Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




domingo, 23 de enero de 2011

El poder de la cobija, de la mía o de la tuya…


Cómo detesto recostarme sobre mi cama y no poder conciliar el sueño, cómo odio ser tan caótico en las noches, cómo aborrezco que mis párpados superiores estén en discordia con los inferiores, cómo me aburro cuando no logro alcanzar un descanso pleno, cómo ansío que mi cobija aún me resguardara de la melancolía y la depresión.


Aún recuerdo cuando en las noches en que sólo me acompañaba la oscuridad, tú, mi cobija, estuviste allí cuidándome, protegiéndome de mis miedos, alejándome de lo desconocido y peligroso, fortaleciéndome y marcándome sobre un colchón de carácter hostil e inflexible. Es un recuerdo que repaso con gratitud, aquellas noches de lluvia en las que me brindaste calor y ternura, y aquellas noches de verano en donde aún con la temperatura al límite, yo no renunciaba a tu compañía y aún acalorado y todo, te extendía por todo el largo de mi cuerpo. Gracias, pues ocultaste mis llantos y secaste mis lágrimas, las recibiste con agrado y comprensión. Me abrazaste una y otra vez y te dejaste moldear por mis impredecibles movimientos en la cama.


De niño me empujaste a la risa y la serenidad, me apoyaste en los momentos de ahogo tras el temor y la curiosidad, pronunciaste conmigo todas las oraciones que dedicamos a nuestro señor, me cubriste cuando no deseaba que el sol arrimara a mi cara, y me escondiste cuando quería desaparecer tras algún episodio tortuoso… Definitivamente fuiste la defensora de mis frágiles necesidades, fuiste el filtro que me resguardó y sólo dejó pasar lo que necesitaba, sólo dejaste pasar ese elemento que me inspiraba, sólo dejaste pasar ese aire que garantizaba mi bienestar. Nuevamente gracias.


Como la más fuerte de las barreras, como la armadura más eficaz y delicada, así te recuerdo, tan comedida y versátil, tan poderosa y dominante frente a mis miedos, tan amorosa y coqueta, tan alegre que hacías de mis traumas un juego de chicles para masticar. No me cansaré de decirlo, ¡Gracias!


Pero ahora, después de dejar la niñez atrás, ya no te veo con los mismos ojos, ya no te percibo como la guardiana y protectora de antes, ahora sólo eres para mí un trapo más que cubre mi cuerpo para evitar que mi piel quede al descubierto. En ocasiones ni requiero de tus servicios. No existe más utilidad que usarte en las noches que se apagan con el frío. Esa es la verdad, ahora ese es tu significado, una porción de tela que me acompaña por simple tradición.


Reconozco que he cambiado pero, quiero hacerlo de nuevo, volver a distinguirte como esa muralla que me protege de los extraños, que me sostiene en armonía y que me calma cuando experimento angustia. Desearía que desaparecieras la obsesión y el estrés por los cuales estoy atravesando ahora, en verdad desearía que facilitaras las cosas, que hicieras de mis noches un espacio para el sueño y el relajamiento, y no una batalla contra el insomnio y la ansiedad. Regresa para que juntos reproduzcamos las noches en que con una sonrisa sellaba mis ojos confiado en tu buena voluntad para cuidarme.


No sé si aún puedas hacerlo, es decir, saciarme… colmarme de tranquilidad y armonía, de discreción y rectitud. Quiero que me susurres al oído una canción de cuna, para que pueda dormir y, para que mis músculos se relajen y pierdan el agotamiento que me ha dejado el pensar tanto en ella… En ella y en todas las que se han aprovechado de este cuerpo, que se han deleitado sexualmente de un vicioso ignorante. Recuérdame que aún poseo inocencia, dime que aún cuento con tu cariño, asegúrame que todo mejorará y que volveré a dormir, que volveremos a dormir como antes, como sólo tú y yo sabemos hacerlo.


Nunca te mancharé de sexo o vulgaridad, jamás habrá sangre sobre tus campos, no existirá desgracia sobre tus hilos. Todo estará en paz, todo estará como queremos que esté. Perdóname por haberte olvidado. Discúlpame por dejarte atrás como si no te quisiera. Sé que mi cuerpo está sucio y gastado, es evidente mi deterioro, ahora que esa mujer me ha desboronado, sólo puedo pensar en cómo enmendar el daño que yo mismo me he causado, y te confieso que sólo puedo lograrlo con tu ayuda, solamente es factible solucionar mi patología si me aceptas de nuevo. Si me envuelves en tu cuerpo y me sumerges en la literatura de Morfeo.

1 comentario:

  1. Me gusto bastante este escrito, y ademas es muy cierto no hay como la cobija, la fiel compañera y el mejor arrullo en las noches, comprendo que se siente no poder dormir, por estar atado a pensamientos obsesivos sobre otro ser humano, es tan desagradable que por una persona uno pueda perder la dicha de descansar como un niño otra vez, esas son las grandes ventajas de la infancia la vida se vive sin preocupaciones.... solo se vive.

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