Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




domingo, 23 de enero de 2011

Necesidad, depresión y desesperación


Si no creyera en lo que grito, si no creyera en mis conflictos, si no creyera en mis espectros… Nada valdría la pena, todo sería un montón de lenguas mojadas con el sudor de la pereza.


Estoy cansado, no puedo seguir viendo cómo mi madre se mata por conseguir dinero para cumplir con mis obligaciones. A mi edad, ya debo asumir ciertas demandas, ya debo satisfacer mis propias necesidades, y no seguir esperando a que mi progenitora se encargue de eso, a ella le queda muy duro. Ella no tiene porqué hacerlo, las cosas que me conciernen deben solucionarse rápido, y creo que sé cómo hacerlo, creo saber cómo rellenar esos espacios, creo saber cómo llenarme los bolsillos de ambición y sacrificio.


Me duele ver a mi madre reventar de dónde no hay modo, para saciar los requerimientos de un hogar al que ha levantado sola. ¿Por qué es tan difícil ser lo que se quiere? Bueno, no poseo belleza alguna, pero creo y confío en que mi cuerpo será de ayuda en esta tarea, conseguiré lo que hace falta a costilla de mis costillas, con el sudor de mi cuerpo y la eyaculación de mis excentricidades. Me contaminaré con otros cuerpos, pero valdrá la pena, así podré rendir cuentas y abonar a la deuda, abonar a mi deuda. Quizá así deje de escuchar a mi madre quejarse y estresarse por la falta de dinero. Quizá pueda hacer realidad las apetencias de mi hermano, darle gusto en sus caprichos de niño, alegrarlo en sus curiosas atenciones, aportar para que se forme como un ciudadano ejemplar, tal como yo prometía serlo, pero, me convertí en todo lo contrario, un mediocre de estupidez desbordante.


Conozco personas que hacen de fiscal y juzgan al que se prostituye, pero, yo no me acerco a esas personas, ¿cómo podría juzgar y señalar a un oficio que yo también estoy dispuesto a ejercer? Describo desde lo profundo de mi ridícula existencia, supongo que pienso demasiado para llegar a conclusiones o ideas tan pobres. Solamente desnudaré mi cuerpo frente a otros, sólo mi piel será descubierta, puedo ser lo que esas personas deseen que sea, con tal de recibir una remuneración proporcional… con tal de recibir un “apoyo” pecaminoso y lujurioso. Sé que no tengo perdón, pero es evidente que estoy perdido en este trozo de mierda al que llamo sociedad.


Tomaré el último respiro y me sumergiré en el desconsuelo de un abismo pertinente y malicioso. La perversión es una herramienta que recubrirá todo el ancho de mi moralidad, y así, seré más complaciente y servicial. La idiosincrasia que se populariza entre mis asechos, se ve plagada de morbosidad e ignorancia, se ve saturada de indecisión y depresión. Puede que esté errado, es posible que las opciones que hoy planteo, sean sólo un estallido fugaz e irrelevante, hasta sea posible que no inicie mi carrera en la exhibición de este cuerpo, un karma de medidas poco atractivas, pero de riquezas inmensamente valiosas, ya que la pulcritud y la higiene son conceptos que están eternamente ligados a mi indolente motricidad.


Estaré acompañado en todas mis actuaciones, la soledad jugará y bailará conmigo, ella y yo cumpliremos las ociosidades de la clientela, mostraremos y moveremos todo tal cual lo pidan, viviremos noches muy trágicas, pero también descansaremos al recibir nuestra paga. Nadie nos cuidará, y cualquiera podría ser nuestro asesino. Disimularemos la repulsión que nos generará estar sometidos al fetichismo de esas gentes.


Seremos un cautivo entre cadenas, seremos doblegados y pasmados ante la crueldad de las críticas y el despecho, ante la crudeza del rechazo y el abandono. El descaro será nuestro seudónimo, y la mendicidad nuestra realidad, rezaremos para que nos pidan, y por eso pediremos, negociaremos el valor de nuestra intimidad y nuestro aliento. Cada sonido que expidamos, de placer o de gula, de dolor o de auxilio, cada gemido o cada llanto, serán archivados en la rudeza de la noche, serán olvidados en la veracidad del ayer, en el historial de una memoria agrietada.


Nuestros andares serán vistos por mi alma a través de la culpabilidad. Mi alma, desde el misterio de la oscuridad, engendrará insultos con voz aguda, se demacrará rogando por mi orden, pero no puedo obedecerla, sólo puedo ser fiel a mi traición, a mi yugo y a mi sed. Somos, mi soledad y yo, un par de vendedores que no se dejan ver, pero que reparten su libertad a través de inmundos hospedajes, que reparten su bondad entre camas y sábanas manchadas.


El silencio será nuestro talento, ser condescendientes y accesibles será nuestro objetivo y, ser manipuladores y sagaces será nuestro reto, aún después de incinerar nuestra inocencia.

1 comentario:

  1. Fascinante.

    Me identifico con este escrito, pase por una circunstancia similar, de desesperación e impotencia al ver el esfuerzo sobrehumano de una madre para cumplir y tratar de complacer las necesidades de una familia, entiendo lo que es que la responsabilidad caiga sobre los hombros de una sola mujer, y también sentí la frustración de sentirme como un parásito inservible y no poder colaborar en algo.

    Las posibilidades en este podrido mundo cada vez son menos accesibles así que en ocasiones toca someterse a oficios no muy bien vistos por la "sociedad", pero esta hipócrita sociedad esta cada vez mas denigrada y podrida, así que no juzgo que gracias a la perversión se pueda obtener el pan de cada día.

    ResponderEliminar

Déjame una semillita.