
Una a una van llegando, tan elegantes y respingadas, tan decorosas y humildes, que se van acomodando en cualquier lugarcillo, se posan sobre cualquier superficie, y lo que es más apreciable, es que si por algún motivo o descuido, llego a matar a alguna de ellas, inmediatamente será reemplazada por otras cinco señoritas, es decir que al acabar con una, me enviarán un número mayor para compensar la ausencia de la dama.
Se hacen tan dichosamente detestables, que es totalmente aceptable armarse de varias hojas de periódico para enjuiciarlas y sentenciarlas a muerte. Una manera poco civilizada de hacerlo, aunque de vez en cuando, hay espacio para uno u otro insecticida.
Estas chicas se hacen las rebeldes, revolotean y cagan por doquier, meten sus patas y la asquerosidad de sus alas en todas partes, se funden entre la comida y la condimentan de tal forma, que nos hacen indignos de probarla. Son atletas aéreas, y por tanto, expertas en las artes de la aerodinámica, razón por la cual transitan con tanta facilidad por la cocina, el baño, la sala, el lavadero, el patio, etc. Y además también son hábiles para el aterrizaje, se posan en ollas, panes, carne, sobre mi rostro, en mi cabello, mis manos, mi cuerpo, mi sopa, mis bebidas, mis residuos, mis otros residuos, y mis otros últimos residuos… Lo peor es que cuando estamos en temporada de moscas, estas HP’s me acompañan hasta la intimidad de mis orgasmos, y también en la ducha, en el almuerzo, en la siesta, en la charla… Se hacen omnipotentes, y las desgraciadas resultan siendo también pervertidas, morbosas y descaradas. Al ducharme están allí, al intentar descargarme de material que mi cuerpo ya no necesita, están allí, cuando me visto o me desvisto, están allí, cuando hago lo que hago, están allí, y cuando hago lo que nadie cree o sospecha que hago, están allí. ¡Inmundas y atrevidaaaaaaaaaaaas!
O nos persiguen, o nosotros las perseguimos (con un papel enrolladlo), así pasamos el día cuando ellas llegan a nuestra vivienda, una visita algo fastidiosa. Aunque no existe nada más aterrador que sentirlas cerca, pero sin poder visualizarlas, es decir, sabemos que están alrededor, aleteando, comiendo y cagando, pero no las vemos, se esconden en la oscuridad. Sí, cuando estamos próximos a dormir en la noche, ellas aparecen de entre las cortinas o las puertas, se manifiestan como alma en pena, nos acechan y nos molestan con su incesante manoseo. Nos besan, y sobre nosotros defecan, nos acarician con el mugre de sus patas, y nos contemplan con un zumbido sádico y estresante; son verdaderamente ansiosas e impacientes.
Todos, creo yo, hemos tenido contacto íntimo o al menos físico con estas coquetas, pues, confío en que ellas se habrán posado sobre casi todo el volumen de nuestra piel, y también habrán utilizado nuestras prendas y herramientas más íntimas. Al colgar la ropa en el tendedero, ellas marcan nuestras prendas, y nosotros al estar ausentes, ellas se habrán revolcado en las cerdas de nuestros cepillos dentales, a eso viene el sabor a menta (jajaja).
Nuestras trampas parecen insuficientes para tan avanzada agilidad, estas señoritas son increíblemente astutas, tanto así, que pueden hacer y deshacer sobre nosotros y, sólo nos damos cuenta cuando todo ha terminado. Son esquivas a nuestras sofisticadas envolturas de papel periódico (el matamoscas más popular), e irrefutablemente más rápidas que el ojo humano. Entre una bestia peluda, rabiosa, de dos metros, y una mosca, creo que le temo más a la mosca, pues ésta, trae a cuestas una amenaza impredecible: infecciones, virus, parásitos, etc.
Pero bueno, cabe añadir, que en esta soledad ellas son mi más cercana compañía, y aún con su molesta presencia las respeto. Gracias por su incondicional compañía, y gracias por escucharme y, aceptar mis bobadas.
jejeje... me gustó mucho éste escrito. Me encanta la forma en que describes las cosas en cada uno de ellos. Hiciste ver en algo que creo que a todo el mundo le fastidia, un toquecito de gracia que le hace dar sentido a éste escrito... Muy chévere todo, me divertí y disfruté mucho al leerlo. Te felicito.
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