
En desgracia a caído mi alma, pues el cuerpo no la obedece, no es capaz de resistirse a los impulsos narcóticos que se sublevan sobre la racionalidad emocional. El amor, sincero o no, es una pena, un reír en vano, una pala que va haciendo más y más hondo el poso de recuerdos míseros e infructuosos donde posteriormente seré sumergido hasta agotar mi existencia y hasta tocar el fondo que me abrazará entre sus entrañas por toda la eternidad. El abandono no es ahora una opción recomendable, pues, genera algo de discordia, o más bien mucha entre las partes implicadas. El sentimiento es extinguido y lo poco que queda de él, debe marcharse, debe suprimirse, anclarse al olvido y la desolación, aferrarse y fundirse a los barrotes que custodian la muerte.
Quedarse solo también es una opción sin éxito ni validación, ya que estimula la degradación de nuestras capacidades en artes como la mentira y la manipulación, en ejercicios como el preguntar y responder lo que se debe, y no lo que es. Definitivamente no vale la pena enamorarse, no vale la pena entregarse o acercarse, sólo es admisible fingir que se hace, sonreír con hipocresía y suplir nuestras necesidades de orden anímico o sexual. Sólo está autorizado aprovecharse del otro, usarlo con astucia e inteligencia, sólo tenemos derecho a extraer lo que nos sirve y, complacer al otro para que acceda a nuestras pretensiones.
En algunos casos somos lo suficientemente habilidosos para lograr nuestros objetivos en una “relación de pareja”, pero en otras ocasiones, somos un mugre que es arrastrado por los deseos del otro, es decir, somos el marrano que necesitamos encontrar, pero en el cuerpo de otro parroquiano. A veces nos convertimos en quién deseamos manipular, y entonces, los papeles no son favorables para nosotros, el dolor y la impotencia se acumulan en nuestra garganta, nos forman una masa carrasposa que nos inhibe y nos constriñe, que nos delata y nos destruye.
Una vez escuché que, el amor es hacer sufrir para después perdón pedir, pero, quizá el pedir perdón sea sólo una faceta de la estrategia, quizá todo lo que nos digan está ya planteado en un esquema para confundirnos y desorientarnos. La táctica para conquistar está dictaminada desde avanzados experimentos, está construida después de varios ensayos y después de innumerables fracasos.
Ahora espero adoptar el talento necesario para diagnosticar a mis pacientes y ser capaz de ir un paso adelante, ser idóneo y estar capacitado para manosear sus deseos y reformarlos a mi gusto, moldearlos y tallarlos para que me satisfagan y me remunere.
En conclusión de toda esta catarsis, ¿para qué me voy a enamorar?, si bien lo ha dicho un gran amigo, el que se enamora pierde. Además, se deben tener en cuenta las siguientes traducciones: un “me estoy enamorando” es en realidad un “me estás agradando”, y un “te amo” es en realidad un “me simpatizas”. Entre otras cosas, por salud y economía es mejor no enamorarse.
Es la cruda realidad, el amor es un juego y hay que saberlo jugar, es un juego muy interesante pero cuando tu eres el titiritero y no el títere, de verdad no vale la pena.
ResponderEliminarMuy buen escrito con un toque de realismo tan natural que te da toda toda la razón.
Felicidades.