Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




domingo, 23 de enero de 2011

Génesis de un sarcasmo


¿De dónde nacen? ¿Desde dónde viajan para llegar hasta mis mejillas y recordarme que soy vulnerable y delicado?... Y no me refiero a su origen físico, me refiero a su génesis emocional, a su verdadera concepción. Expulsamos lágrimas por innumerables cuestiones, desde una simple alegría hasta la más irremediable decepción. La tristeza y la frustración se combinan para engendrar y parir a estas muchachas de cuerpo transparente, que en las mujeres se funden con el maquillaje para tornear sus pómulos con el recorrido de éstas. En el rostro de los hombres, generalmente se esconden tras el rojo de unos párpados melancólicos e impotentes. En la mirada de un niño, se puede observar la magnificencia de éstas, la grandilocuencia y la anónima soberanía de unas lágrimas más brillantes y descomplicadas, más efusivas y gritonas, más abundantes y rápidas, más fáciles de calmar, más finas y limpias… Las lágrimas en un niño son tiranía y desconsuelo por algo que es irónicamente crónico o pasajero.


El rechazo es culpable de muchas lágrimas, la inocencia y la ingenuidad también son portales que utiliza la realidad para extraer lágrimas desde el poso de nuestras contradicciones. La realidad nos golpea tan fuerte, que es capaz de bordear ese lago donde están sembradas nuestras lágrimas, la realidad las abraza, las enternece y las domina. La realidad oprime nuestros ojos, hasta ver que de éstos, se desprenda una gran cantidad de lágrimas, como si un martillo fuese violentamente agresor de una naranja.


La felicidad y la rebeldía son también funcionarios que agilizan la marcha de lágrimas sobre nuestras bien hidratadas sonrisas. La euforia, que en algunos casos es prematura y contagiosa, es una herramienta multiforme que se convierte en polvo para estimular la expulsión de lágrimas a través de nuestros expresivos ojos. La fantasía y la exaltación de algunos sentidos, también se convierten en origen de estas señoritas caminantes sobre un campo de rojas superficies.


Los fantasmas del pasado se cuelan entre los pensamientos del presente para ejercer presión sobre nuestra irreverencia y así clamar la encarnación de celestes acompañantes, lágrimas de colores indivisibles, lágrimas de cuerpos seductores y tiernos, de rostros invisibles y de caricias ásperas e indomables.


En lo más oscuro de las alcobas, un gemido o una carcajada son el prólogo de una lágrima. Un tecnicolor de acción y omisión, de salsa y capricho… Un aviso de rezos significantes, de signos consagrados en explayadas bendiciones de júbilo y tertulias amañadoras. El autor de tan magno accesorio, no es más que un juego de emociones y risas, de reflexiones y ruina social, de simplicidad y anómalas reducciones.


Aunque digan que una lágrima es como un soponcio, sí, una sopa cacofónica y ridícula, para mí, una lágrima es la prueba de nuestra decencia, es la huella de nuestra humanidad y nuestra sinceridad, una lágrima es la excreción de nuestras más afanosas e inquietas apetencias, de nuestras virtudes y necesidades. Una lágrima es amor y elegancia en una dosis personal. Una señorita de éstas, es motivación y gloria, es una trova que toma lugar en el espectáculo de nuestras pasiones. Un profeta que anuncia suspiros y contrastes, que despide y recibe amistades, que felizmente celebra o amargamente olvida amores… Una lágrima es naturaleza sin concepto o tamaño, sin límites o amantes, sin poetas o defensores, sin víctimas o victimarios, sólo posee una lista infinita de seguidores agradecidos. Por eso afirmo que quien niegue o repugne a una lágrima es un modorro mentiroso. ¡He dicho!

1 comentario:

  1. Son la mejor muestra de nuestra humanidad, ellas expresan cantidades ilimitadas de sensaciones y emociones, tienes mucha razón no hay que negarlas ni repugnarlas, hay que quererlas y sentirlas.

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Déjame una semillita.