no atendí cordialmente las disposiciones de mi conducta “esquizo”, en contraste con lo bello de aquél día(…) Caí desangrándome.


Llegaste al medio día, me llamabas una y otra vez, cuando entraste a tu habitación, viste la luz del baño encendida, y pensaste “este muchacho está gastando luz”; sé que tu mirada, fue totalmente proporcional al sentimiento que se despertó en ti, después de comprender la magnitud del hecho, intentaste auxiliarme, pero ya era tarde, sólo quedaba un cuerpo vacío de gloria, de contexto, sólo carne.


* * *


Amá, quiero que ya no interrumpas tu sueño, tu descansar, para levantarte todos los días a las 5 am, y tomar un cepillo, un balde, agua y jabón, para desmanchar ese piso donde mi cuerpo perdió su sangre, ¡mamá!, no lo hagas más, olvídate de ese monótono concierto de ideas y cuestionamientos, por favor, líbrate de las enmarcaciones morales y compilaciones absurdas de lo que ocurrió, porque me duele verte sufrir y más aún por culpa mía. Sólo deseo, que el saber, que yo poseía VIH no contraponga un alivio relativo en la determinación general de lo ocurrido. Soy la peor basura del mundo, un residuo nauseabundo, un ser que vive atado a las dimensiones del tiempo, pero, ya no sé qué es el tiempo, para mí no existe ahora o después.


Ya ha caído la noche, siento cómo mi garganta se contrae, no puedo dejarte un mensaje, ni lograr que me escuches, pero te amo, siempre lo hice, lamento demeritar tu esfuerzo, preferiría no haber nacido y evitar todo esto, sólo piérdeme de tu memoria, olvídame, olvida mis errores, mis triunfos, reprime mi concepto. Un adiós es suficiente, inténtalo, lógralo.


¡Te amo mamá!, perdóname, porque no te lo dije cuando aún podía.

martes, 4 de mayo de 2010

Sombra Cálida


La historia se repite, s
í los hombres no actúan con ligereza ante la manipulación de las “ratas”. Me encontraba en frente de una calle que dirigía hacia el monte, de repente, sufrí una clase de trastorno que liberó una idea lejana, pero a la vez acertada, de lo que en instantes sucedería ante mis ojos, tal vez experimenté una premonición o simplemente se trataba de una coincidencia. No sé qué ocurrió, pero de todo mi cuerpo, se apoderó una sensación de debilidad, de impotencia, de ignorancia; lo único que podía concluir era que a través de mi mente, la vida pretendiera darme una señal, un consejo, para resistir algo que no tardaría en llegar y que posteriormente acabaría por llevarme hasta mis límites, alejándome de las puertas de la razón. Ahora entiendo, que la mente es nuestra única herramienta de defensa y de la cual depende nuestra desdicha o nuestra fortuna, para la suerte de algunas personas, “los demás”, la vida se muestra con una máscara de niebla, que cubre sus errores y por lo tanto sus malditas consecuencias, consecuencias que aunque no lo deseemos, siempre tendrán un destino en este mundo, y ese destino, sería nada más que un ser parcialmente inferior, alguien como yo, un ser humano creyente a la vida, a la esperanza, en palabras resumidas, un inocente de la verdad.

En qué se convirtió mi vida, cuando de la nada surgió una bestia con apariencia humana, pero con una mente oscura y perversa, algo que se convertiría en la causal del sufrimiento, del martirio y de la soledad absoluta. Que bestia tan repugnante, saturada en cada fibra de su traje, con un olor pestilente y desagradable, productor de parásitos succionadores de vida, de alegría, de intelecto, de tiempo, de cordura, de todo lo necesario para ser alguien en un lugar donde todos nacen como nadie, para que un cualquiera los manipule y los moldee a su gusto tan intolerante, que carece de don, de humildad, de humanismo, de vida; y después somos un grupo de estúpidos camellos, cada uno más farsante que el otro, todos tan similares y tan perfectamente diferentes.

Manifiesto de indolencia














Es una noche extraña, aún más que las otras, intento oír inquietantes susurros de burla, que se injertan en cada uno de mis atemorizados parpadeos, donde celosamente intercalan dolor tras una intensa excitación de mis juicios peregrinos; y recaigo en un deleite de locas pasiones pertenecientes a un solo cosmos, en circunstancias políticas, una laguna ambiciosa de lirios muertos que notoriamente ocupará para resucitar gota a gota una silueta sombría, hambrienta de lúgubres destellos, protagonizados por inmensas llamas que espolean frío, un gélido rocío, que petrifica con una leve caricia todos los irreales e imperfectos músculos de mi desnudo y sencillo rostro, un instrumento de manipulación, que me obliga a expulsar de mis entrañas recuerdos bañados en sangre, y escondidos por una densa capa de niebla, dejando percibir ante los falsos sentidos, un aroma de angustia, de soledad, semejante a un brusco opio que de hojas marchitas, simboliza el fin de un pasado rebosante de inocencia y sonrisas abiertas, que callan los desesperados gritos de la pena que desgarraba lentamente el lomo de mi progenitora, que parece haber sido pintado por talentosos Ángeles, artistas de la vida, asestado espacio por el que de vez en cuando ella deja caer su fragante cabellera, para ocultar ese trágico lamento.


Historias que fatigan mi aliento, que por más que la voluntad de mi humano ser se oponga, acompañan mis pasos, que en ocasiones de un ahogo soberbio se declinan hacia senderos, que conducen vagamente a incógnitos abismos, empañados por la nostalgia que me encamina hasta el murmullo de mi respiración.


De antuvión, todo el contraste del fondo, o la fachada de esta “genial” escena se transmutó despintando la indolente silueta, que traducía ansiedad e impacto en su exasperante destello, y consigo me arrastró hasta un recinto abierto, que tallaba en su superficie, una piscina revestida por líquido artificial y jadeante, rodeada por macetas que guardaban el inanimado cadáver de las marchitas plantas, que de seguro alguna vez florecieron en su propia tumba, un nicho de tierra infértil y ordeñada; pero las materas no son el único adorno de este paraje, tres serpientes conquistaban una posición alrededor del imputado charco, desiguales en tamaño y postura, se proclamaban imperiosamente autoridad sobre mi presencia, de improviso, me percato que aquel paraje es iluminado por un esplendor proveniente de inconclusos focos, en las profundidades del pasivo estanque, observo detalladamente cualquier aspecto, seña o indicio que me vincule textual y literalmente con el trío de seres sin extremidades.


La oscuridad me envuelve y así mismo, me descubre conmocionado recostado en mi estruendosa cama, dejándome en condiciones de total ignorancia a la realidad, motivo y lucidez del asunto.