Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




martes, 22 de febrero de 2011

Apellido crónico


Perdóname…


No sé cómo ocurrió, simplemente mi cuerpo ha empezado a deteriorarse, el diagnostico no es favorable, y la angustia y el remordimiento demarcan la cara de un infectado. Nunca lo quise, quién podría querer lastimar a quien ama, quién podría renunciar al gozo de estar con su pareja. No existe justificación para el hecho, lo cierto es que mi confianza me ha engañado, y me ha doblegado ante un agente patógeno que crece entre mis entrañas y que viaja a través de mi torrente sanguíneo; cada una de mis células está infectada, y la medicina convencional es torpe en sus acciones, no hay remedio, no hay esperanza. Fui engañado por la aparente pulcritud de los cuerpos que en muchas noches fueron mi compañía. Estuve ciego al peligro, estuve expuesto al destierro y fui marcado como un animal, mi vida está sujeta al señalamiento. Ahora soy uno más, hago parte de aquellos que viven entre limitaciones, entre exigentes restricciones para prevenir contagiar a otros, para evitar que nuestra marca sea transmitida.


No hallo cómo enmendar el daño que posiblemente te he causado. Me siento frustrado al no impedir que mi horrible verdad sancione tu belleza. Perdóname, actué sin saber que mis besos poseían veneno, recorrí tu cuerpo ignorando que lo hacía con las manos y la piel manchada de muerte, erosioné y contaminé tus roles, y envejecí cada idea que tiernamente construíamos en la noche.


Lo atractivo y sutil que al desnudo me caracterizó alguna vez, ahora son un juego de impotencia y depresión, ahora son un baile entre lástima y debilidad. Ya no tengo oportunidad, no tengo valor, no poseo fuerzas para demostrarte que mancharte no fue algo intencional. Para ti soy un criminal, soy como un hongo que te asfixia y te corrompe, soy un portador de llanto y miseria, soy el génesis de una vida entre seis tablas.


En una ceremonia de duelo y remordimiento, la culpa me seduce y me fascina con su irritante mirada, me susurra al oído y me indica la salida, me dice por donde seguir, qué ruta tomar y cómo llegar… me consumo al saber que soy el causal de mi derrota, no hay tiempo ni perdón, no hay cielo, no hay sol, no hay vida, no hay razón… Ahora que te he perdido, entiendo que no hay forma de regresar en el tiempo. Los efectos de mis errores sólo tienen cabida en lo profundo de una tumba. Arroparme con varias capas de tierra será suficiente para ahogarme en compañía de mis traumas y desgracias.


¿Qué puedo hacer? ¿Qué te puedo decir? ¿Qué debo decir? ¿Qué debo o puedo sentir? Quizá solamente deba despedirme de mi madre, agradecerle y decirle lo mucho que la quiero… Despedirme de mis hermanos y mis amigos, de mis sueños y mis triunfos, de mi entorno, de mi estudio, de mi voz, y aún peor, creo que sólo debo pedirte perdón y despedirme sin mirarte a los ojos, porque tu mirada de odio y rechazo sería peor que la muerte.


Hoy los síntomas y la depresión me hacen hablar, he sido sincero, y espero que tomes las medidas pertinentes. Sería cínico pensar que merezco un último abrazo, pero confío en que mis huellas generen lecturas de paz y reflexión, y no despierten desconsuelo y decepción. Fui algo intrépido y travieso, pero ahora pago por dejarme hundir en la vagabundería y la promiscuidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Déjame una semillita.