Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




domingo, 17 de octubre de 2010

Hasta el nombre es erógeno


Mónica, una señorita tímida y sutil, un hermoso trago de inocencia y rebeldía, una mujer de inconfundibles e inflexibles principios; ella, es una joven atractiva e inconscientemente coqueta, es una picardía involuntaria que se acumula en finas geometrías, en una estatura de reina, y en una voz angelical y melodiosa. Mónica es un lienzo donde se encuentra dibujado el sobrio latir de sus apetencias y deseos, además, ella se debate en elogios que vagamente se superponen a sus pensamientos como ideas peyorativas, tal y como si un demente extendiera su verborrea sobre las frágiles mezquindades de su existencia. Un pansexualismo se reintegra a sus estéticas autonomías, y éste, hace que un sin fin de emociones se explayen sobre la delicada perfección de sus pómulos. Mil y una manifestaciones de cordura esquizofrénica se adhieren a sus vergonzosos sorbos de nostalgia por algo que aún ni piensa en suceder.



Definitivamente es necesario ahondar en la inherente necesidad de vida que aqueja a esta señorita. La necesidad de convertirse en una mujerzuela, en una controversial y reconocida figura complaciente; la necesidad de aterrizar en las abstracciones de un naufragio para relucir como sirena y aplacar el deseo del género opuesto. La incontenible redacción de un evento majestuoso y sabroso, de un acontecimiento delirante y ardiente; un rememorar de acciones ajenas, de actividades colectivas que son censuradas y maquilladas, verdaderas elongaciones de placer y desventura.



La vigorosa narrativa descrita por sus empolvados menesteres bibliográficos, es un realismo que supone revolución y que además, adormece las fóbicas obstrucciones de sus desdichados complejos morales. El trauma paranoico al cual se reduce Mónica, es un paso latente hacia la expresión de sus ideales reprimidos, hacia su gusto exhibicionista y hacia sus exigentes fetiches selectivos. Entonces, es así como poco a poco, con una simple introspección o apropiación, Mónica, compadece ante sus guerras y se paraliza ante la parvedad se sus prejuicios, pero entre su urgencia por renacer en un vestido de telas poco recatadas, ella modifica sus encantos, y trasciende como un ente de servicio, como un marañón de satisfacción autoconstruida, delimitándose en ofrecimientos de satisfacción carnal y térmica.



Mónica, redimiéndose a sus sombrías peticiones, se descara en un egoísmo libido y cauteloso, sarcástico y excitante, sensual y caprichoso, cómodo y resplandeciente, lujurioso y respetuoso. Mónica encuentra un objetivo, un sueño trasero a sus vínculos sociales, oscuro y desenfocado a sus infantiles ironías. Ella interviene en sus juegos pecaminosos y se arroja hacia una expedición de éxtasis y efervescencia. Mónica estando desnuda frente al espejo, experimenta esa satisfacción incandescente y desbordante, tras acariciar con su vista la relativa divinidad de sus entrepiernas, de sus pechos caudalosos y voluminosos, tras reparar en la finura y la elitista silueta de su cuerpo… Un yacimiento de fortuna y morbosidad, una mina de gloria y licor metafórico, una guaca de infinitas pasiones, un planisferio de gula y desmesura, de regocijo y precocidad.



Mónica se define a ella misma como un cascabel silencioso, como un llamado al poder errático en las fuerzas de los machos. Ella se llena de propuestas, categoriza sus ideas en alianzas prematuras, se envuelve en un lenguaje de doble sentido, se reviste con ropas insinuantes, dejando a la vista la densidad de sus fronteras, dejando a la imaginación un posible tráfico de caricias, de manoseos y regodeos.



Esta mujercita, que ahora es mujerzuela, se convierte en musa de inspiración y perversión. De su atractivo cuerpo surge una sigilosa bestia que debutará en un gran escenario, y lo hará personificando el papel de quien quiso ser y ahora será; manejando una malicia encantadora, disfrazándose de diva en un festival de deseos y fogosidad aleatoria.



La dicha y la cortesía son engendradas del hedonismo sonriente de Mónica, sus agraciadas posturas, se articulan para exteriorizar representaciones de complacencia y erotismo descomunal. La soledad de su intimidad se ve violada por la agresividad de sus pensamientos, formalizando así, un nacimiento de irreverencia y actividad instintiva, de ganas y de métodos para satisfacer esas ganas.

1 comentario:

  1. interesante pasion desenfrenada
    llamativa narrativa de energia libidinal
    vuelve el imaginar un orgasmo descomunal
    a aquella mujerzuela por tu mente ilusionada

    has de perdonar si injuria he de causar
    al hoy querer juzgar tu escrito de cacofonico sonar
    y la tautologia es constante en tu narrar
    aunque el imaginar es objeto de tu inspirar

    pero aun con un tautologico sentir
    se hace interesante la elocuencia al escribir
    al usar gran repertorio de palabras para describir
    a una mujer cuyas pulsiones no ha de inhibir

    iniciado soy en el arte de la letra
    como explorador en mundo nuevo vago sobre el
    admirar quiero hoy a tu estilo y tu plectro
    e invitarte a mi mundo de poetico espectro...

    Sentimientopoeta.blogspot.com
    lascronicasdeosagha.blogspot.co.

    ResponderEliminar

Déjame una semillita.