Nuestras particularidades íntimas son la imagen desnuda del elocuente prestigio del ser como individuo pálido e insatisfecho. ¿?...un capricho necesario, trágico…Pero cómodo.




sábado, 9 de octubre de 2010

En la dualidad de lo invisible


No tengo idea de qué hacer con este cabello, no preciso armonía entre mi blanco uniforme y el bronceado de mis manos; este puesto de enfermera me está carcomiendo, me está desinflando entre pequeños punzones de nostalgia, ¿cómo podré reconocer serenidad en la fatídica y trágica reverencia de infelicidad que se apaña entre mis defectos? ¿Porqué no consigo desgastar esta cara emotiva y sensible que se arrastra en cada desacierto?, ¿cuándo lograré desafiar a la inocente y sombría estupidez de mis gustos?, ¿dónde encontraré síntesis a la sonrisa teatral de mis necesidades? No es admisible arrodillarse para argumentar la prevalencia de una relación patética, fúnebre, luctuosa e indiscutiblemente penosa.



Sólo faltan unos pocos minutos para que te pierda eternamente de vista, para que amplíes la distancia física que aún no existía, para que construyas una brecha entre tu vida y la mía, sólo hace falta respirar y suspirar unas cuantas veces más, antes de que fluyas entre la realidad de tus conceptos. Partirás para encontrarte, partirás dejándome apocalípticamente castrada, huirás para enseñarme que soy endeble y fastidiosa, te alejarás para demostrarme que la sinceridad de mis palabras es sólo un delirio infantil, una burla a la madurez y a la codicia.



Mi cara parece una selva, tan llena de colores, tan ansiosa de mezclas y placeres, tan fálica y coqueta, tan mundana y caprichosa, tan maquillada y contaminada, tan carente de vida, tan olvidada por tus besos, tan odiada por tus ojos, tan invisible en medio de este mar de iguales. Lo más frustrante es que en este terminal de trasportes, los baños son una reclusión de olores, y éste no es la excepción; mi depresión se ve plagada de sustancias no ajenas a sus tonalidades, se contorsiona libremente entre las explayadas suciedades de estas paredes, se delinea frente al espejo, y se enmarca en la húmeda rebeldía del piso. Pero, ¿qué se supone que haga, qué posibilidad tengo de verte y no llorar, de sonreír y no quemarme por dentro?, ¿qué opción tengo?, ¿qué posición tomarán mis ojos al ver que desertas y te embarcas en brazos distintos a los míos? … ¿aplaudiré mi desconsuelo y me redimiré a soledad y controversia?, no, nada puede salir mal, esto no puede evidenciar mi prolongado sufrimiento, no puedo dejar que mis ojos luzcan el deterioro que poseo, aplacaré cualquier insinuación de cobardía y debilidad, confinaré mi dolor en una represión intransigente, rebuscaré una máscara de alegría entre las empolvadas ideas del pasado, y ahogaré tus palabras entre el bullicio y la revuelta.



Esta pestañina me desorienta, me anima e induce al sufragio, me invita a subastar mis atributos, me despierta entre la sobriedad de mis lamentos, me condiciona y me esconde en la mentira, se corre y me corrompe de ansiedad. Busco esperanza entre la intimidad de mis senos, entre la femineidad de mi júbilo, entre lo erótico de mis formas; busco alegría entre la discrepancia de mis compromisos, entre el aplacamiento de mis imperfectos, entre las telas que me cubren, entre los colores de mi bolso, entre la sensualidad de mi labial, entre la rigidez de mi peinado, entre el verde de mi ojos.



* * *



Al aplicarme la última capa de maquillaje, me doy cuenta de mi error, de mi estupidez emocional, de mi conflicto, de mi absurdo monólogo, de las innumerables necedades que me han poseído, ahora soy consciente de la pendejada de mis voces, percibo inapetencia en mis oídos y enfermedad en mis discursos, ahora comprendo mi desatino amoroso.



Me acerco al bus, y te veo sentada junto a la ventana, tan seria, tan ignorante de mi dolor, tan sínica y hermosa, tan simple y perfecta; ¡por dios!, sorpréndeme con un abrazo, libérate de ese orgullo maldito y trágame con un último beso, con una caricia sin remedios, con un orgasmo repentino… hállame encantada entre tus manos, encuéntrame distante a la nostalgia, y déjame herida y satisfecha.



Sé que si quisiera gritar, gritaría, que si deseara llorar, lloraría, que si debiera golpearte, me mordería los labios y amarraría mis manos, si tuviera que odiarte, moriría, si te dejara de amar, me alegraría, y si nos despidiéramos con un simple “adiós” perseguiría a ese vehículo hasta perderlo de vista. Hasta cansar mis músculos y recostarme en medio de la calle, hasta suspender esta ligadura y retratarla en el pavimento para que se deteriore con el paso de los carros.



Me identifico como una mujer amante a otra mujer, dependiente de otra hembra, aprendiz de la poetisa Safo, e hija de la isla de Lesbos, practicante del tribadismo y orgullosa de ello. Fuimos un par de niñas jugando a quererse, en la obscuridad y la luz, donde iniciamos una danza de cortejo y traición. Lo más probable es que al reencontrarnos, nos descubramos llenas de hijos, y sujetas a un par de esposos inocentes a nuestras prácitcas.



Vete ya, emprende ese viaje de falsedad y represión, aléjate para aceptar que eres tan indecisa como yo, atrévete a comprobar que eres amante al reflejo de tu cuerpo y al cabello de tu iguales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Déjame una semillita.