
Al interior de una ciudad, se levantan estructuras de visión desordenada, de estética y redundancia económica, de ahogo y desahogo estridente. Bajo la tierra que hoy ya es asfalto, se encuentran las ruinas y el éxito de un ambiente que fue próspero hasta que la extinción y civilización del ser al que hoy llamamos hombre, se fundió con el carbón de sus raíces en el rojo de una hoguera.
El negro orgánico de una memorable epifanía fue escondido bajo el gris oscuro de una tela rígida y masoquista, bajo la cortesía de otra madre que hoy sostiene a los transeúntes que viven en la indiferencia, a los cuerpos que están alejados de sus almas, y a las almas que lloran para poder ganarse o poseer un cuerpo.
La tierra no discrimina, la tierra no reprocha ni se queja; ella sólo acepta y contempla en silencio la destrucción de sus entrañas, acude a nuestras necesidades y sacia nuestras ambiciones, no cobra un precio justo, sólo aporta sin recibir algo bueno a cambio. No hay reciprocidad en nuestra relación, no somos justos o tolerantes, no calculamos nuestra mierda, y simplemente carcomemos la serenidad de un vientre noble.
Esta madre clama gratitud, clama decencia y respeto; se desdobla en busca de responsabilidad y fidelidad, se contrae y se dilata para minimizar el dolor que le deja la tala y la excavación, la succión y la inyección. A diario soporta las atrocidades que se confabulan entre sus extremidades, las masacres y los destierros anómalos y patológicos… Siente como su sangre es contaminada o extraída para satisfacer y agilizar la creación de viscosidades y olores repugnantes, que posteriormente serán vertidos sobre sus venas como un castigo a su diligencia y su servicio.
Como bestias sin control sobre sus esfínteres, así parecemos, tan sucios y cotidianos, tan descarados y sínicos, tan infra gantes como un ladrón en un plaza pública, tan osados y malignos como una caries sobre el blanco de nuestros atrevidos colmillos.
Sé que en las noches en este cielo apestado de luces artificiales, ella se trasnocha buscando alguna llave que la acerque al poder, pues sabe que ese día vendrá… Cuando sus dulces hijos a ella regresen con humildad y abandonen el campo de batalla donde edifican sus miserias. Nunca su odio ha sido tan fatal como para desmoronar sus esperanzas. Sí, alguien la ayudará, sólo debe saber reconocerlo, paseando su vista por la intimidad de un bosque virgen, sólo allí encontrará la magia que al igual que el mal, siempre existió, para equilibrar la armonía entre los seres. Su sueño es devolver el sueño de aquél que juró siempre amar, recobrar y reencontrar la razón de nuestras intrépidas e irrelevantes vidas.
Hay palabras que nunca se han olvidado, y promesas que nunca serán una realidad, detrás de una pared se convertirán en amistades del destierro y el olvido. Entre la carroña y el ponche, la veracidad de nuestras acciones se convierte en chistes antipáticos que solamente desvirtúan la intención hipócrita de sonreír para vender imagen.
En las angustias de esta tierra, se ven reflejadas todas nuestras cagadas, todas y cada una de nuestras estupideces y rebeliones absurdas, ella no quiere seguir jugando a lo inadmisible, besar las plantas de unos pies desagradecidos y traviesos. Multiplicar los beneficios que deja el destino, es una tarea que agota y deprime, la muerte es una cuota que se debe recibir cuando se está en proceso de cambio, el desplazamiento de nuestros intereses es un hecho y, el entregar sus talentos al enemigo, también es un hecho que merece meditación y reflexión.
Ella nos presta sus alas, a veces sin advertencia alguna, sin limitaciones o intereses, vivir es una tarea que algunos vemos un tanto difícil, pero es por nuestra desnaturalización, por nuestra irremediable destrucción genital, por nuestro egocentrismo campirano y popular. Supongo que no tengo respuesta a las preguntas que arroja el mal estado de nuestra madre tierra, pero cuando nadie lo ve, sus emociones son exteriorizadas a través de la belleza de sus campos, la inocencia de una masa terrenal absolutamente santa y solidaria. Puedo hacer o no hacer… Pero, como dice Paz Martínez: “cuando yo te abrazo, no te abrazo solo, te abraza conmigo una eternidad, te abrazan los valles, las montañas y los vientos, las barras del campo y el olor del pan…”
Increíble, genial, asombroso, fascinante, espectacular, maravilloso, EXCELENTE.
ResponderEliminarFelicitaciones, me gusta que toques otro tipo de temáticas, y esta sobre la naturaleza fue la mejor, es un texto muy reflexivo muy interesante y muy realista, genera muchas preguntas sobre como estamos tratando el lugar donde habitamos.
Muy buen escrito, uno de los mejores, Me encanto.