
Han pasado decenas de días y noches, pero gracias a mi lujuriosa inocencia, he vivido las noches como si fuesen el día, y he vivido los días, bajo las tinieblas de una oscuridad incandescente. A veces me pregunto quién o, qué soy, sin encontrar respuesta o explicación alguna; en ocasiones estornudo gases de graciosa solidez, y defeco risas de absurda sincronía; el olor de mis mañas se disuelve en el tinto de mis tardes y, en las sopas de mis noches, mi alma nada para encontrar tierra firme.
Cuando recuesto mi cuerpo sobre la cama, surge un dolor desde mi pecho, una presión, un sentimiento de soledad, un concierto de melancolía que me agota y me seduce; lágrimas parten desde mis ojos, y recorren la imperfección de mi rostro hasta atarme a la cama. Quedo totalmente desarmado y condenado a una disputa existencial, donde la derrota o la victoria no tienen diferencia, pues ambas, son herramientas para construir placer o desconsuelo, son títulos de valor relativo y pasajero.
Bajo la custodia de mis lágrimas, sólo me es permitido mirar hacia el techo, ver el polvo y las telarañas, sólo me permiten reconocer la miseria en la palidez de una pared, sólo me es posible esconderme bajo la debilidad de mis pestañas. La gula, la pereza y la ignorancia, buscan trepar a través de las sábanas, para poder llegar al núcleo de mis emociones y contagiarme con su desdichada apatía, estas virtudes del vago, intentan llegar hasta mis aposentos, pero, las lágrimas, mis lágrimas, se ordenan y se distribuyen para proteger mi seriedad, y evitar que caiga en indigencia.
Después de unas horas, mis lágrimas ejercen presión sobre mi pecho, y como a una naranja se le es extraído el jugo, a mí, me constriñen hasta retirar cualquier gota de rencor o desdicha que posea. Bajo un protocolo algo excéntrico y quisquilloso, mis lágrimas me incendian con un fuego blanco, para quemar e incinerar cualquier residuo de petulancia o inutilidad que se encuentre entre mis depresiones. Soy cremado y renovado a la vez, soy expuesto a tortura y placer a la vez, soy capturado y liberado a la vez, soy criminal y víctima a la vez.
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