Hola ______, ¿Cómo estás? (...) Espero que muy, muy bien, como siempre.
Desde el momento en que bajé del carro, desde el preciso momento en que me enteré que habíamos llegado al final de nuestro recorrido, desde el instante en el cual me despedí (...) Desde ese momento te extraño, divago entre los incrédulos pavimentos de mi mente, donde veo imágenes, paisajes, y pequeñas esculturas, en las cuales se detalla cada beso que compartimos. Debo confesarte que quisiera, y más que eso, desearía transitar por aquellos caminos a los que concurren tus manos cada vez que te duchas, cuando enjabonas tu cuerpo y te recubres con una dichosa pulcritud que insulta a la rebeldía.
Me desplazo a la imaginación, para creer que estoy en el papel de una gota de agua, para tener justificación de acariciar tus poros, para excusar mi ligadura pasional a tu existencia. Sólo intento confiar en la posible saciedad virtual, de ver nuestros cuerpos desnudos, y que uno, al contemplar o vislumbrar al otro, se empañe en gusto y experiencia.
Me siento tan raro escribiéndote estas cosas, pero de nuevo, luzco este pensamiento que ronda por mi cabeza, quiero tenerte en frente, y besarte sin omitir comprensión alguna, sin desbastar la idea de revivir en tu respiración.
¿Y sabés una cosa?, tengo una fantasía, me gustaría ducharme en compañía tuya, y darte un abrazo correspondido.
Bueno, espero haber escrito una mínima parte de mis ideas. Considero que vernos prontamente, sería algo maravilloso,para abrazarte y practicar esos besos de trompeta.
Y como siempre, ¡Gracias!
Joseh Ace.
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