
Ahora que ha fallecido mi intento por mantener un vínculo afectivo con otra persona, me he dado cuenta que solamente debo preocuparme por verme bien, y por estar satisfecho de mis propias acciones, para complacerme y para revestirme en alegría no ajena. Debo confiar en mí, y preocuparme por mi cuerpo, mi reflejo y mi sombra. Las tres son las entidades perversas a las cuales debo rendir pleitesía, las tres son el material que concilia mis ideales y, son la masa que me acompaña a diario, sólo a estas tres debo justificar mis actos.
También, he prolongado mis alegrías y mi serenidad al ser el único y, el más importante para quien debo desnudarme, solamente yo debo acariciarme bajo la ducha, sólo yo poseo el permiso y la técnica para ordenar y adornar mis facciones. Y, nuevamente encuentro respuesta a mis inquietudes, encuentro entre la rudeza y la delicadeza de mis dedos, la noticia que controla mis euforias: después de ser expulsado del vientre de mi madre, me defino como independiente y previsivo.
Las ironías de mis juicios se encuentran marchitas, mis repugnantes ilusiones son precedidas por la relevancia de otros cuerpos y otros ideales, la filosofía de mi mediocridad está amarrada al flujo de constructos radicales, que en otras palabras, podría decir que son simples costumbres de pueblos inflexibles.
Definitivamente tras la meditación concluyo que con el pasar de los días, mi mente es más voluble y susceptible al cambio. Mi sombra y mi reflejo nunca me juzgan y por eso debo decir que son mi realidad y mi dicha. Aún, basándose en conceptos abstractos, estas figuras son mi cálida compañía en las noches en que quiero suicidarme.
Mi cuerpo es, por consideraciones colectivas, mi más elocuente herramienta, pues, posee motricidad, elegancia, soberanía, y un cabello que parece haber sido peinado con melancolía. Me debo fijar solamente en estas tres configuraciones, que como ya lo he dicho, representan mi ahora y mi después.
Junto a mi cuerpo, mi sombra y mi reflejo, me trago y me harto todas las estupideces que recojo en el día, junto a estas amistades le doy paso a la recocha y a la resurrección de mis vicios… vicios que con sabor a vino me endulzan el paladar.
Lo primordial es quererse a uno mismo, porque si uno no lo hace, ¿quien lo hará? eso se llama “autoestima”. Me parece algo bonito quererse tal como es, fijándose en las cosas buenas que uno tiene como persona tanto en lo físico como en lo emocional y no ponerle relevancia a las cosas que nos desagradan y a los malos comentarios…
ResponderEliminarMe encanta mucho este escrito, me hace recordar que cada uno de nosotros somos una persona valiosa e importante. :)