Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




domingo, 23 de enero de 2011

Madera de una flor


Ahora que mi corazón es de piedra, tú has dejado advertencias para quién desee volverlo carne, con petroglifos anuncias que el amor ha muerto en mis entrañas… El arte con el cual me silenciaste el alma, está descrito en las muchas arrugas que se apoderaron de mi rostro, el talento de tu palabra se evidencia en la verborrea de tus manos, y mis penitencias dan razón de tu dominio y tu cordura.


Mi respiración y el movimiento de mis globos oculares son mucho más intensos, la erosión y la palidez de mis labios son costumbre de todos los días. El intelecto que me caracterizaba, se fue de noche y no volvió jamás. Ya no puedo vivir, ya no puedo soñar si esta cruz me sigue tallando la espalda. Aquí se formó la banda que acompañará al rumbón de mis ingenuidades, baile y licor para todas mi decepciones, y además, ritmo para gozar el velorio de mis ansiedades.


Le hice trampas a la verdad, imitando la actuación de tus halagos y centrándome en comprender tus intereses, pero, fue un desafió superior a mis capacidades, pues, me faltó experiencia e instrucción, me faltó malicia y egoísmo, me faltó engaño, pero me sobró algo que los otros seres llaman amor… Amor que así como surgió, así se extinguió, amor que sentencié al destierro y al entierro, un sentir que fue anulado y sólo quedó impreso en las maldiciones que arrojé sobre mi nombre.


En mi vejez (aunque no aspiro llegar a ese estado), las canas serán más blancas, ahogadas en la relatividad de mis emociones, serán más bruscas y densas, más tensas y pesadas, más frías e inexpresivas.


Ahora que mi cuerpo es de piedra y de hielo, además de algunas costuras en madera vieja y podrida, desearía dormir para nunca despertar, recostarme, para después ser suscrito a una porción de tierra en un barrio al que le dicen cementerio… Si fuera polvo, nuevamente estaría debajo de los zapatos de esos seres plásticos y corruptos, nuevamente sería arrastrado al son de visiones herméticas y siniestras, nuevamente estaría a merced de seres antagonistas a mis juicios.


Mi cordura es como una sonrisa sin dientes, así es, igual a un perro sin olfato, semejante a una escultura sin admiradores… Así es mi despertar, como reír en medio de una saga de ironías y mentiras; así es mi amanecer, como la vida de una paloma sin alas: oscura, marchita, iracunda, y desconcertante. No hay episodios cómicos, sólo cizaña y vagabundería, sólo capricho y desazón.


He decidido morir, ya que nunca he conocido la piedad, y por eso quiero verme borrar de este dibujo mal hecho. Quiero y pretendo donar mis huesos a esta tierra que tanto los necesita, necesita abono y comprensión, apoyo y redención para olvidar que todo se está perdiendo y, que lo poco que queda en buen estado, hace parte un grupo reducido de narcisos bulímicos.


No tengo rencor, pero sí poseo dignidad para aceptar que soy un lunático detestable, pues, a ésta, la luna, mi compañera y mi consuelo, le dejo todo el volumen de este triste y frío corazón, que siendo de piedra se hace más frágil y endeble, más voluble y delicado, más radical y menos humano.

1 comentario:

Déjame una semillita.