
En la naturalidad de mis anhelos, un beso representa la magnificación de mis gustos y placeres, una elección compartida que amerita detalles irónicos y delicados. Donde cambia el color de mi piel, donde mis lágrimas desembocan con ímpetu y alegría, allí, en ese lugar, en ese espacio de belleza voluminosa, en esa húmeda estación de viajes dimensionales, en esa máquina de encanto que se contrae y se dilata, en esa síntesis sensitiva que se reverbera cada vez que te veo, cada vez que te llamo y te recuerdo, cada vez que descubro la fragilidad de mis rodillas y la inestable rigidez de mis músculos, en esas ocasiones donde busco calmar esta sed de cariño que me invade, esta necesidad que me ahoga y me desnutre; por eso mis labios se excitan cada vez que muero para la sociedad y nazco para reunirme contigo. Tú, que eres mi empatía, mi pasión, mi lujuria artística, mi ley y mi delito.
Por favor déjame contarte la reacción de mis labios cuando se enteran que pronto estarán conjugados en los tuyos, déjame interpretar y dramatizar la locura que se fomenta entre mis labios cuando en medio de mi nerviosismo, se apoderan de atrevimiento y dominación para moldearse según tus medidas. En mi cuerpo todo trascurre con una particular emoción, con una hegemonía radial que se acumula en mis ojos y se escapa por mis poros, una continua revelación térmica que arrebata cualquier limitación que exista sobre mis labios, sobre estas represas de ocio y rebeldía, sobre estos cultivos de ansiedad y rudeza.
Y como lo has notado, me es imposible esconder la verdad que se evidencia en cada tonalidad de mis labios, esa verdad que me califica como un seguidor y víctima de tu elocuencia. Mi personalidad y mis apetencias se reducen al actuar de dos cúmulos de carne, se limitan al baile seductor de estos dos compañeros salvajes. Hasta mis agonías y manías se debaten en la conspiración de estas dos bolsas tonificadas, en estos dos cuerpos pintados de un rojo ambicioso, en estos hermanos que reconocen su juego y se añaden a la lengua para repartir emoción y efervescencia, antojo y coherencia, violencia y serenidad.
Permíteme confesar que vivo para dar gusto y placer a mis labios, perdóname por aceptar que me encanta regodearme y agasajarme de amor cada vez que me adentro en la perfección de tus labios, esos que ahora creo míos. Castígame si en lo intrépido de mis acciones te busco con impaciencia, por favor acúsame si olvido dibujar mi esencia en los bordes de tu boca, por respeto a mi locura, sacúdeme si muero probando otros labios que no sean los tuyos, por amor, búscame como si fuese una guaca para encontrar riqueza y consuelo.
Discúlpame si hablo de más, si cuento y recuento, si grito y detallo lo acontecido, si narro que nos hemos besado un sábado, un martes… pero que todos estos días guardan el sabor a tus besos de lunes, tan cálidos y finos, tan sinceros y únicos, únicos, así como tú y yo, así como la belleza de una selva tropical, como la belleza de un arrecife coralino, como la nobleza de un recién nacido, así nos construyo, en algo tan indescriptiblemente maravilloso, que me agita y me relaja, que me estimula para afirmar que todos los ángeles y figuras celestiales se carcomen de envidia por nuestros besos, por nuestro sello, por nuestra libertad y nuestro orgullo.
Corrígeme si me equivoco al decir que tus besos, que nuestros besos de lunes son la gloria, son el auxilio a nuestras penumbras, son la lluvia sobre el desierto, son el alimento para el hambriento, son tus labios para los míos.
Uno tras otro, nuestros besos se pintan tímidos y ardientes, sólidos y rítmicos, honestos dentro de un atardecer colectivo, donde trascendemos hacia un horizonte relativo, compuesto de todos los colores, todos nuestros colores, de todos los buenos olores, y enmarcado por nuestros sabores y nuestras más afables melodías. Cada beso de lunes, es como acariciar una obra de arte, como presenciar un concierto de silvestres y finos intérpretes, cada beso es recrear un ambiente místico y fantástico, es poseer vida y poder saberlo.
just loved.
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