
Pillarnos en un espacio limítrofe, organizar nuestra prematura entrevista entre trópicos de astucia, prevención y sorpresa, diseñar y exponer nuestras distintivas y arcanas habilidades en cacería, en sigilo y supervivencia. Todo estaba improvistamente programado, tan extrañamente coordinado y sincronizado que la duda y el escepticismo se plegaron sobre la rechinante palidez de mi estadística desactualizada.
Aún en el cumplimiento de mis obligaciones, recibí una llamada; se supone que debía hacerme el “difícil”, negarme en relativo hacia la propuesta de avistamiento compartido, confirmar el encuentro a través de palabras persuasivas, destacar lo interesante y misterioso de mi tan aplaudida y mítica oratoria (…) Pero se me fueron las de caminar y en acto de inocencia fingida, accedí total y someramente a la ya anhelada y caprichosa visita animada, me apresuré para medio pulir a esta lagañosa fachada, y sin más que hacer apurruñé mi lánguida postura para corroborar que estaba ligeramente presentable.
Extendí este par de largas extremidades, y salí apresurado en fin de ostentar puntualidad, cuando en realidad esta cualidad es de porcentajes precarios en mi mordaz, satírica e ingeniosa “personalidad”. Concluí con un oro en los doscientos metros planos, experimenté homeostasis y me sentí vivo, plagado de olores y movimientos involuntarios, contracciones torácicas, y baños de líquidos glandulares. Toda una fiesta sinfónica de placeres clásicos e incontrolables, de atractivas y polémicas aplicaciones biológicas.
Después de atravesar una vía de cálculo y reflexión, le comuniqué a mi subconsciente que se aplanara y se comprimiera ante el primer intercambio de palabras; ansiosamente clamé que se me atribuyera el dominio de la entrevista, el control de nuestro empalme verbal y la sutileza de complacer y “despistar” a mi contraparte que posteriormente se definiría como agonista o antagonista de la reunión.
En medio de mi patética, ridícula y tardía reflexión, conjuré la síntesis a mis contradictorias y anómalas posturas, y más que decidido, omití la inalienable razón de algunos escrúpulos, y así apropiarme de riesgo y atrevimiento, un par de sensaciones excitantes o también necesarias en la supremacía de los placeres. Con pequeño nerviosismo aplaqué las teclas de mi celular, y utilicé los símbolos arábigos que me permitirían un contacto sonoro con esa entidad desconocida, con aquella humanidad esperada. Contestó con agrado a mi llamada, se entretuvo haciéndome bromas irreproducibles y se fijó en mi corpórea existencia (de manera anónima y oculta). De improviso me llamó a gritos pausados y me citó hacia el extremo de la calle, donde yo como borrego despistado me arrimé en forma rápida y abundante, para darme cuenta que otra vez me estaba haciendo bromas; siendo sincero, ya estaba al borde de la esquizofrenia, aún resaltando lo cómico de la escena.
* * *
Seguido a las bromas y al encanto del misterio, me llamaste a 5 metros para oficializar nuestra audiencia, para confirmar las ideas que durante el día repercutieron en nuestras afamadas consciencias, para escanear nuestra apariencia y perseguir atributos en la inmensidad de nuestras figuras, que haciendo una anotación relevante, son bien agradables, seres de aspecto agraciado y cautivador. Te concibo como una criatura llamativa, alegre, bonita, sugestiva, hermosa, fascinante (…) Conceptos algo mágicos para referenciarte en un solo vistazo.
Te saludé cortésmente, y acompañados de un silencio urbano, nos encaminamos a un horizonte desconocido, partimos hacia un destino irreparable, el viento nos condujo hacia una ruta estrecha, pero adornada de paisajes coloridos, además partimos cargados de finas acuarelas para poner en práctica nuestras artes y agasajarnos con aquello que deseemos vivir.
>Interesante...¡?
ResponderEliminar