Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




jueves, 23 de diciembre de 2010

De niño me fue muy fácil asesinar


Las palabras del psicólogo son algo irritantes, me golpean y rebotan, me deprimen y me hacen sentir aún más satisfecho con mi tarea, con mis acciones y, con mi supuesta inocencia. El haber matado a un hombre es un hecho aterrador, y más para un niño como yo, cómo es posible que con tan sólo 7 años, haya sido capaz de asesinar “accidentalmente” a un sujeto de 38 años, cómo es posible que aún crean y den por cierta una versión solamente porque la ha dado un niño, cómo se entiende que no investiguen y que sólo se empeñen en minimizar y aplacar los posibles traumas que puedan construirse en mi corta experiencia.

Verdaderamente ha sido un crimen perfecto, al escudarme en mi parlamento de niño tierno y condescendiente, al sostenerme en ojos aguados y en labios tímidos, al liberar una voz de auxilio que deja un eco de sospecha y soberanía. La rivalidad que pudiese tener es mínima, nadie sería tan sagaz como yo, no existe quien pueda relevarme y desplazarme, no hay lugar ni bacante para un cualquiera que pueda superarme.

Mi madre sólo se preocupa por mi estado emocional, porque supuestamente estoy en un círculo de negación e ignorancia. Para ellos, mi madre y el psicólogo, simplemente soy una víctima de la curiosidad y la picardía, simplemente soy un ente que quería comprobar algunas cosas de las cuales estaba desinformado.

Tomé un polvillo que se encontraba contenido entre una bolsa arrugada y de nombre imperceptible, un polvillo morado que me resultaba conocido. Sí, un polvillo usado en la fumigación a ejemplares bovinos, vacunos, ect, un veneno usado en el exterminio de parásitos. Un veneno efectivo y mortal, un buen instrumento para satisfacer mis pecaminosas ganas de muerte, mis chistosas y pintorescas ansias por ver a otro ser retorcerse hasta quedar inanimado. Y pensar que sólo tuve que adicionar el veneno a una mezcla algo repugnante que mi madre suele llamar sopa; le agregué un poco de sal, unos cuantos tomates, y también opté por añadirle varios condimentos para disimular el sabor del veneno.

Aprovechando que mi madre no estaba en casa, me adelanté a servir la sopa en los platos, y cuando este señor llegó a la mesa, la calurosa habitación sólo fue acompañada por una sonrisa malévola y misteriosa. Sin saludar ni preguntar, este sujeto se sentó y se armó de cuchara para tragarse con desaforo la sentencia que contenida en el plato, la sustancia que lo despediría y saciaría mis ganas de presenciar la trasformación de hombre a cadáver.

* * *

Mi madre se preocupa porque en las noches despierto a carcajadas, permanezco horas y horas riéndome sin motivo alguno, y mirándola con ojos de psicópata. Unas carcajadas que a veces son alternadas con llantos y gemidos, con voces y silencios que posteriormente recaen en la risa lunática. Derramo lágrimas, mis ojos se empañan, mientras que de los ojos de mi madre también brotan lágrimas, pero éstas, ya son de temor y desconsuelo.

En los dibujos que hago para entretenerme construyo imágenes de hombres sin cabeza, de terrenos donde sólo sobresalen los pies de alguna persona, lagos que esconden un gran número de cuerpos desnudos, y paisajes donde sobresalen tres colores: rojo, negro y blanco. Mi madre se perturba y se desespera, pues, no sabe qué es lo que me pasa, no sabe qué hacer, qué decir, qué pensar… Quizá el psicólogo sabe que he nacido para convertirme en un gran asesino, pero, quizá intenta maquillar todo mi panorama y reencaminarme sobre vías de rectitud y tiranía social. Diría que el psicólogo sólo busca reformar y rediseñar mis pensamientos, sólo busca cuidar su salud y la de sus vecinos, sólo pretende evitar que yo me eche a perder.

Las terapias son cada día más agotadoras, tener que escuchar y fingir interés, cuando él y yo sabemos que no es posible un cambio, cuando los dos sabemos que poseo más autonomía y voluntad que él, cuando ambos poseemos integridad y astucia, pero, mis habilidades de manipulación y mi perversión son mucho más avanzadas. No hay tratamiento, solamente hay dosis para continuar con mi vicio. No hay salvación, porque no existe mal del cual deba salvarme. No existe locura, porque mis actos son un juego entre todas mis entidades. Y no existe castigo, porque sólo soy una inocente criatura, además de ser un engendro peligroso y desconocido. Así que asesinar a esta corta edad es un buen pasatiempo, que no arrastra mayores consecuencias y que me ayuda en el desarrollo de mis habilidades. –jajaja-

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